El arquitecto paisajista, Gabriel Díaz Montemayor, plantea en un artículo publicado en la página EcoWatch que hay una manera para salvar el lago de Texcoco donde se pretende construir el Nuevo Aeropuerto Internacional de México: crear una zona natural protegida alrededor.

“Veo esta controversia ambiental como una oportunidad para darle a la Ciudad de México algo más transformador que un nuevo y brillante aeropuerto”, menciona. “Nadie puede retroceder por completo el reloj en el lago Texcoco. Pero las 27 millas cuadradas de lecho lacustre no ocupado por el aeropuerto podrían regenerarse, su hábitat original se podrían revitalizar parcialmente y las funciones ambientales se recuperarían en un proceso conocido como restauración ecológica”.

Para esto, Díaz cita el estudio que validó originalmente la construcción del NAIM una evaluación ambiental que asegura que el proyecto es aceptable “ya que es un ecosistema alterado que perdió la mayor parte de su importancia ambiental original debido a la desecación y la expansión urbana», y lo califica como incorrecto porque pasa por alto la vida de muchas especies que aún dependen del lago.

“Imagino un gran parque natural que consta de campos deportivos, bosques, espacios verdes y una gran variedad de cuerpos de agua, tanto permanentes como estacionales, salpicados por senderos para bicicletas, senderos para caminar y caminos de acceso. El aeropuerto, si se construye, vendría equipado con un nuevo servicio de transporte terrestre a la Ciudad de México, haciendo que el parque sea de fácil acceso para los residentes. Las extensiones de las calles y carreteras de los vecindarios circundantes podrían conectar a las personas de los barrios pobres adyacentes al aeropuerto (densas selvas de hormigón como Ecatepec, Ciudad Nezahualcoyotl y Chimalhuacan) a espacios verdes por primera vez”, explica el arquitecto.

Asimismo, dice que los nueve ríos que desembocan en el lago de Texcoco podrían convertirse en vías verdes para conectar a las personas que viven más lejos, “con lo que se convertiría en el parque público más grande de la zona”. “El espacio también podría reservarse para atracciones culturales como museos abiertos y accesibles para pasajeros en tránsito”, agrega.

“Por supuesto, convertir un gran aeropuerto a medio construir en un parque nacional requeriría un nuevo plan maestro ambicioso y una reasignación de presupuesto», señala. “Pero en mi opinión, la evolución y el cambio deberían ser parte de los diseños públicos ambiciosos».

Destaca que las comunidades que viven en torno al lago no fueron consultadas sobre la construcción del NAIM, por lo que un nuevo plan (como construir un parque ecológico) “resultaría realmente inclusivo”, en especial si está diseñado “para proporcionar recreación e infraestructura urbana, y quizás incluso empleos permanentes, para estas poblaciones desatendidas”.