Se ha hecho claro lo que en diversos espacios y medios de comunicación se especulaba: que el Gobernador de Michoacán aspiraría a la candidatura del Partido de la Revolución Democrática a la Presidencia de la República rumbo a la elección del 2018.

Este anuncio hecho por voz del propio Silvano Aureoles Conejo (que no despierta mayores sorpresas en la agenda pública a nivel nacional puesto que ya se rumoraba sobre el mismo) ha levantado más de alguna ceja entre diversos actores la vida política y social de la entidad gobernada por el perredista. Y es que pese a que sus aspiraciones son legítimas y válidas para un político con el ascenso meteórico que ha tenido Aureoles, de concretarse su candidatura, a Michoacán podría agregarse un gobernante más a la ya larga lista de personajes que han desfilado por el solio de Ocampo en los últimos años.

La inestabilidad política que ha significado para Michoacán el hecho de que en poco más de 30 años hayan transitado 11 gobernantes, que en períodos constitucionales normales lo hubiesen hecho en el doble de tiempo, es indudable. Con cada gobernador han marchado una cantidad innumerable de titulares de áreas estratégicas para el desarrollo y la conducción de la entidad como finanzas, seguridad, gobernación o procuración de justicia.

En un artículo recientemente publicado por el economista David Brady en el portal del Foro Económico Mundial, se evidencia la fuerte correlación que existe entre el aumento de la inestabilidad política y el empeoramiento del desempeño económico en diversas sociedades. Una de las cadenas de transmisión entre estas dos variables señaladas por el académico de Stanford está en que la incertidumbre política genera dificultades para la inversión, aunado a que la primera reduce las posibilidades de definir agendas de largo plazo en materia de políticas públicas integrales, coherentes y sostenidas.

Para Michoacán, los resultados parecen dar síntomas de que esta correlación también es válida. Por ejemplo, durante el período de los dos gobiernos de izquierda consecutivos, mismos que fueron concluidos por sus respectivos mandatarios –Lázaro Cárdenas y Leonel Godoy- la estabilidad política permitió generar mejorías importantes en materia de empleo o en variables estratégicas como el Índice de Desarrollo Humano cuyo comportamiento fue ligeramente mejor que el de la media nacional.

Por lo anterior es que resultaría conveniente para la sociedad michoacana escuchar de la propia voz de Aureoles Conejo un balance de las implicaciones que tendría para la gobernabilidad y la estabilidad económica y social de la entidad sus válidas aspiraciones políticas; más aún cuando se trata de un gobernador que fue el recipiendario de la confianza de un buen número de michoacanos que se sentían defraudados de un gobierno estatal caracterizado por el vaivén de mandatarios interinos, sustitutos, reales, de facto y hasta virreyes.

En este cálculo por supuesto deberán incluirse las salvaguardas que tomará su administración para garantizar la continuidad y la evaluación de las políticas públicas que su gobierno ha trazado, así como los indicadores a través de los cuales los ciudadanos podemos mantener una vigilancia sobre el uso de los recursos públicos y el impacto que genera el empleo de los mismos en los diferentes programas, obras y acciones.

La moneda del interinato está en el aire y parece agitar las aguas de la vida de la entidad. Las dudas sobre los perjuicios del mismo asaltan a una sociedad que ya ha sido castigada en el pasado. Habrá que esperar las argumentaciones que se esgriman en favor de la solidez institucional de Michoacán en medio de este posible relevo.

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