Tras una negociación de más de diez horas, de un total de 82 votos, el panista Ernesto Cordero, identificado como parte del grupo del ex presidente Felipe Calderón, fue electo como presidente de la Mesa Directiva del Senado para el último periodo ordinario de sesiones con 77 a favor del PRI, Partido Verde, PRD, algunos votos del bloque PT-Morena y sólo cuatro votos de la bancada panista, mientras que el coordinador priista Emilio Gamboa Patrón se quedó con la Junta de Coordinación Política, con la promesa que “cederá” esta posición a la legisladora priista Ana Lilia Herrera, del Estado de México.

La operación encabezada por el propio Gamboa Patrón confirmó lo que desde hace una semana se venía manejando en la bancada del PRI: ya tiene los tres votos necesarios de una fracturada bancada de 38 senadores del PAN, para aprobar el “pase automático” de Raúl Cervantes Andrade, actual procurador general, como fiscal general por 9 años, al tiempo que se aprestan a aprobar fast track al fiscal anticorrupción.

La intensa negociación en el Senado provocó un enfrentamiento abierto entre el coordinador de los senadores panistas, Fernando Herrera, identificado con el dirigente nacional blanquiazul Ricardo Anaya, quien acusó de “traidores” a los cuatro legisladores de Acción Nacional que aprobaron la elección de Cordero: el poblano Javier Lozano, quien se reintegró de última hora al Senado; Roberto Gil Zuarth, Salvador Vega y Jorge Luis Lavalle, los cuatro identificados con el grupo calderonista.

“Hoy, dándole una puñalada en la espalda, el gobierno ha metido la mano. Esto es un verdadero atropello, es una vergüenza. Hoy nos queda claro quiénes son los traidores, acusó Herrera, en conferencia de prensa.

A su vez, Jorge Luis Preciado, quien antes coordinó la bancada con la oposición de los senadores calderonistas, les reprochó en el pleno a Cordero, Lozano, Lavalle y a Gil Zuarth que no tuvieran “vergüenza” y tomaran protesta “cuando 34 compañeros del PAN no están de acuerdo con que tú presidas”. También acusó a Javier Lozano de retornar al Senado “para ponerse de tapete del PRI”.

En respuesta, Gil Zuarth recordó que Cordero fue antes “decapitado” por la dirigencia “porque en aquel momento nos opusimos al Pacto por México, porque en aquel momento nosotros, la parte importante de la bancada, dijimos que ese modelo de relación con el gobierno era equivocado”.

Ahora, Gil Zuarth admitió que está fracturada la bancada porque “el único inconveniente es que desafortunadamente en la fracción era preferible perder la oportunidad de la Mesa Directiva por no dejar pasar a una persona como Ernesto Cordero”.

El presidente de la Comisión de Justicia reprochó que no fue él sino otros panistas quienes aprobaron el transitorio a favor del “pase automático” del procurador en funciones, Raúl Cervantes Andrade, para ser fiscal general por 9 años. Acusó a Ricardo Anaya, cuando fue diputado, y a la senadora Marcela Torres Peimbert de apoyar esa propuesta.

La fractura entre senadores calderonistas y anayistas provocó también que la senadora Mariana Gómez del Campo, sobrina de Margarita Zavala, no quedara como presidenta de la Mesa Directiva. El bloque de senadores liderados por Fernando Herrera propuso a Laura Rojas y a Adriana Dávila, pero fueron “vetadas” por el PRI.

 

El reparto del poder y la “traición de género”

Al mismo tiempo, la operación de Gamboa Patrón facilitó que el bloque de senadores PT-Morena, con 16 legisladores, votaran a favor de Cordero, a cambio de que la presidencia del Instituto Belisario Domínguez quedara en manos de Manuel Bartlett.

El PRD, coordinado por la senadora Dolores Padierna, votó a favor de la permanencia de Luis Sánchez cono vicepresidente de la Mesa Directiva, mientras que el pleno eligió a la priista Graciela Ortiz, al panista César  Octavio Pedroza y al petista David Monreal como vicepresidentes también del Senado.

En su plenaria interna, los priistas, que quedan como la bancada más grande del Senado, descalificaron la propuesta de las panistas Laura Rojas y Adriana Dávila, ambas cercanas a Ricardo Anaya.

El “veto” de los priistas provocó que en tribuna, la senadora Adriana Dávila afirmara: “qué lástima. Sé que en el PRI muchas mujeres tienen que agachar la cabeza para seguir avanzando”.

A su vez, la senadora Marcela Torres Peimbert acusó a sus propios compañeros del PAN que votaron por Cordero de “traición de género” porque “traicionaron a cambio de dádivas”.

En la completa revelación de los secretos de la negociación, el dirigente de la bancada del Partido Verde, Carlos Puente, acusó a los propios panistas coordinados por Fernando Herrera de vetar a la senadora Mariana Gómez del Campo, sobrina del ex presidente Felipe Calderón.