El primer día del Festival CompArte por la Humanidad 2018, en el caracol de Morelia, zona tzoj choj del territorio rebelde, lxs zapatistas salvaron al mundo con una inyección. Y así, entre las risas que la actuación de las y los artistas zapatistas provocó, surgió entre nosotrxs la pregunta: ¿Qué poción, qué fórmula, qué elementos curativos contendría la sustancia verde color de esperanza que llenó la gran jeringa zapatista? Y más: ¿Cuál fue la enfermedad que el análisis del gran colectivo de salud autónoma ha venido diagnosticando tras años (¿décadas? ¿siglos?) de pacientes estudios?

Para ambas preguntas encontramos, si no respuestas definitivas, pistas contundentes en los recientes semilleros/comparticiones zapatistas y en los dos eventos que tuvieron lugar del 2 al 9 de agosto de 2018 en ese gran espacio del caracol de Morelia, construido originalmente para recibir al Concejo Indígena de Gobierno (CIG) y a su vocera Marichuy al inicio de su gira por el país en octubre de 2017, y que desde entonces albergó el Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan en marzo de 2018 y, ahora, el encuentro nacional de Redes de Apoyo al CIG y la tercera edición del festival CompArte por la Humanidad.

De enfermedades terminales

Desde hace ya tiempo el zapatismo viene anunciando lo que en su momento llamó la tormenta y que ahora (ahora que la tormenta está aquí) entendemos como el colapso, el apocalipsis, la enfermedad terminal del sistema. En la plenaria del encuentro de redes de apoyo al CIG el 5 de agosto, la Comandancia General del EZLN, en voz del Subcomandante Galeano, enumeró los principales ejes de dicha enfermedad terminal: la crisis ambiental, que a todas vistas nos está conduciendo a un colapso a nivel planetario; las migraciones de poblaciones que para el sistema son descartables, y que buscan alguna forma para sobrevivir; y el agotamiento de los recursos. Ante esto, lo que se observa es un repliegue antiglobalización conducido por la derecha mundial, por medio del cual el centro intenta crear islas (protegidas por muros físicos y virtuales) donde salvaguardarse de dicho colapso planetario. Para tal, el Estado se convierte en un estorbo cuya única utilidad es garantizar la seguridad para el capital, por medio sobre todo, aunque no exclusivamente, de la violencia.

Palabras del EZLN en la plenaria del encuentro de redes de apoyo al CIG: (Descarga aquí)   

Este panorama, que abordamos aquí muy superficialmente, nos está conduciendo a una situación desesperada de lucha por la supervivencia, ante el despojo y el desplazamiento de poblaciones enteras por la voracidad del capital, que intenta acaparar los recursos planetarios en vías de agotamiento. Y quién mejor para dar testimonio de dicho despojo que los pueblos originarios, que viven justamente en los territorios donde se encuentran los recursos en disputa y que, además, han sido y continúan siendo poblaciones consideradas desechables o, como dijo el Sup Galeano, los “no natos”: nacen y mueren y a nadie le importa.

La valoración zapatista de la enfermedad terminal que vivimos a nivel mundial, expresada de muchas formas en los diversos encuentros y semilleros de pensamiento crítico y, de forma más lúdica, en las obras presentadas durante el CompArte, son apocalípticas. Pero el Apocalipsis, como dijo el Sup Galeano el pasado 23 de abril, no es el fin del mundo, sino el fin del sistema. La jeringa zapatista contendría, entonces, si no la cura de la enfermedad, las semillas que habrán de florecer entre las ruinas de un sistema que llega a su fin.

 

¿Se puede reír y bailar bajo la tormenta?

Casi todos los días del CompArte, en algún momento de la tarde, un diluvio apocalíptico descendía sobre el caracol de Morelia, interrumpiendo los trabajos y forzando a los presentes a resguardarse donde pudieran. Y entonces, en los templetes, al lado, abajo, en los galerones que servían de hospedaje para los que llegaron de otras geografías, en cualquier lado donde fuera posible más o menos protegerse de la tempestad, surgían grupos espontáneos de músicos –raperos, trovadores, soneros– y demás artistas, que transformaban el diluvio en razón para compartir, cantar, bailar, reír, convivir. Esos momentos se convirtieron así en símbolo de lo que la vida puede… el florecer de la alegre rebeldía, pase lo que pase.

La alegre rebeldía: así se podría quizás resumir el sentido más palpable de esta tercera edición del CompArte, tan diferente de las anteriores. La festividad, la celebración de la vida y de la lucha, que en realidad son lo mismo, el palpitar de un colectivo de zapatistas y no zapatistas compartiendo no la esperanza que espera, sino la que mueve, la que lucha, la que continúa festiva con todo en contra.

 

¿Otro mundo es posible?

Hace poco leí una crítica de Slavoj Žižek sobre la forma como esa pregunta, planteada en los foros sociales, ha servido para domesticar a los movimientos de izquierda, encuadrándolos dentro de la lógica hegemónica que devora, digiere y metaboliza el propio discurso de la resistencia para sus propios fines. Su argumento no deja de tener cierto fundamento, y sin embargo me parece que el pensador esloveno no ha estado en territorio zapatista.

Durante el CompArte se celebró también el 15 aniversario de la creación de los caracoles y de las Juntas de Buen Gobierno, la base para todo el proyecto de autonomía de las comunidades zapatistas. Obras de teatro, canciones, bailables y poemas nos invitaron a un viaje de la memoria para recorrer el camino desde la vida en las fincas, pasando por el levantamiento armado de 1994, hasta la fundación de los caracoles, la creación de la educación y la salud autónomas, la justicia propia, el gobierno propio. Todo esto contrastado con el proceso electoral que acabamos de presenciar hace poco más de un mes y todo el sistema de partidos políticos, la mal llamada corrupción, que no es más que la cara visible de un Estado indistinguible del crimen organizado, y la dominación del capital. Allí, en el caracol de Morelia, en ese festival de creatividades y en esa explosión de alegre rebeldía, la pregunta ya no era pregunta: era afirmación.

