Mientras Rosario Robles, en la Cámara de Diputados, recibe gritos, insultos y mentadas por su inmoral gestión en la administración de Enrique Peña Nieto, el PRD va por su liquidación, afectando primeramente a sus trabajadores que han sido leales y esperando un milagro —no obstante sus aparentes ideales socialistas (je, je)— para sobrevivir.

Pareciera que ambas cuestiones no se conjugan, aunque es necesario recordar que la señora Robles, debido a sus amoríos, disparates económicos y deseos de llegar lejos, hundió a esa organización que cumpliría 30 años en mayo de 2019. Lo que afirman hoy dirigentes es borrar el nombre del PRD, su emblema y hacer una fuerza joven que camine en contra del neoliberalismo, algo inconcebible porque ellos mismo han sido el fruto de gobiernos neoliberales corruptos y no sólo los han permitido, sino incluso se han vuelto parte de los negocios pestilentes.

El PRD, no hay que olvidarlo, fue posible gracias al registro, patrimonio y experiencia del PCM y de otras fuerzas de izquierda como el PMT, los trotskistas, los del MAP y varias organizaciones más. Todas ellas se conjugaron con la decisión de la insurgencia en el PRI, encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas y Porfirio Muñoz Ledo.

Desde las primeras elecciones en el entonces DF (1997), ganó la batalla y así fueron tomando las riendas de la capital algunos notables, aunque la señora Robles obtuvo un interinato donde privó la corrupción y el agandalle. De todas formas, el prestigio de la agrupación no se melló hasta la llegada del supuesto ciudadano, Miguel Ángel Mancera, quien ha hecho de la transa y los negocios su doctrina. Recientemente, un tribunal se opuso a que se hiciera una planta Termovalorizadora, la cual procesaría la basura y la convertirla en energía, con un costo de 20 mil millones de pesos, los cuales se liquidarían en 33 años. Una propuesta contra todos nosotros que ni siquiera los hampones Duarte (Javier y César) del PRI se atrevieron a realizar. Y es que Mancera había hecho de los convenios inmobiliarios su eje de raterías, algo que ha detallado puntualmente el portal La Silla Rota.

Rosario, que expulsada del PRD se fue a trabajar con Peña Nieto, ha sido igualmente acusada de malversación de fondos. Ella y cinco de sus funcionarios dejaron sin aclarar seis mil 588 millones de pesos en Sedesol y de allí brincaron a Sedatu donde hay omisiones por otros mil 177 millones. Incluso la Auditoría Superior de la Federación pidió 171 veces cuentas al contador de la llamada Chayito: jamás tuvo respuesta (todo ello en Sin Embargo, 15 de octubre).

Si a ello le sumamos que los manejadores en los últimos años del partido amarillo, los motejados Chuchos (Ortega y Zambrano), han sido unos pájaros de cuenta, quienes sellaron además con Peña Nieto el famoso Pacto por México (2 de diciembre de 2012) y despreciaron a López Obrador por su aparente populismo, la ecuación era perfecta rumbo al fracaso. Tanto que en la última elección el partido amarillo obtuvo el 5 por ciento de la votación, en alianza con el PAN, lo cual los tiene al borde de la liquidación.

Dice bien el teórico Manuel Castells en su libro Ruptura. La crisis de la democracia liberal (Alianza Editorial), refiriéndose al PSOE, aunque es un saco que le embona perfecto al PRD: “intentó detener su declive con medidas de renovación interna. Sin entender que su crisis era sobre todo estructural por haber abandonado las políticas de izquierda, sobre todo la defensa del Estado de bienestar, durante la crisis” (página 92).

Además, jamás los del sol azteca se dieron cuenta que los partidos tradicionales aquí y ahora están contra la pared y surgen nuevos agrupamientos, Podemos en España y Morena acá, quienes luchan por ampliar los espacios de los jóvenes, las clases medias y hasta las personas mayores. Menos cuando los dirigentes perredistas se aliaron contra Andrés Manuel y se supeditaron a Jorge G. Castañeda, un político del fracaso.

Ahora, el arrogante y nunca afiliado como su patrón Mancera, el caballerango Granados, será el liquidador de una empresa que era como una “minita de oro, y se les acabó”, al decir de un trabajador solaztequista que pide el anonimato (Shaila Rosagel, 16 de octubre, Sin Embargo).

Por otro lado, en el PAN también aflora la corrupción. Tanto que Marko Cortés, el delfín de Ricardo Anaya, casi seguro ganará la batalla a Manuel Gómez Morín, nieto del fundador blanquiazul. Pero Marko ha sido acusado de pedir 70 millones de pesos a empresarios para una campaña electoral que no hizo, al decir de Juan José Rodríguez Prats, encargado de la Comisión de Doctrina de la Organización (Álvaro Delgado, Proceso, número 2189).

Próximamente tendremos un doble entierro de los partidos viejos, con un doliente que también puede fallecer: el PRI.

Twitter: @jamelendez44