“Pueden ser las elecciones más importantes en nuestras vidas”, sentenció el viernes pasado el expresidente norteamericano Barack Obama en un mitin electoral en Atlanta, para dimensionar lo que está en juego en los comicios de este 6 de noviembre. Están en juego 435 escaños de la Cámara de Representantes; 35 escaños en el Senado y 36 gubernaturas y algo mucho más importante: frenar el creciente autoritarismo irrefrenable de Trump.

Después de año y medio de mantener un estratégico silencio, el primer presidente afroamericano de Estados Unidos decidió volver a la escena para enfrentar directamente a un imparable Donald Trump que hace todo para polarizar y lograr que su “voto duro” le dé un contundente triunfo en los comicios de este martes.

La reaparición de Obama pretende llenar el vacío de liderazgos en el Partido Demócrata, ante la andanada de ataques de los simpatizantes de Trump y del propio magnate que los acusa de ser “socialistas”, de organizar “caravanas migrantes” y hasta de azuzar mentiras contra el jefe de la Casa Blanca.

“En las últimas semanas ha habido continuos intentos de dividirnos con una retórica diseñada para enfadarnos y asustarnos, con imágenes para explotar nuestra historia de división racial y étnica, para colocarnos en contra del otro”, subrayó Obama en su discurso de Atlanta que marcó su retorno al escenario político.

Obama trata de rescatar a los demócratas de Estados Unidos ante un imparable Trump que no se contiene para amenazar a los migrantes con dispararles en la frontera, que se regodea en mentiras abiertas como acusar a sus adversarios de fomentar a los “criminales” de Centroamérica.

La reaparición de Obama viene acompañada de un repliegue de los Clinton, a quienes ya nadie respeta como líderes demócratas y a un intenso activismo del ex precandidato Bernie Sanders, quien apoya a nuevos cuadros como la joven neoyorquina Alexandra Ocasio Cortez, de 29 años, quien se define abiertamente como socialista y candidata a un escaño en la Cámara de Representantes.

Este hecho ha provocado que Trump lance el espantajo del “socialismo”. Sin límites para su demagogia, el jefe de la Casa Blanca advirtió que si los demócratas ganan en el Capitolio eso “llevaría a Estados Unidos peligrosamente más cerca del socialismo”.

Hábilmente, Obama se ha desmarcado de esta acusación del actual presidente norteamericano y busca revivir su carisma para lograr que los votantes jóvenes de las grandes ciudades y de minorías raciales que lo llevaron a la victoria en 2008 y 2012, vuelvan a salir a las urnas y frenen a los votantes blancos, sureños, puritanos y  profundamente ignorantes que buscan la superioridad racial al estilo  Trump.

Finalmente, las elecciones de este martes no serán sólo un referéndum frente al gobierno de Trump sino la urgente necesidad de frenar al emergente neofascismo de Estados Unidos.