Cuando egresé de la normal, la Secretaría de Educación me dio una hoja de presentación para que fuera a una comunidad apartada a fundar una escuela. Me dijeron que tenía 3 días para presentarme en el lugar, hablar con la gente de la comunidad y comenzar a dar clases. Como fuera y donde fuera. Sin más recursos que una hoja de papel.

Esto que hoy cuento como una anécdota hasta graciosa es la realidad de miles de docentes en todo México. Docentes que trabajan en escuelas sin energía eléctrica, agua, sistema de drenaje, mobiliario, aulas, material, teléfono o internet. En lugares apartados, inaccesibles y casi incomunicados. También es bien sabido que los docentes de nivel básico en México son de los peores pagados de los países que integran la OCDE, muchos tienen dobles jornadas u otros trabajos para sobrevivir.

La realidad del sistema educativo mexicano es múltiple, variada y compleja. El “nuevo modelo educativo” que nos heredaron Aurelio Nuño y Enrique Peña Nieto y que se pretende implementar en el ciclo escolar 2017-2018 (sí, en los últimos 6 meses del sexenio de Enrique Peña) no refleja, y parece que ni siquiera considera, la realidad que viven miles de docentes y escuelas en todo el país.

Los libros de texto no sólo tienen errores de dedo, sino que los programas de educación básica tienen graves errores de estructura, lógica y conceptuales. La propuesta sobre “autonomía curricular” está diseñada, evidentemente, por gente que desconoce el funcionamiento y realidad de las escuelas. A los docentes nos toca la tarea de interpretar e implementar lo que nos quisieron decir.

La reforma educativa del sexenio de Peña Nieto consistía, principalmente, en “regular” laboralmente a los docentes. Anunciaron la evaluación docente como la panacea para reformar verdaderamente la educación y lo único que revolucionaron fue la manera de generar más caos. La reforma educativa es y fue un fracaso de principio a fin, no sólo por lesionar los derechos de los trabajadores sino por la incapacidad de construir un plan de estudios que respondiera verdaderamente a las necesidades más apremiantes en nuestro país.

En México (según cifras oficiales) hay casi 5 millones de personas de más de 15 años sin alfabetización, hay miles de infantes sin ir a la escuelas, hay escuelas con muchas carencias materiales y hay docentes viviendo con precariedad. Una verdadera reforma educativa tendría que estar enfocada a responder a las necesidades que el país y las sociedades demanden, pero también a resolver las necesidades propias del sistema educativo y de las personas que lo integran.

Uno de los grandes errores de la sociedad en México es el poco valor que se le da a las bases pedagógicas, se cree que cualquier persona que tiene un título universitario o un posgrado es capaz de dar clases. Eso es mucho más frecuente en los niveles medios y superiores. La mayoría de docentes, doctores, maestros y licenciados carecen de bases pedagógicas y así dan clases.

Lo mismo pasa con el funcionariado en las secretarias de educación. Se cree que cualquier persona sin necesidad de ser docente (con una formación pedagógica y profesional sólida) puede estar al frente del sistema educativo. En parte, ese es uno de los principales problemas del fracaso de los programas escolares. La falta de conocimiento de la realidad del sistema educativo en México en los diferentes niveles y en los contextos en los que se desenvuelve.

Hemos tenido un funcionariado en las secretarias de educación pública tan alejados de la realidad social, los docentes hemos tenido más de 100 programas y actividades alternas al programa educativo en 200 días de clases ¿En qué momento pretenden que los docentes implementen todo eso? ¿El funcionariado conoce la realidad de las escuelas o implementa planes y programas que en la teoría parecen ideales pero en la realidad concreta son difíciles de implementar?

El “nuevo modelo” no se quedó atrás, propone la implementación (obligatoria) de “clubes” sin considerar los elementos más básicos para la organización y su implementación.  Es una propuesta donde se nota ausencia de conocimiento del funcionamiento de las escuelas y de los diferentes niveles educativos.

El nuevo gobierno tiene el gran reto de resolver no sólo lo básico y elemental para que el sistema educativo funcione adecuadamente, sino que además responda a las necesidades que como nación requerimos para ser un mejor país. Ser catedrático universitario, tener posgrados o pertenecer a la academia no son cartas suficientes para el diseño de los planes y programas educativos. Se requiere conocer a profundidad el funcionamiento de las escuelas, las realidades donde estas se desenvuelven y  los diferentes niveles educativos, así como escuchar las diferentes voces de quienes integran a la comunidad escolar.

Twitter: @nancyortiz_