La CDMX y el Estado de México fueron sacudidos en los últimos meses por dos actos atroces. La primera a causa del feminicidio de Lesvy Berlín, quien fuera encontrada en las instalaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México y quien recibiera un trato criminalizante por parte de la Procuraduría General de Justicia. El segundo también por un feminicidio, el de Valeria Teresa, sucedido el 8 de junio en el municipio de Nezahualcóyotl. Con sólo 11 años de edad, a Valeria le arrebataron la vida el machismo y la impunidad que reinan en el Estado de México. Con apenas poco más de una década de estancia en este mundo, Valeria se enfrentó a la cara más despreciable de la violencia que día con día padecen todas las mujeres de la entidad (mal)gobernada por el grupo Atlacomulco. En el #DíaNaranja, jornada dedicada a la lucha contra la violencia de género, es vital recordar a las autoridades que defender los derechos de las mujeres, las niñas y las adolescentes es mucho más que poner una foto de perfil naranja en sus cuentas de Facebook.

De acuerdo con el Observatorio Ciudadano Nacional del Feminicidio, este tipo de actos bestiales son fenómenos sociales, culturales y políticos que atentan contra las vidas de las mujeres si necesitar mayor motivo que una profunda misoginia. Los feminicidios son asesinatos guiados por el odio y normalmente antecedidos por acoso, maltrato, humillaciones y violencia sexual. Aunque en 2012 el feminicidio fue tipificado en el Código Penal Federal, anualmente se emiten alrededor de 19 condenas en este sentido en el país, un número que contrasta con las más de 300 denuncias que se presentan año con año. No hay que olvidar, además, todos esos casos invisibles que no llegan ni siquiera a ser denunciados debido a la violencia estructural.

De acuerdo con datos del INEGI, entre 2013 y 2015, siete mujeres fueron asesinadas cada día en el país. El Estado de México, próximamente gobernado por la moral retrógrada de Alfredo del Mazo, se coloca a la cabeza de estos actos deleznables. Tan solo en 2015 se cometieron cuando menos 406 feminicidios en las tierras de Eruviel; para 2016 la cifra habría sido de 263. Ni siquiera Ciudad Juárez, en sus años más funestos, vio efectuarse una masacre de estas dimensiones. Las autoridades priistas, con todo y la mucha preocupación por los derechos de las mujeres que dicen sentir al repartir tarjetas rosas, no reconocen ni una cuarta parte de estos crímenes como feminicidios. La impunidad, cual cereza en este pastel de muerte, prevalece en el 95% de todos los delitos cometidos en el EdoMex.

La falta de un registro nacional serio de feminicidios, o de sus análogos estatales, es un claro reflejo de la poca importancia que el gobierno da a las vidas de las mujeres. Los datos disponibles son normalmente aquellos que recaba la sociedad civil, como el caso del Mapa de Feminicidios en México, una iniciativa ciudadana que ha denunciado que en el país se cometieron 1,985 feminicidios en 2016 y 369 de enero a marzo de 2017.

Qué bonito que las dependencias de gobierno pinten sus perfiles de naranja el día de hoy y que se gasten los dedos en mensajes progres de 140 caracteres. Ojalá la justicia se impartiera a golpe de retuits y que unos cuantos likes fueran suficientes para devolverle la vida a quienes les ha sido arrebatada.