Más de dos décadas después de ser sentenciado a veinte años de prisión, por delincuencia organizada y delitos contra la salud, Joaquín Guzmán Loera, conocido afectuosamente como El Chapo, fue detenido por tercera vez por las autoridades mexicanas. Nombrado “el enemigo público número uno” por la Comisión de Delito y Crimen de Chicago, la captura del magnate del narcotráfico resultó particularmente mediática, tanto porque se dio un año después de la fuga que dejó en ridículo al gobierno de Enrique Peña Nieto, como por los esfuerzos de involucrar en ella a una figura hollywoodense y a una actriz mexicana.

El 9 de enero de 2016, la revista Rolling Stone publicó, en una crónica titulada El Chapo speaks, las primeras declaraciones que Guzmán Loera hacía para un medio de comunicación. El texto, firmado por el actor estadounidense Sean Penn, revelaba que meses atrás El Chapo había tenido una reunión con cuatro figuras públicas, entre quienes se encontraba la actriz Kate del Castillo. El objetivo: echar a andar un proyecto que culminaría con la filmación de una biopic del entonces líder del Cártel de Sinaloa. Pocos días después de la publicación de Rolling Stone, la Procuraduría General de la República (PGR) distribuyó a través de los medios una conversación entre Guzmán Loera y Kate del Castillo, que había interceptado tres meses atrás. La conversación, señalaría más tarde del Castillo, había sido alterada, implicando una especie de relación sexual o sentimental entre la actriz y el capo. Los medios mordieron el anzuelo inmediatamente.

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Corre y no pares de correr

Como es su costumbre, los periódicos y la televisión decidieron jugar al tribunal en este caso, escrutando, en primero de los términos, la moral sexual de la protagonista de La Reina del Sur. Sin que a Kate del Castillo se le imputara delito alguno, la televisión y los periódicos ya habían decidido que la actriz quería filmar una película con dinero del narcotráfico, que su marca de tequila funcionaba como lavadora de dinero y, por sobre todas las cosas, que tenía una relación sexo-afectiva con Guzmán Loera.  Desviando el foco de cualquier tema de interés público, distintos periodistas se regodearon metiendo las narices en especulaciones sobre la vida sexual de Kate del Castillo, escribiendo notas y artículos con tintes misóginos del tipo “Hermosa” Kate del Castillo en la intimidad con ‘El Chapo’ (Expansión); Kate del Castillo, la guapa perdición del ‘Chapo’ Guzmán (La Vanguardia); “Chapo” Guzmán buscaba sorprender sexualmente a Kate del Castillo (yucatan.com.mx); Las 12 frases del ‘coqueteo’ entre Kate y El Chapo Guzmán (Imagen Radio); y Revelan pícaros mensajes de “El Chapo” Guzmán a Kate del Castillo (La Nación).

Mientras sucedía uno de los escándalos más grandes del gobierno de Enrique Peña Nieto, la sociedad mexicana invertía su tiempo preguntándose con quién se había acostado o dejado de acostar Kate del Castillo. Una persona contra la cual la PGR no había levantado ningún cargo estaba siendo ya procesada por una sociedad hipócrita, enferma de corrupción y de odio hacia todo lo que no sea un hombre blanco. ¿Su delito?: Ser mujer. ¿Las agravantes?: Tener voz, ser fuerte, ser poderosa y no dejar de usar maquillaje para lograrlo. La persecución de Kate del Castillo es iniciada por algún resentimiento guardado por la pareja presidencial y es propagada cual incendio por todos los hijos sanos del patriarcado, quienes, al no encontrar motivos racionales para odiarla, deciden apelar a su espíritu primitivo y apedrearla simbólicamente por el simple hecho de no ser un hombre.

Como lo narra en el documental de Netflix Cuando conocí al Chapo, después de revelados los detalles de la sonada reunión, Kate del Castillo se convirtió en el blanco de un acoso que fue más allá de los medios. Mientras que la PGR la citaba a declarar en calidad de testigo y generaba un clima lejano a la presunción de inocencia, agentes de gobierno estadounidense se presentaban en su casa a poco más que amedrentarla. El proceso, que llevó a la actriz a evitar regresar de Los Ángeles a su país a toda costa, se llevaba a cabo sin que la Procuraduría tuviese elementos para considerarla sospechosa de algún crimen.

