Según la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, la revista Rolling Stone, en su edición nacional, lanza un tiraje mensual de 70 mil ejemplares, los cuales salieron del guión natural de esta publicación en el número de junio del presente año, al sustituir en la portada a los habituales grupos musicales o personajes del cine popular para poner una caricatura de Andrés Manuel López Obrador, tres veces candidato a la presidencia de México.

En las redes sociales circuló de inmediato dicha imagen aludiendo a la figura de rockstar del propio López Obrador; sin embargo, el contenido nada tiene que ver con enaltecer la popularidad del tabasqueño: todo lo contrario.

Se trata de tres textos abiertamente en contra del nacido en Macuspana, en los cuales no llama la atención la postura, sino las formas y el poco fondo que se aprecia en una publicación de talla internacional: en ninguno de los tres existe un sólo dato duro con fuentes. Al final, es respetable que cualquier ciudadano externe su opinión en favor o en contra de cualquier candidato a un puesto público, de hecho la discusión le hace bien al proceso democrático; lo que de pronto resalta, es que una revista tan reconocida, busque dirigir un mensaje a los jóvenes con la pura y llana opinión de tres personajes que a continuación citamos.

El primer texto titulado: AMLO, 2018 ¿hacia un nuevo despeñadero? está a cargo de Juan Manuel Becerra de la Llata. Podemos resumir que en su análisis, Obrador es un fenómeno similar a Fox o a Peña Nieto, quienes atraían masas pero terminaron abanderando gobiernos muy poco honrosos. Además, añade: “¿alguien se ha imaginado en puestos claves del gobierno tomando decisiones a Matí Batres, Fernández Noroña o Paco Ignacio Taibo? Yo honestamente no puedo ni pensarlo”. Y entre otras cosas resalta que la idea de que AMLO deje de importar maíz de EE. UU. pueda generar la venganza de Trump con la exportación de aguacate, además de la decepción que le generó el segundo debate en el que López Obrador resaltó más por la broma de la cartera que por sus propuestas.

Se vale opinar en contra de cualquier candidato, pero ¿se vale que en un medio internacional esos sean los argumentos? ¿Qué le pasó a la Rolling Stone, dónde estuvo el editor para decir: “Ninguno de los tres nombres que citas (Batres, Noroña o Taibo) están en el gabinete que presentó Obrador, por qué no investigar un poco sobre Olga Sánchez Cordero o Héctor Vasconcelos?”, o bien, proponer “¿por qué no resaltar las virtudes de los posibles funcionarios del PRI o del PAN en contraste con los que criticas de Morena?”.

Por otro lado Trump ya le puso barreras arancelarias literalmente a medio mundo, incluido México con el acero y el aluminio: nuestra economía depende íntimamente de la norteamericana por el TLCAN y los gobiernos anteriores que no supieron diversificar el mercado, en los cuales no estuvo López Obrador.

Finalmente, el segundo debate tuvo varias propuestas interesantes de los cuatro candidatos, cada votante eligió a su ganador dependiendo los usos y las gratificaciones, pero que un articulista de una revista internacional sólo haya notado lo de la cartera, huele más a propaganda que a verdadero análisis.

El segundo texto lo escribe Federico Rubli Kaiser y la revista lo extrae de El Economista, se titula Fuera máscaras; en él, el autor enaltece el papel de las empresas privadas en la vida de una sociedad además de plasmar su interpretación de las palabras de López Obrador, que en un mitin señaló: “La iniciativa privada no quiere dejar de robar (…) ya basta, ya han robado mucho, han destruido al país, están desgraciando al pueblo, háganse a un ladito ya”, lo que el autor entendió como: “(López Obrador) está a favor del modelo intervencionista y de rectoría estatal: sustituir la Iniciativa Privada (sic), por la guía benévola del Estado”. Casi para finalizar, Rubli rescata el buen corazón de empresas como Toks, cuyo modelo no explica pero celebra como ejemplo de responsabilidad social.

