La historia occidental condenó el destino de Polonia. La geografía tampoco le ayuda mucho: ni es un país de Europa del Este ni se encuentra en el radio de influencia de las potencias europeas, más bien, quedó en el medio del campo de batalla cuando estallaron las dos grandes guerras del Siglo XX, sobre todo en el caso de la segunda.

Su cercanía con Alemania y el importante asedio soviético para penetrar en el territorio nazi, dejaron a la población polaca en una terrible miseria al no ser parte activa de la guerra, sino simplemente los testigos de un conflicto que eligió sus hogares como campo de batalla. Esto seguro provocó un gran resentimiento polaco hacia varias naciones de Europa.

En 1989, la victoria del partido Solidaridad en Polonia trajo consigo una importante ola de cambios de carácter políticos y económicos. A partir de entonces inició el camino para que este país ingresara finalmente en 2004 a la Unión Europea, junto con los 10 países de Europa del Este que ese mismo primero de mayo adoptaron las medidas de la comunidad.

Sin embargo, el ingreso a la Unión Europea no garantizaba para Polonia todos los beneficios, siendo uno de ellos la implementación del Euro. Para tales efectos, debería esperar a que su moneda fuese considerada con la estabilidad suficiente para no afectar los intereses del Banco Central Europeo. No obstante, con el paso del tiempo, Polonia decidió mantenerse con el uso del Zloty, cuyo valor equivale a 0.23 por Euro.

Gracias a su permanencia fuera de la eurozona, Polonia quedó en una posición de privilegio, al beneficiarse con 37 mil millones de euros del fondo de cohesión europeo desde 2007, el equivalente al 10% de su PIB, pero quedando fuera de la Unión Económica. Evitó así los golpes monetarios que sufrieron las otras naciones como producto de las crisis en España y Grecia.

Desde 1990, Polonia ha mantenido su economía en crecimiento y su desempleo en franca disminución. Por ejemplo, su PIB creció más del 40% entre el 2003 y 2014 mientras el de la UE no subió más del 12%. Esto ha llamado a muchos inversionistas extranjeros para impulsar el mercado polaco gracias a las certezas que genera la estabilidad económica del país.

La experiencia polaca ha causado la aversión de algunos otros países hacia la adopción de la moneda común, como República Checa, Bulgaria y desde hace aún más tiempo Suecia y Dinamarca. Incluso, con la experiencia de Gran Bretaña y el llamado Brexit, se infiere que la moneda única no ha sido la panacea para combatir al dólar norteamericano.

Emmanuel Macron, primer ministro de Francia, sugiere reformas a las reglamentaciones de la Unión Europea, tratándose casi de una refundación de la UE, lo cual no parece agradarle al gobierno Alemán. Sin embargo, resultan urgentes ciertas modificaciones luego de que le está yendo tan bien a países que no adoptaron la moneda común, además del peligro de líderes como Sergio Matarella, nuevo primer ministro de Italia con abierta aversión a la UE y el primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, de extrema derecha y que ha pasado por alto el respeto a las minorías que se exigen a las naciones miembros en el Tratado de Lisboa.

Hoy, parece que Polonia cobra una venganza económica por todas las afectaciones que sufrió en el pasado; gracias a ella, obtiene los beneficios de la Unión Europea pero no sacrifica su soberanía. ¿Será que de no hacerse las reformas de Macron, la Unión Europea comenzará un importante declive?