La fracturación hidráulica (o fracking, en inglés) es una técnica para extraer petróleo o gas natural del subsuelo. Consiste en la perforación de un pozo vertical tras la cual se realizan una serie de perforaciones horizontales, que alcanzan los miles de kilómetros bajo tierra. A través de estos pozos horizontales se fractura la roca inyectando una mezcla de agua, arena y sustancias químicas. La perforación se repite en reiteradas ocasiones a lo largo de grandes extensiones territoriales.

De acuerdo con la Alianza Mexicana Contra el Fracking, la creación de un solo pozo requiere entre 9 y 29 millones de litros de agua. “El ritmo de explotación anual de 9,000 nuevos pozos en Estados Unidos que se pretende exportar a México supondría un volumen de agua equivalente al necesario para cubrir el consumo doméstico (100l/pers/día) de entre 1.8 y 7.2 millones de personas en un año. Ello acarreará la disminución de la cantidad de agua disponible, lo que pondría en peligro los ecosistemas y la realización del derecho humano al agua y a la alimentación. En estados como Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, regiones donde esta actividad ya se está realizando, la disponibilidad de agua es limitada al tratarse de regiones con alto estrés hídrico (donde la demanda es mayor a la disponibilidad)”, denuncian.

Asimismo, los expertos señalan que al menos 25% de las sustancias utilizadas en las distintas mezclas de perforación pueden causar cáncer y mutaciones, 37% afectar al sistema endocrino, 40% provocar alergias y 50% dañar el sistema nervioso.  Denuncian que la población que habita cerca de los pozos tiene 66% de probabilidad de padecer cáncer asociado a la contaminación atmosférica, a la vez que pierden cantidades significativas de agua para consumo humano y acelera el cambio climático y produce sismos antropogénicos.

El tema de la utilización del fracking en México ha generado conflictos. En San Luis Potosí, Nuevo León y Coahuila se han generado protestas por parte de pobladores y ambientalistas para detener la implementación de las técnicas de extracción en sus subsuelos. El segundo de ellos, Nuevo León, sufre actualmente una carencia histórica de agua y contempla un trasvase de agua a Tamaulipas que pondría en riesgo el abastecimiento para el verano del año entrante. Por tal motivo, la utilización del fracking es inviable, de acuerdo con la organización.

Los pobladores de la Huasteca, en San Luis Potosí, conformaron guardias comunitarias para impedir que se realice el fracking en la región y anunciaron que bloquearán el paso a las empresas que quieran ejercer esta práctica. “Ya hay guardias comunitarias en Tamasopo y Rayón vigilando la zona para evitarlo”, dijo el dirigente de la agrupación “Nuevo País”, Miguel Ángel Guzmán Michel, el 6 de agosto.

 

Posición del nuevo gobierno

El próximo presidente, Andrés Manuel López Obrador,  dijo que pondrá fin a la utilización de la fracturación hidráulica para extraer gas y petróleo en las zonas del norte de país. “México ya no utilizará este método para extraer petróleo”, dijo. 

Grupos ambientalistas del norte del país aplaudieron la decisión. En una carta abierta publicada el 6 de agosto, integrantes del “Movimiento en defensa de la madre tierra y la vida” dijeron que “la población ha padecido los impactos negativos del sistema de explotación de gas subterráneo, conocido como fracking, con centenares de casas resquebrajadas en el municipio de Los Ramones, 130 kilómetros al norte de la capital, en Nuevo León”.

También expusieron que, desde 2012, el fracking ha generado temblores antropogénicos en las zonas aledañas a los pozos de explotación conocidos como Tangram 1 y Nerita, ubicados en esa zona, así como temblores en amplios sectores de la zona metropolitana de Nuevo León.

“Los pozos de agua en las comunidades aledañas a las perforaciones del fracking se encuentran contaminados por hidrocarburos. La perforación de nuevos pozos de agua ha resultado con más líquido contaminado, y no se tenían registros de tal contaminación antes de la implementación del fracking en nuestros estados”, señalaron.

Las más de veinte organizaciones que firmaron la misiva exigieron a López Obrador que cumpla su intención de prohibir el fracking; que derogue los “Lineamientos para la protección y conservación de las aguas nacionales en actividades de exploración y extracción de hidrocarburos en yacimientos no convencionales”, publicados por el gobierno de Enrique Peña Nieto en 2015; y que cancele el título de concesión otorgado al gobierno de Nuevo León para extracción de aguas procedentes del río Pánuco, como parte del Proyecto hidráulico Monterrey VI. “Que se revoquen los decretos para suprimir las vedas existentes en diversas cuencas del país”, demandan.

En tanto AMLO toma acciones concretas, los ambientalistas anunciaron que se mantendrán vigilantes “para que el nuevo gobierno de la república cumpla con la prohibición del método de fractura hidráulica y que se establezca un marco jurídico para detener de manera definitiva esta práctica en el país”.