El siguiente tema nos interesa a todos, y cuando digo a todos ¡es a todos, eh!, y ya ustedes me dirán si no es así.

Y es que es pésima idea que nadie nos enseña a manejar nuestro dinero; es decir, obvio sabemos perfecto cómo administrarnos, ¿no? (sarcasmo). La cosa es que cuando al fin llegamos a la edad en que nos podemos independizar no tenemos ni la menor idea de lo que nos espera. Un buen día, después de que según nosotros ya lo analizamos hiperbien, decidimos irnos a vivir solos, buscamos departamento y de paso que esté bien ubicado, por aquello de la reunión con los cuates, familiares… entonces nos decidimos por el que además tiene la mejor vista y cuenta con estacionamiento, bueno, no siempre cuenta con él, pero es lo deseable.

Así, comenzamos pagando el depósito y otros requisitos varios para quedarnos a vivir ahí. Desde luego, apostamos por la cama nueva, un sofá comodísimo, pantalla, equipo de sonido, refrigerador y otros enceres electrodomésticos necesarios para subsistir. Ah, y no olvidemos la fabulosa lavadora o buscar una lavandería cercana a nuestra vivienda.

El asunto es que después de unos meses, pagar la renta ya no es tan satisfactorio como al principio. También está la cuota de mantenimiento, el pago de la tarjeta de crédito, el veterinario de tu mascota (porque primero muerta que abandonar a Minie en casa de mi mamá…), el mecánico, la lavandería, fruta, verduras, helado, chocolate, cine, antro… ¿Ya no suena tan bien, cierto?

Por eso, antes de que te endeudes al tope, o por si acaso ya te metiste en broncas, aquí te doy algunos tips para que comiences a sanear tus bolsillos:

 

  • Primero que nada, haz un presupuesto. ¿Cuánto ganas vs. cuánto gastas? Puede ser semanal o quincenal. No te lo recomiendo mensual, porque si no estás acostumbrado a llevar a cabo la planeación de tus finanzas, va a ser de lo más pesado.
  • Ahora que sabes cuánto ganas y cuánto gastas, reduce los gastos excesivos, es decir, evita comprar aquello que no necesitas. La pregunta del millón es: ¿puedes vivir sin eso? Entonces, no lo compres.
  • Primero lo primero: aparta, por porcentajes, el dinero necesario para pagar la renta y los servicios. Luego, piensa en lo más indispensable, la comida y finalmente, no te olvides de la ropa, accesorios y hasta el entretenimiento. El chiste es que todo gasto sea planeado.
  • Ahorra. Ya sé, ya sé, no te alcanza ¿y encima te pido que guardes? Pero no sólo se puede ahorrar dinero. Piensa: ¿y si dejarás de pagar tanto de lavandería, luz agua o gas? Si eres más cuidadoso con lo que se desperdicia, a final de mes puedes llevarte gratas sorpresas.
  • La tarjeta de crédito no es un regalo. Da tristeza, pero es la verdad. Si no cuentas con el dinero en efectivo para adquirir zapatos, ropa o una pantalla, lo peor que puedes hacer es “dar el tarjetazo”. Terminarás pagando más del doble de lo que cuesta el producto que adquiriste, siempre será mejor esperar un poco más para comprar sin endeudarte.

 

El tema de las finanzas es súper extenso, por lo que siempre debemos estar receptivos con este tema, aprendiendo en todo momento, nunca sabemos que cómo o quién nos va a proporcionar un gran aprendizaje en otros puntos que nos ayuden a mejorar la administración de nuestros recursos económicos.