Las voces de mujeres y hombres indígenas se han culminado en una sola. María de Jesús Patricio Martínez, o mejor conocida como Marichuy, se ha dispuesto a servir, construir, proponer y representar al Consejo Indígena de Gobierno (CIG) como su vocera. Marichuy ha asumido la responsabilidad de su carrera política para representar en México y el mundo a las comunidades indígenas del país.

En México existen líneas delgadas, pero muy claras, entre un México y los miles de Méxicos que habitan dentro del mismo. Estas líneas están trazadas, principalmente, entre las grandes ciudades y las provincias a las afueras. El Consejo Indígena de Gobierno (CIG) se fundó en el año de 1996, con el propósito de luchar, no por el poder, sino para convocar a todos los pueblos indígenas y a la sociedad civil a organizarse para fortalecer sus resistencias y rebeldías y, con esto, protegerse entre ellos.

De acuerdo con un reportaje de Ámbito, desde 1994, cuando el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) se levantó en armas, debido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte y para darse a conocer en México y en el mundo, María de Jesús asistió al primer foro de comunidades indígenas en San Cristóbal de las Casas. Desde entonces tuvo la oportunidad de escuchar y dialogar acerca de las problemáticas que se viven, por lo que se convirtió en defensora de los derechos humanos y, al mismo tiempo, despegó su carrera política.

Fue en un 23 de diciembre de 1963, en Tuxpan, Jalisco, que nació la mujer que reuniría las voces de hombres y mujeres indígenas, con el fin de recuperar la visibilidad y con ella el lugar de las comunidades en el país y en el mundo. “Decidimos organizarnos y participar de estas herramientas que tiene el poder, pero no para ser como ellos, sí para que se conozcan nuestras problemáticas. Por eso decidimos ir solos, de manera independiente, pero con el fin de trabajar para todos los mexicanos”, Marichuy advierte en entrevista con Ámbito.

El Concejo Indígena de Gobierno, tiene dentro de sus siete principios: bajar y no subir, representar y no suplantar. Es decir, la mirada que buscan es la de la equidad. No pretenden ascender escalones de poder, sino convocar a la organización pública de comunidades indígenas para hacerse escuchar y con ello combatir la discriminación y las injusticias que por siglos han vivido.

Por lo mismo, el CIG trabaja desde la paridad de género, “está integrado por concejales, una mujer y un hombre de cada lengua de las diferentes regiones en donde se encuentran los pueblos y naciones” que conforman el Concejo. Asimismo, desde la conciencia de opresión en la que han vivido, como las consecuencias negativas que el capitalismo les ha provocado, luchan desde abajo, no para subir, sino para resistir y ejercer su autonomía con los pies firmes en la tierra y la voz, desde el pecho de cada uno, fuerte con dirección a los oídos de todos los mexicanos y habitantes del mundo.

En una entrevista con Ámbito, María de Jesús ratifica que su objetivo como vocera del CIG, y posible candidatura independiente presidencial, no es ganar, sino organizarse: “Es necesaria nuestra organización por el despojo que está habiendo en las comunidades. A nivel nacional, en las ciudades también, tantas muertes, tantos encarcelados, tantos desaparecidos, es un tema muy general, que no sólo es para México, sino también hacia afuera de México. Están queriendo acabar con el territorio de las comunidades indígenas. Están despojándolos de sus riquezas”.

La búsqueda por la candidatura independiente para las elecciones presidenciales del 2018 no es más que una ventana en la que buscan hacer visibles a las miles de comunidades indígenas y reclamar sus derechos como ciudadanos del mundo. En un discurso, después de haber sido elegida como la vocera del CIG, Marichuy declaró que: “Ya es tiempo de que los pueblos hablen y se manifiesten”.