Aquí sí lo explicamos, y es que Toks apoya la compra de productos artesanales mexicanos como mermeladas, café, bisutería, entre otras cosas, y qué bueno que lo haga, así como todos debiéramos revisar las plataformas de cada candidato. Tatiana Clouthier, coordinadora de campaña de AMLO, ha repetido en decenas de entrevistas que en el proyecto de Morena se tiene en cuenta el papel de la iniciativa privada, tomando como referencia la administración de Obrador en el Distrito Federal, de 2000 a 2005, en la cual la inversión privada aumentó en la Ciudad. Pero, si no les vamos a creer, si vamos a interpretar a placer los discursos o sólo a extraer parte de los mismos, ¿entonces para qué gastamos el dinero del erario en campañas políticas?, ahorremos dinero público y votemos por quien nos caiga mejor, ¿no?

El último texto es contundente: Mi voto es contra López Obrador, por Alberto Mansur. En este artículo, más de la mitad de los párrafos inician con la frase: “No, no voy a votar contra López…”, y se sigue con hartos argumentos para sustentar su aversión ante el tabasqueño, pero, antes de enlistar sus razones para temerle al candidato de Morena, inicia con: “Lo digo hoy porque puedo decirlo, porque hoy vivo en un país donde hay libertad de expresión, de pensamiento, de decidir. Hoy vivo en un país donde la crítica rara vez es bienvenida, pero casi siempre respetada. No sé si mañana que López sea presidente así será”.

¿Es prudente escribir esto en un país donde según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, desde el 2000 a la actualidad han asesinado a 133 periodistas y sólo en el 10% de los casos se ha obtenido justicia? Cada quién sabrá dar respuesta a esta pregunta, pero la memoria de periodistas, estudiantes, candidatos a puestos públicos, activistas sociales y demás miembros de la sociedad civil, siempre merecerá un enorme respeto, incluso hasta histórico.

Más allá de que el texto lanza una tras otra idea contra López Obrador, debatible o no, cercano al final plasma una idea categórica: “Voy a votar contra López porque me gusta vivir en un México de leyes, de libertades, donde los derechos de las minorías no están a votación de las mayorías…”. ¿Entonces, hemos de vivir destinados a que las minorías: empresarios, políticos, magnates, poderes extranjeros, decidan siempre por las mayorías; esos 53 millones de mexicanos que, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, viven asilados en la pobreza, deberán, según el autor, permanecer bajo el criterio de unos cuántos? ¿Por eso en 1988 y 2006 se robaron las elecciones cínicamente, porque la mayoría no tiene derecho a decidir? ¿Entonces cuál país de libertad, cuál democracia?

El problema de los textos en contra de López Obrador en la Rolling Stone no es la postura, es la metodología, es la coyuntura electoral, es el público que los lee: jóvenes de la edad de quienes en 2012 formaron el #YoSoy132 y le robaron tantos votos a Peña Nieto que hoy preocupan al PRI y al PAN, pues en su equivalencia generacional, demuestran en los simulacros electorales universitarios, votarán en su mayoría por Morena.

Rolling Sotone no publicó un especial sobre política, ni un análisis de los candidatos: lanzó al mercado clara propaganda desprovista de datos duros, con una portada atrayente que sin duda se antoja adquirir y cuyo contenido son meras opiniones dignas sólo de un muro de Facebook personal y no de un medio internacional.

Reiteramos, el ejemplar pudo ser en contra de Anaya, de Meade o del Bronco y el problema sería el mismo: una botella lanzada al mar de las audiencias, respaldada por una marca de prestigio pero sin el más mínimo rigor metodológico. Ni los sesenta pesos que costó la publicación se desquitan con la hechura de esos tres textos: nuestra incipiente democracia merecería mejores análisis políticos, más aún en foros de tan alto impacto.