Publicado originalmente en Excelsior.

La película francesa Monsieur Batignole (Los niños del señor Batiñol) muy recomendable, narra la historia de Francia en plena segunda Guerra Mundial, donde los bienes de los judíos eran confiscados para los colaboracionistas franceses con los nazis (en todas las historias humanas, por desgracia, siempre hay traidores, hasta en las mexicanas). Es el caso, que un médico judío y su familia, fueron despojados de un departamento ocupado, posteriormente, por los que dieron información sobre ellos a los nazis, el suegro del colaboracionista fue el señor Batiñol, quien siempre se opuso a delatar. Los hijos de ese matrimonio judío lograron escapar de sus captores y regresan a su casa, pero se encuentran con que está ocupada; el señor Batiñol los esconde en el ático, les da alimento y los cuida, escondiéndolos de su propia familia y de los nazis. Los logra sacar de Francia a ellos y a otros niños más, llevándolos a Suiza para salvarles la vida. Es una historia poco melancólica y, sí, muy esperanzadora sobre el destino que millones de niños sufrieron y sufren en guerras.

La UNICEF declaró el 20 de noviembre (1959), el Día de la Infancia, (México no lo adoptó porque ese día se festeja la Revolución Mexicana) cuando los países miembros de las Naciones Unidas aprobaron la Declaración de los Derechos del Niño, con diez principios:

1. El derecho a la igualdad, sin distinción de raza, religión o nacionalidad.

2. El derecho a tener una protección especial para el desarrollo físico, mental y social del niño.

3. El derecho a un nombre y a una nacionalidad desde su nacimiento.

4. El derecho a una alimentación, vivienda y atención médicas adecuadas.

5. El derecho a una educación y a un tratamiento especial para aquellos niños que sufren alguna discapacidad mental o física.

6. El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad.

7. El derecho a actividades recreativas y a una educación gratuita.

8. El derecho a estar entre los primeros en recibir ayuda en cualquier circunstancia.

9. El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.

10. El derecho a ser criado con un espíritu de comprensión, tolerancia, amistad entre los pueblos y hermandad universal.

Álvaro Obregón, siendo presidente de México, firmó el acuerdo mediante el cual se reconocía los derechos de los niños a nivel mundial el 30 de abril de 1924. Pero aunque parezca aguafiestas, no hay nada que festejar, hoy México tiene una gran deuda con sus niños, aquellos que siguen sin poder estudiar, sin acceso a la salud, que son objeto de explotación laboral o, peor, sexual, los que viven en extrema pobreza, los que todavía mueren por desnutrición o por causa de la violencia desbordada, o usados por el crimen organizado.

En el año 2000, se expidió la primera e insuficiente Ley de Derechos de las Niñas y los Niños, esa ley fue derogada y sustituida por la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, siendo su última modificación el pasado 9 de febrero.

Hay voces que proponen desaparecer las casas de asistencia privada que hoy cubren la abismal y ausente responsabilidad del Estado mexicano. Los activos asegurados a delincuentes por el gobierno deberían ser destinados por ley, prioritariamente a la beneficencia pública que ha velado por generaciones de niños y comunidades vulnerables; es inaudito que se mantengan de la misericordia, habiendo casos de corrupción multimillonarios y que a la fecha no se haya recuperado lo arrebatado a los mexicanos por malos gobiernos.

Como obligación social tendríamos que cerrar filas en torno a quienes hoy salvan generaciones de mexicanos como la Dra. Cecilia Blanchet Pezet, presidenta de la Asociación Ministerios de Amor A.C. (ministeriosdeamor.org), que recién cumplió 30 años de actividades ininterrumpidas, ellos que viven de donativos, mantienen a poco menos de 500 menores, ahí duermen, comen, tienen acceso a salud, estudian y son mexicanos rescatados, ellos no son los niños de nadie, SON LOS NIÑOS DE TODOS.