Han sucedido más cambios en el gabinete de Trump. Ahora, tras la salida de Mike Pomelo de la dirección de la CIA para fungir como secretario de Estado, el cargo será ocupado por Gina Haspel, la primera mujer en representar a la Agencia Central de Inteligencia.

Sin embargo, Haspel, de 61 años, posee un pasado oscuro: durante la década pasada dirigió una de las cárceles secretas de la CIA, donde supervisó la tortura de sospechosos de terrorismo y después participó en la decisión de destruir un vídeo sobre los abusos. Su nuevo cargo aún debe ser aprobado por el Senado, por lo que se verá obligada a declarar respecto a su papel en las torturas y la guerra sucia contra el terrorismo. Desde su ingreso a la Agencia en 1985, Haspel ha trabajado como agente encubierta en varias partes del mundo.

Trump anunció el cambio en de Pomelo en sus redes sociales el 13 de marzo.

El actual presidente aprueba los métodos de tortura defendidos por Haspel. Como candidato electoral dijo que torturar a militantes del «Estado Islámico es eficaz». Al cabo de unas semanas, inmerso en una ola de críticas, tuvo que retractarse, pues su secretario de Defensa, James Mattis, lo convenció de su ineficacia y sobre la importancia de que la tortura se mantuviera vetada en la Constitución.

Durante su etapa clandestina, en 2002, Haspel supervisó dos interrogatorios con torturas en una cárcel secreta de la CIA en Tailandia. En un programa aprobado y oculto por la CIA, se sometía a muchos detenidos a numerosas vejaciones; entre ellas al conocido “waterboarding” (simulacro de ahogamiento en el agua) y otras técnicas presuntamente utilizadas para obtener información. La controversia se agravó en 2005, cuando se ordenó desde Washington la destrucción de las cintas de vídeo que mostraban los interrogatorios, una decisión por la que el entonces jefe de los Servicios Clandestinos de la CIA, Jose Rodríguez, y Haspel se han venido culpando desde entonces. Sin embargo, ella fue quien firmó la orden.