 

La insurrección de la memoria

En buena parte de las obras, tanto zapatistas como no zapatistas, la memoria figuró como eje central. Recordar para caminar. Recordar a las muertas de Juárez, en “Mujeres de arena“, la obra montada por la compañía de teatro de la UAM Cuajimalpa. Recordar la violencia de los finqueros, las violaciones, el derecho de pernada, la esclavitud a la que fueron sometidas las y los abuelos, en las muchas obras zapatistas. Recordar a los ancianos y el sentido colectivo del son y del fandango en Veracruz, en el documental presentado por el colectivo Altepe. Recordar el esfuerzo, la sangre y el impulso de vida de los ahora abuelos de la clandestinidad zapatista. Recordar a los masacrados de Canudos y la lucha de Lampião en Brasil, en el audiovisual “Ritos de paso” presentados por Urucum Artes Colaborativas. Recordar la historia del CNI, en el cortometraje de Koman Ilel. Recordar a lxs desplazadxs de Los Altos de Chiapas desde finales del año pasado, que, aunque muchos continúan a la intemperie, parecen ya haber caído en el olvido. Recordar y reinterpretar el pasado, en las muchas obras de artes plásticas, zapatistas y no. Recordar para caminar. Caminar hacia adelante mirando hacia atrás.

Un encuentro entre generaciones

Imposible ignorar el hecho de que la gran mayoría de las y los actores zapatistas son jóvenes que nacieron y crecieron dentro del zapatismo, que no conocieron la violencia de las fincas, el racismo de la educación pública, el descaso criminal de la salud oficial. Y sin embargo no deja de sorprender la insistencia con la que vuelve, una y otra vez, el tema de la libertad. Porque los jóvenes, aunque no lo vivieron, recuerdan los tiempos de la esclavitud a través de la memoria de los abuelos. Recuerdan lo que no vivieron, y en la cocción de esa poción curativa que inyectan al mundo, mezclan esa memoria con la vitalidad y el fervor de su juventud. Los jóvenes raperos de los cinco caracoles que participaron con Van-T de Magisterio el último día del CompArte, ante un público mayoritariamente también de jóvenes zapatistas movidos al éxtasis ya no por los tradicionales corridos, sino por la cadencia sincopada del hip-hop, hablaron en sus rimas de la memoria, de los siete principios del mandar obedeciendo, de la fundación de los caracoles, de la vida como lucha, resistencia y rebeldía, del valor de los abuelos que hicieron que sus vidas pudieran ser lo que son: “cosa más dura la clandestinidad”…

Raperos de los cinco caracoles con Van-T – “Luchen”: (Descarga aquí)  

Mirar y escuchar a esos jóvenes es entender la dinámica de una tradición en movimiento, la renovación generacional que no es ruptura, sino un presente que se lanza al futuro con los pies firmemente plantados en el pasado y en el respeto por una larga trayectoria de lucha que da sentido a su propio caminar.

 

Compañera zapatista

“Compañera zapatista / cuando te miro pasar / se estremece el corazón / de ver tanta dignidad”. Así cantó Lengualerta en su reinterpretación de “La del moño colorado” en el “batidillo musical” que cerró el CompArte la noche del 9 de agosto, con la inolvidable imagen de tres grandes templetes repletos de cientos de músicos zapatistas tocando juntos. Una imagen que permanecerá indeleble en la memoria de quienes tuvimos la suerte de poder presenciarla, la expresión máxima de la alegre rebeldía que durante cuatro días compartimos.

“La del moño colorado”: (Descarga aquí)  

Y qué mejor que “la del moño colorado” se convirtiera en “compañera zapatista” y “la del paliacate rojo”, pues en esos días las mujeres zapatistas nos mostraron cuánto ha cambiado su realidad. En las artes plásticas, en las obras de teatro, en los bailables, en las canciones, la mujer zapatista se hizo presente con una libertad inusitada, con alegre irreverencia, con coqueta sensualidad. Para quienes hemos acompañado el caminar zapatista desde hace ya algunos años, los cambios en las jóvenes rebeldes son más que evidentes. En una de las obras de teatro, la promotora de salud pregunta a una paciente si es casada o soltera. “Unión libre, compañera”, responde la paciente, y las mujeres del público aplauden. Y cuando la promotora anuncia que está embarazada, la paciente bromea: “¡por obra del espíritu Pancho!”

 

Jugar al gato con el gatoperro

El último día del CompArte, antes de que los raperos tomaran por asalto el caracol de Morelia, aparecieron en escena el Comandante Zebedeo, el Sup Moisés, el Sup Galeano, las niñas Defensa Zapatista con el gatoperro y Esperanza Zapatista con su osito de peluche, y los niños Pablito y Pedrito. En el cuento leído por el Sup Galeano, la disputa feroz por lo que al parecer sería la última mantecada del sureste mexicano la ganan los niños cuando el gatoperro desafía al Sup a una partida de “gato”. Cuando al parecer todo está perdido (todas las casillas están llenas, hay empate y, según las reglas acordadas, la mantecada le tocaría al Sup), el gatoperro traza un nuevo espacio en el tablero y marca una X, ganando así la partida.

“La última mantecada en el sureste mexicano”: (Descarga aquí)