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Los medios no quisieron ver la docuserie

Más de un año después, el tribunal de los machitos inició un nuevo proceso en contra de Kate, esta vez desatado por el lanzamiento de la docuserie Cuando conocí al Chapo. En la producción de Netflix, estrenada el 20 de octubre de este año, la actriz mexicana narra el camino que la llevó a reunirse con el capo de la droga, comenta sus posturas con respecto al gobierno mexicano, denuncia la persecución de la que ha sido blanco y (hay que ser justos) hace más de un comercial para su marca de tequila. Kate utiliza la plataforma de la que ahora es parte para hacer visibles todos los atropellos de los que ha sido víctima, desde el cometido por Sean Penn, quien se aprovecha de ella para obtener una crónica, hasta los efectuados por el gobierno mexicano.

La voz de Kate es acompañada por la de distintos personajes de la escena mediática mexicana, incluyendo a la periodista Lydia Cacho, quien viviera junto a Kate gran parte de su defensa, a la dramaturga Sabina Berman, a las actrices de Televisa Roxana Castellanos y Fabiola Campomanes, y al también periodista especializado en investigaciones sobre la fábrica de sueños, Jenaro Villamil. En conjunto, los testimonios de estos personajes iluminan el contexto en el que se llevó a cabo la reunión Kate – Chapo – actorcillohollywoodense, así como la posterior cacería de brujas.

La mañana después del lanzamiento casi todos los diarios mexicanos hablaron de la docuserie. Irónicamente, los responsables de la redacción de tanta nota y artículo de opinión parecen no haber visto el programa. De otra manera resulta difícil explicarse que, después de tres horas de denuncias y reconstrucción de los hechos, a la mayoría de los autores les haya parecido que lo más importante de Cuando conocí al Chapo fuera la revelación de que Kate del Castillo había tenido sexo con Sean Penn.

La combinación Kate del Castillo Sean Penn El Chapo apareció, el 21 de octubre, en el número uno de las búsquedas de Google en el país. De las 18 noticias mostradas en las tres primeras páginas de la búsqueda, sólo 5 no hacían referencia a la vida sexual de Kate del Castillo. De ellas, una se centraba en la reacción de Sean Penn (TV Notas), quien ni siquiera participó en el documental, y otra se refería a la reunión entre los actores y el capo de la droga como un “triángulo amoroso de la muerte” (El País). Resulta increíble que todo el trabajo realizado por del Castillo, desde el contacto con El Chapo hasta la producción del documental, quede reducido a sus acostones sólo porque a los periodiquitos se les ocurre odiarla y, al no encontrar argumentos razonables para hacerlo, la única vía que tienen es criticar sus prácticas sexuales.

Resulta incluso más increíble cuando toda una parte de la docuserie está dedicada a denunciar la forma en que Kate fue satanizada, el año de la detención del Chapo, propagando el chisme de que había tenido alguna suerte de affaire con Guzmán Loera. La propia Catalina Ruíz-Navarro aparece diciéndolo en el programa: cuando se quiere criticar la actuación de una mujer, lo primero que se hace es hurgar en su vida sexual. “Te aseguro que si a la gente le preguntas en la calle por qué es famosa Kate del Castillo te van a decir que porque se acostó con el Chapo”, dice Ruíz-Navarro. “Cuando se trata de dañar la reputación de una mujer lo primero es atacar su moral sexual”.

Kate le quedó a deber a los periódicos un titular donde pudiesen acusarla de cualquier ilícito; al no encontrar la forma de fabricar culpabilidad, tuvieron que lincharla mediáticamente por ser mujer (pecado) y tener vida sexual (doble pecado).

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Kate en plan Mother!

Del Castillo se ha referido reiteradamente a su situación como una persecución política y ha apuntado al machismo como el fenómeno culpable de la misma. Como lo vemos en Cuando conocí al Chapo, las dinámicas misóginas que trazaron el destino de Kate iniciaron mucho antes de que el caso se hiciera del conocimiento público. Exactamente, cuando el actor Sean Penn provocó que la reunión con el Chapo, originalmente planeada para hablar de la biopic, se convirtiera en la ruta para obtener una entrevista que él explotaría más tarde, dejando a un lado el proyecto de la actriz. Del Castillo se coloca a sí misma en el ojo del huracán para hacer lo que ella considera su obligación como creadora y Penn, parasitariamente, se aprovecha de ella para conseguir sus propios fines, manifiestos y vedados.

