Joaquín Hurtado tiene una pluma en la mano y no teme hacer uso de ella. Lo cuenta todo, el machismo, el tiempo, los pasos, la homofobia, la serofobia, sus libros, las agresiones, las crónicas, los medios de comunicación que lo rechazaron antes de publicar su primer libro, las personas que entraron en su vida o que se fueron. Y precisamente el tiempo, es a lo que más le teme. —Me atreví a asegurar frente al público—, que Joaquín Hurtado escribió Crónica Sero, por que no sabe construir armas, ojivas nucleares. Porque como el prologo de su libro lo dice: Quiso escribir un manifiesto insurrecto, pero terminó escribiendo un poema de amor.

Joaquín Hurtado es un escritor vertiginoso y un hombre contestatario, que asegura ser escritor para denunciar a lo que él califica como “la catástrofe sanitaria”. Su obsesión con el tiempo lo obligó a llegar al evento con más de media hora de anticipación. Siempre caminó acompañado de su esposa. Yo me lo encontré en los pasillos de la feria.

El libro del que habló frente a los asistentes de la Feria Municipal del Libro de Guadalajara recoge una serie de 73 crónicas publicadas y compiladas el 2003, originalmente pertenecían al suplemento mensual del diario La Jornada Letra S, con el que según las propias palabras del escritor, pretende generar conciencia. Mantener su activismo vivo.

Hace ya más de 10 años que trabajaste con Lado S, ¿cuál es la diferencia más grande entre narrar el VIH?

—Los avances científicos principalmente. Ahora cualquier persona diagnosticada a tiempo puede vivir normalmente. Antes las personas ni siquiera sabían que la enfermedad existía.

Existe una gran interpretación literaria de lo que viven los personajes de tu libro. ¿Existe alguna dedicatoria en específico, escribiste pensando en alguien?

—Primeramente, es un homenaje a mi mujer, pero también a todos esos seres anónimos que lucharon y que se quedaron en el camino. Decenas de personas que ya no están en este mundo y que estuvieron luchando desde la trinchera cultural, la política, la de los medios de comunicación, del activismo de la diversidad sexual, pero de manera anónima.

¿Tuviste problemas con la identidad de los personajes?

—Sí y no, sí porque una regla que me impuse, —y que fue muy difícil—, fue la de por ejemplo si el personaje tenía 40 años, ponerle 30, para que el primo, la tía, o el vecino, no se dieran cuenta de que “Ah, lo vi con Joaquín, entonces Joaquín lo está poniendo en el libro, y comenzó a adelgazar muy rápido, o le dio diarrea, y toda esa evolución natural de una enfermedad”, porque destruye el sistema inmunitario. Y eso fue con lo que tuve que jugar un poco.

Ya superaste a la enfermedad, a la comunidad de libreros y a los editores, incluso al hecatombe del sistema de saludo ¿A qué le teme ahora Joaquín Hurtado?

—Híjole, mejor no me preguntes eso. Al tiempo creo yo, o a dañar a alguien con mis palabras; del tiempo temo que se termine, dejar de escribir teniendo aún mucho que decir; de las palabras, el daño que pueden ocasionar, recuerdo alguna vez que en un centro comercial me encontré con un amigo al que le hice una broma muy pesada y años después me reclamó, uno no sabe el daño que puede estar causando con las palabras.