José Manuel Míreles Valverde ha dejado la prisión en la que de manera absurda permaneció durante 3 años. Su libertad, sin embargo, no ha significado la justicia puesto que las autoridades siguen con un proceso del cual no ha sido exonerado a cabalidad, mismo que se yergue como una espada sobre su cuello ante el evidente uso político de la ley en su contra.

Y es que el líder de las autodefensas resulta un hombre incómodo para el régimen. Su capacidad de atraer reflectores derivada de su arrojo, así como de su habilidad para sobrevivir, política y físicamente, ante condiciones extremadamente adversas, son factores explosivos que se agregan a lo incisivo de sus cuestionamientos sobre el grado de corrupción de la clase gobernante.

Un poco más mesurado, aunque con la agudeza de sus criticas más afinada, Míreles ha insistido en que “la lucha debe continuar” y si bien ha dejado entrever que las armas ahora podrían ser otras, ha dicho que sólo hasta que haya paz, podría darse “el lujo de dejar de luchar”.

Medico de formación, Míreles Valverde sabe bien que el diagnóstico de la entidad y del país sigue siendo el mismo que provocó la efervescencia de los grupos de autodefensa. La inseguridad galopa aún sobre el lomo suave y acolchonado de la impunidad y la corrupción de las autoridades, la crisis social que desmiembra familias y desarticula valores esta acelerándose como producto de la falta de oportunidades y de la terrible desigualdad, la crisis aguda de representatividad y de legitimidad que padece el gobierno es el acicate que obliga a la ciudadanía a pensar en formas de autorganización y en algunos casos de autogobierno.

Por ello es que los ingredientes de la mezcla que dieron pie a esa manifestación de hartazgo en la tierra caliente michoacana están puestos en la mesa. Míreles lo sabe, pero su reacción ahora se sopesa con otros factores y con la apertura de muchas más alternativas. Sin embargo, el movimiento de las autodefensas podría impregnarse en el destino del país y de Michoacán, si es que su líder decide que sus posibilidades de lucha se abran en el terreno de la sociedad civil.

Sin embargo, las tentaciones sobrarán para Míreles ante el permanente asedio de los partidos políticos de cara a la coyuntura del 2018 y lo rentable que podría resultar en términos de votos su figura. Sin descalificar la vía electoral, el líder de las autodefensas podría ser la punta de lanza de un proceso de recuperación social de la capacidad de asombro, del cual la representación en espacios públicos podría ser la consecuencia, quizá no la causa.

Por ello, desde que salió en libertad, Míreles ha pedido a muchos ciudadanos a unirse al llamado para despertar conciencias. Las consecuencias de que el futuro del país se debata desde la conciencia de los ciudadanos podrían significar una verdadera vanguardia transformadora que derive en efectos en el proceso electoral venidero, pero con resonancias mucho más allá de esa inmediatez.

Las alternativas de Míreles son bastas pero no se trata sólo de él. El doctor sabe que el malestar del país debe ser combatido con un remedio amplio espectro. Por ello es que quizá a su figura le sigan otras, probablemente con menos barba y bigote, con mucha menos agudeza o sin la estatura física y moral de su persona; pero todas haciendo eco a su pertinente llamado a sacudir el alma ante la injusticia.

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