En el templo del Señor del Huerto sólo hay tristeza y conmoción. Cada septiembre, las familias más ricas de Atlacomulco le rinden tributo a esta imagen mítica para garantizar buenas cosechas no sólo en los negocios, sino en la política, el dinero y la fe, las tres pasiones fundamentales de quienes nacieron en este municipio polvoso.

Tras las elecciones del 1 de julio sólo hay cosecha de derrotas para las dinastías de Atlacomulco. Los Monroy, los Colín, los Del Mazo, los Peña, los Velasco, los Montiel, incluso los Hank, están alarmados. La leyenda del Señor del Huerto se transformó en maldición. Prácticamente todos ellos fueron derrotados, con algunas notables excepciones que alcanzaron a reciclarse.

Cuentan los feligreses de Atlacomulco que el Señor del Huerto se volvió famoso cuando una anciana, dueña de un huerto de manzanas, murió al pie de este ídolo. Desde entonces, se cree que quien tiene su protección garantiza no sólo el éxito en la temporada de lluvias sino la riqueza en épocas electorales.

La tristeza que rodea al Señor del Huerto tiene razones muy claras: en Atlacomulco, palabra que significa “pozos de agua”, se hundieron los delirios de grandeza de las dinastías que desde Isidro Fabela han dominado la política mexiquense y llegaron a su máxima ambición, la presidencia de la República, a través de su hijo predilecto, Enrique Peña Nieto.

En Atlacomulco, como en la mayoría del Estado de México, arrasó el voto a favor de Andrés Manuel López Obrador. Aquí ganó el candidato a alcalde por Morena-PT-PES, Roberto Téllez Monroy, algo inimaginable en 90 años de hegemonía priista. Este pequeño empresario, con el apellido materno de una de las familias “de alcurnia”, ganó con 26 mil 161 votos al priista Joel Huitrón Colín que sólo obtuvo 15 mil 520 votos. Un apoyo fundamental fue Bardomiano Flores, quien antes trabajó para el dirigente priista local Isidro Pastor, adversario histórico del peñismo.

La derrota no es sólo anecdótica sino trágica. La actual alcaldesa Anna María Chimal Velazco, cuñada de Verónica Peña Nieto, hermana del actual presidente, perdió la diputación local. También fue derrotado Héctor Velazco Monroy, amigo personal de Enrique Peña Nieto, ex director de Diconsa y aspirante a diputado federal por Atlacomulco. Cuentan los habitantes que la conmoción fue tan grande que Velazco quedó noqueado físicamente.

Las familias de Atlacomulco están llorando su derrota como una afrenta personal. En especial, la familia Del Mazo. El tercer gobernador mexiquense con el nombre de Alfredo del Mazo había “ganado” la elección gubernamental apenas un año antes con casi 1 millón 900 mil votos, el 33.69 por ciento de la votación. Un Mirrey como Del Mazo no podía perder ante Delfina Gómez, una profesora de Texcoco, de origen humilde, catequista, que casi le arrebata a la dinastía más antigua de Atlacomulco el gobierno estatal.

El 1 de julio la derrota de Del Mazo y del PRI en el Estado de México sólo confirma que en el 2017 se operó un grotesco fraude en contra de Delfina Gómez y de Morena que ya no pudieron operar en la elección presidencial, en la de municipios y en la de diputados locales y federales.

En menos de un año, el PRI perdió el control del Congreso estatal, de la bancada en la Cámara de Diputados federal (la más numerosa de todo el país), de la mayoría de los 125 municipios y de las curules en el Senado.

Del Mazo tendrá que seguir gobernando -si es que no pide licencia- con un Congreso estatal de 75 diputados, de los cuales, sólo 11 serán del PRI, 31 serán de Morena, 11 del PT, 10 del PES (la coalición lopezobradorista tendrá 52 legisladores locales), mientras que el PAN tendrá 7, el PRD sólo 3 y el Partido Verde 2.

El cómputo distrital reveló que Morena obtuvo 41 por ciento de los sufragios, el PRI sólo 21.5 por ciento (16 por ciento menos que en 2017), el PAN quedó en el 14 por ciento, el PRD sólo 6.5 por ciento, el Verde 4.1 por ciento y el PT, en la raya, conservará el registro local, con 3 por ciento. Movimiento Ciudadano (MC), Encuentro Social (PES) y Vía Radical perderán el registro estatal.

El PRI perdió en 84 municipios de un total de 125, 48 de ellos frente a la coalición de Morena-PT-PES. La ola morenista le arrebató al PRI otras tres presidencias municipales muy importantes: la capital Toluca donde ganó con el ex panista Juan Rodolfo Sánchez Gómez y el priismo quedó en tercera fuerza; el gobierno de Ecatepec, el municipio más poblado del país, cuna del poder político de Eruviel Avila, donde Morena ganó con Fernando Vilchis, y la ciudad de Metepec, donde viven las familias más ricas de la entidad, muchas de ellas provenientes de Atalcomulco. En Metepec perdió la “primera prima de la nación”, Carolina Monroy del Mazo, prima de Peña Nieto y de Alfredo Del Mazo, que cayó al tercer lugar ante la morenista Gabriela Gamboa.

También en los distritos federales, el PRI perdió los dos diputaciones federales de Toluca ante la victoria de Esmeralda de los Angeles y Miroslava Carrillo, de Morena, en Metepec ganó Oscar González Yáñez, dirigente del PT que logró la victoria con la coalición de Juntos Haremos Historia.

El Grupo Atlacomulco también perdió en Acambay, donde la morenista Esperanza  González Martínez ganó frente a Daniel Sámano Jiménez, hijo de Miguel Sámano, poderoso ex secretario privado del ex gobernador Arturo Montiel.

El ex gobernador y ex dirigente nacional del PRI, César Camacho, aspirante al Senado, perdió ante la victoria de Delfina Gómez y de Higinio Martínez, la fórmula ganadora de la coalición Juntos Haremos Historia, y el ex candidato a gobernador del PRD, Juan Zepeda, ocupará la senaduría por primera minoría. Camacho formó parte del grupo de Emilio Chuayfett, ex gobernador mexiquense, efímero secretario de Educación Pública y uno de los tutores iniciales de Peña Nieto.

En otras palabras, fueron derrotados los Golden Boys de Montiel, los parientes de Peña Nieto, los familiares de los Del Mazo, los colaboradores de Chuayfett y los candidatos de Eruviel. Los últimos seis ex gobernadores priistas fueron aplastados en su imperio.

Algunos observadores y analistas locales ven un “reciclaje” del montielismo a través de algunos candidatos de Morena que ganaron en municipios simbólicos, como Atlacomulco, con el apoyo del ex dirigente estatal priista Isidro Pastor, viejo adversario de Peña Nieto.

Lo real es que el centro de poder en el Estado de México se traslada de Atlacomulco-Toluca-Ecatepec al cinturón de Texcoco-Metepec-Ecatepec, donde ganaron los candidatos de Higinio Martínez, el hombre fuerte de Texcoco, del petista Oscar González Yáñez  y la alianza con grupos ex panistas y priistas desplazados en el Valle de México.

El Señor del Huerto de Atlacomulco le traerá sequía política a una clase política devenida en cleptocracia. Falta saber si la herencia de Carlos Hank González, la figura emblemática del máximo poder del Estado de México, desaparecerá para transitar a una que abandone la idea de que el poder público es un botín.

Foto: El Big Data