Después de varios días de intensos jaloneos entre la oposición y el oficialismo (PRI y PVEM), finalmente el ex titular de la Fepade, Santiago Nieto Castillo, decidió ya no intentar regresar a la posición que ocupaba porque dijo: “no existen las condiciones para que desarrolle” mi labor. Además señaló lo evidente: “existe una polarización política” en la nación.

También anotó que hay una crisis amplia y la Fiscalía a su cargo no hubiera tenido la libertad de acción para realizar su trabajo con amplitud. Dejó anotado que en su gestión hubo seis mil 793 averiguaciones, el mayor número hasta la fecha.

Lástima que Santiago no insistió en ser reinstalado, remoción que llevó a cabo Alberto Elías, un encargado de la PGR, quien no tenía las atribuciones para efectuar tal acción, máxime que a Nieto no se le permitió ni siquiera derecho de audiencia para encarar  las supuestas acusaciones en su contra.

Ya sabemos que esa fama y prácticas tienen la Procuraduría, la cual no resuelve problemas, más bien los complica, posterga o  engaveta. Si de acciones contra irregularidades y fraudulencias en el terreno electoral se trata, no hay desde hace más de  30 años sanciones ejemplares para aquellos que se imponen a como dé lugar. Casos ilustrativos muy conocidos son los de Carlos Salinas y Felipe Calderón. Este último,  recordemos,  dijo cínicamente que había ganado: “Haiga sido como haiga sido”.

Viene  un periodo muy difícil en la vida política y se necesitan instituciones con certidumbre, porque de no ser así los estallidos serán de muy graves consecuencias.

Ahora mismo ya separaron a Carlos Sotelo del PRD, Pablo Gómez y otros que aseguraron apoyarán a Andrés Manuel López Obrador en 2018. Pero lo hicieron las tribus perredistas, como siempre, sin que los defenestrados se pudieran defender. Pero hay más hechos graves y no tenemos un árbitro que sea imparcial, respetado y atendido. La vida salvaje y la compra de todo se abre, desgraciadamente, con toda alevosía y ventaja.