En el tiempo que compartió con el actor, Kate se interna en una dinámica tan antigua como el patriarcado mismo, demostrándonos que el menosprecio hacia las mujeres y el ego tóxico de la masculinidad hegemónica están presentes en cada rincón de la sociedad. Del Castillo, una mujer cuya vocación, en palabras de Sabina Berman, es “contar grandes historias”, se convierte momentáneamente en la creadora que deja de lado su protagonismo para impulsar el trabajo de un hombre. Como el personaje principal de Mother! (Darren Aronofsky, 2017), Kate invierte sus energías en facilitar todos los insumos necesarios para crear una obra; el hombre, quien considera su propia palabra superior a la de cualquier otro ser de la tierra, no hace más que tomar los recursos y digerirlos, esparciendo por el mundo la presunción de lo que entiende por poesía, sin reconocer que su papel era prescindible en la creación.

Es necesario apuntar a un problema de autoría en la crónica publicada en Rolling Stone y es que ésta no aparece firmada por Kate del Castillo. Es verdad que ella no habría accedido voluntariamente a aparecer como una autora, dadas las imprecisiones contenidas en el texto; sin embargo, hubiera resultado honesto de Sean Penn reconocer que sus maravillosas palabras y la experiencia estética generada por su crónica no habrían podido producirse sin el trabajo duro de Kate en la investigación. Es verdad, ella no escribió una sola palabra; sólo expuso el cuerpo y la vida misma para obtener el material que permitiría que éstas aterrizaran en el papel.

¿Qué aporta Sean Penn a la crónica firmada con su nombre? ¿Es acaso tal la belleza de sus palabras que la investigación se habría visto mermada de no contar con la maestría de su teclado? Hay que recordarle al hombre que ser periodista significa mucho más que hacerla de escribano.

El papel menospreciado de Del Castillo en la labor periodística de Penn recuerda las palabras de Virginia Woolf en Un cuarto propio:

“[T]odas ustedes son vergonzosamente ignorantes. Jamás han descubierto nada que valga. Jamás han sacudido un imperio o capitaneado un ejército. Los dramas de Shakespeare no los escribieron ustedes, y nunca han introducido en un pueblo bárbaro los beneficios de la civilización. ¿Qué disculpa tienen? Ustedes argüirán, señalando las calles y las plazas y los bosques del mundo, repletos de habitantes negros y blancos y color café, atareados todos en el comercio, en las empresas y en el amor, que hemos tenido entre manos otra tarea. Sin ella, esos mares estarían sin navegar y esas tierras serían un páramo. Hemos concebido y criado y lavado y enseñado, tal vez hasta los seis o siete años, los mil seiscientos veintitrés millones de seres humanos que ahora pueblan el mundo, según el atlas, y eso también toma su tiempo”.

Kate, como el personaje de Jennifer Lawrence en Mother!, y como todas las mujeres que han acompañado a los artistillas, empresarios y políticos del mundo y de la historia, no pudo alumbrarnos con la luz de la poesía creada por el hombre; estaba demasiado ocupada limpiado el desmadre de éste, poniendo el orden, proveyendo de insumos y materia prima y dando fortaleza. Por algún motivo, sin embargo, el único producto valorado es el de Penn. Sean es el poeta que espera que todo lo hagan por él. Kate es la creadora que le facilita todo el proceso. El hombre, presuntuoso, ególatra como el que más, pone los detalles más superficiales de la obra y se atribuye los créditos enteros.

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Consideraciones finales sobre la ética del actor, productor, activista y superhéroe, Sean Penn

1. Penn tiene su propia agenda; sin embargo, no la hace manifiesta. Su intención de escribir una crónica no es puesta sobre la mesa sino hasta el último momento. El sólo hecho de revelarla a la mitad de la cena con el Chapo es una traición en contra de Kate y un factor extra de riesgo para el frágil equilibrio en el que ambos se sostenían en ese momento.

2. El actor pone en riesgo la vida de Kate al solicitar un permiso de periodistas para todos menos para ella. Asumir que contaba con uno es, cuando menos, una falta de consideración para quien constituía su principal contacto con el Chapo.

3. Penn se presume como activista, como un defensor de los derechos humanos, pero ¿cómo diablos puede alguien ostentar tal papel si no es capaz de interesarse por la vida de la gente que tiene alrededor? Como lo dice Lydia Cacho durante el documental: “Eso es lo que salva el mundo, que la gente haga lo que le toca, que es acompañar y ayudar a los seres humanos que están en riesgo. Lo correcto es defender los derechos de las personas”.