Esto es México: funcionarios y reporteros persiguiendo la escena más dolorosa. Las cámaras truenan. El cinismo fluye. Que la cara descompuesta catapulte los likes, piensan, que el cuerpo sobre el suelo nos devuelva al limbo de los más leídos. México, en donde las vidas desde su origen son inmundas, evanescentes o cargan un futuro negado. Feminicidio al alza. Niños que apenas y saben sumar y los levantan para que protejan garitas fumando piedra o para que carguen cuernos de chivo en las cabinas de las trocas. ¿Qué pasa en este país donde cualquier atisbo de humanidad desaparece? Te matan en la combi, te matan al salir de la escuela, te matan por ser periodista, te matan por una fotografía o por no cargar cien varos en la cartera. Una tina de sangre es México. Una novela negra que nunca termina. Aquí buceamos día a día pero cómodamente nadan las ballenas y los funcionarios y los gobernadores y los presidentes que, amparados por el púlpito, hablan sobre los logros de su gobierno. Luego, escondidos en Suburbans, suben la ventana polarizada para eludir los rostros plagados de rabia quemándose bajo el sol. 

México es la risa estrepitosa de Javier Duarte mientras una madre grita el nombre de su hija desaparecida; Alfredo del Mazo en el logo de un camión abrazando a una mujer que mañana podría ser asesinada; Yunes lanzando a los migrantes a una pasarela de muerte porque quiere, o sea, sólo porque sí. 

Pero, increíblemente, existen los que salen vestidos de negro a marchar por los inversionistas, por un aeropuerto ecocida, por el aumento del dólar aunque no tengan ni la menor puta idea de qué forma influye el  dólar en sus vidas. Hay mujeres que desaparecen en las periferias de la UNAM. Niñas de seis años arrojadas a pozos luego de ser violadas. Niñas a las que arrastran a baldíos mientras las apuñalan. 

Esto es México: la portada de una revista opacando las noticias importantes y donde un tuit despreciable circula más que la denuncia de una violación o un asesinato. En México los familiares escarban en la tierra hasta que solo permanecen las cutículas sangrantes. Ninguna respuesta. Ataúdes y ataúdes, como escribió Parra, y más ataúdes. Te duele pero dices que las mujeres son putas. Los pobres, exclamas, son culpables de su situación. Te duele pero volteas la cara cuando el jodido levanta la mano ennegrecida. ¿En serio te duele? 

México, en donde la rabia en internet es otra forma de asesinato. 250 mil muertes y 39 mil desaparecidos contribuyen a engrosar las estadísticas que para algunos no importan nada, que se olvidan tras el primer bostezo o al cierre del acto de campaña. No tenemos a dónde correr.  No tenemos una cara concreta a la cual gritarle. Pregunto con sinceridad: ¿qué es lo que de verdad nos importa?