En 1954, la novela Lilus Kikus, de la joven narradora y periodista Elena Poniatowska fue reseñada de esta manera por Ermilo Abreu Gómez, el escritor yucateco, gran conocedor de la obra de Sor Juana Inés de la Cruz, quien sentenció:

“Se trata de un libro insólito. Así no se escribe en nuestro México actual. Elena Poniatowska, como muy pocos escritores de hoy, tiene lo que se dice el sentido del idioma”.

Al final de aquella reseña, Abreu Gómez concluyó que “casi no entiendo que una persona tan joven haya logrado tal dominio en su manera de escribir”.

Desde aquella primera aventura literaria hasta ahora, Poniatowska ha confirmado no sólo su dominio del sentido del idioma en México sino también su profundo sentido periodístico ante las tragedias de las últimas seis décadas en nuestro país y su sentido humano frente a las figuras civiles, literarias, artísticas e intelectuales que han forjado la nación.

Lilus Kikus, aquel álter ego de Elena, se ha convertido en una voz madura, que no pierde la ingenuidad, pero tampoco la indignación ni la pasión por lo que sucede en México, el auténtico reino al que se adoptó la joven princesa polaca.

A sus 85 años de edad y tras recibir la Presa Sor Juana Inés de la Cruz, Poniatowska confirma lo que presagió Ermilo Abreu Gómez y lo que analizó el universal Juan Rulfo, de quien celebramos su centenario, cuando escribió la reseña de aquella niña llamada Lilus Kikus:

“Lilus sabía poner orden en el mundo con sólo estarse quieta, sentada en la escalera espiral de su imaginación, donde sucedían las cosas más asombrosas, mientras con los ojos miraba cómo se esfumaba el rocío y un gato se mordía la cola o crecía la sonrisa de la primavera…

“Pero Lilus era también endiabladamente inquieta: corría a preguntarle a un filósofo si él era el dueño de las lagartijas que tomaban el sol afuera de su ventana.

“También divagaba cómo hacerle a Dios un nido en su alma sin cometer adulterio e investigaba con su criada Ocotlana de qué tamaño y sabor eran los besos que le daba su novio.

“Todo en este libro es mágico y lleno de olas de mar o de amor como el tornasol que sólo ese encuentra, tan sólo en los ojos de los niños”.

La “endiabladamente inquieta” Elena Poniatowska, como Lilus, ha retratado con su pluma las tragedias más crudas de nuestro México desde La Noche de Tlatelolco, el libro canónico del movimiento y la matanza estudiantil del 68, Fuerte es el Silencio, retrato de los luchadores sociales publicado en 1980, Nada, Nadie, las Voces del Temblor, otra gran crónica de los héroes y heroínas hasta entonces anónimos de los sismos de 1985 en la Ciudad de México, Amanecer en el Zócalo, relatos del plantón contra el fraude electoral del 2006.

Sin perder su inquietud literaria, Poniatowska también nos ha sorprendido con la intensidad de libros como Hasta no Verte Jesús Mío, Tínisima, Querido Diego, Te Abraza Quiela, La Piel del Cielo, un homenaje extraordinario a su esposo Guillermo Haro, o su revisión biográfica de Leonora Carrington en Leonora y sus recientes perfiles de las mujeres indómitas e indomables que, como ella, son un oxígeno en medio de tanta tragedia nacional.