La fama de que Rosario Robles maneja dinero a manos llenas no es de ahora, desde que formó las Brigadas del Sol en el PRD se sabía que por sus manos pasaban cientos de miles de pesos. Luego en la jefatura del entonces Distrito Federal  dejó malas cuentas. Y no digamos en su amorío con Carlos Ahumada, que la dejó ennegrecida.

Pero Rosario sabe reinventarse. Ahora dice que su nombre vende, como si fuera una marca de cualquier producto desechable. Y antes daba asesorías a candidatas priistas, panistas y otras para hacer las redes de compra del voto, mediante prebendas.

Por esas  malas artes la cooptó Enrique Peña Nieto, la puso a operar y le dio, ni más ni menos, que Sedesol, para hacer los programas sociales que deberían servir a la hora de obtener sufragios. En esa encomienda estuvo involucrada en muchos desfalcos   con dos de sus leales: Emilio Zebadúa y Ramón Sosamontes. Con este último, por cierto, tenía o tiene un negocio de radiodifusoras en Guerrero junto con un diario asoleado.

Metida en la Estafa Maestra, donde están perdidos más de tres mil millones de pesos mediante empresas fantasma, ahora vuelve a aparecer en un fraude con   universidades públicas (¡faltaba más!), en Hidalgo y Quintana Roo. El monto es de más de 700 millones de pesos  y se quiere ocultar por la ASF, hoy a cargo de David Colmenares Páramo, quien despidió a la investigadora del asunto, Muna Dora Buchain.

En un artículo a propósito de esta última transa, Eduardo Huchim (Reforma, 13 de septiembre), documenta que un distribuidor de  cilindros  de gas que gana 9 mil pesos mensuales, Dionicio Domínguez,  recibió de Sedatu- un nido de bandidos donde antes estuvo Jorge Carlos Ramírez Marín que construyó viviendas en Guerrero demolidas  por inservibles- un cantidad de 493 millones de pesos.

Ya Peña Nieto no podrá expresar: “No te preocupes, Rosario”. ¿A dónde ira Chayito después de todo esto?

 

Twitter: @jamelendez44