Conversé con un amigo periodista sobre la extinción de los medios impresos. Mi amigo estaba al borde del llanto. Tiene 50 años y ha invertido 30 en los medios de comunicación. No maneja las redes sociales, no lee noticias por internet, no sabe usar teléfonos inteligentes.

— ¿Qué va a ser de mí?— dijo muy afectado, mientras intentaba sorber un poco de café.

—Puedes llorar, no voy a juzgarte. Es más, puedes llorar aquí mismo. Puedes hacer eso o crearte un perfil en redes sociales, o sea, digitalizarte.

—¿Qué va a ser de mí?, ¿Qué va ser de mí?—repitió, pero ya no hablaba conmigo.

Es cierto: los medios digitales poco a poco le ganan la batalla al periodismo impreso. De hecho, le ganan la batalla a cualquier medio de comunicación en papel. Ganan porque leer noticias en línea es más práctico, más eficiente. No implica salir a la calle y gastar efectivo; tampoco tener el clásico montículo de periódicos macilentos que a larga acarrean termitas, o como diría tautológicamente un amigo editor: “Traen espíritus muertos del pasado”. Además la sagrada digitalización trajo con su efluvio nuevas técnicas de periodismo que agrupan en una sola nota o artículo diferentes maneras para consumir la información. Tenemos el caso del New York Times, Sin Embargo, Aristegui Noticias, Vice, donde podemos encontrar notas que integran imagen, texto y video, o solo video y texto, o solo imagen y texto, como lo prefiera el consumidor que por lo general vive tan aplastado por el sedentarismo, tan atareado repasando el muro de inicio de Facebook, que no puede darse el lujo de leer (¿Quién en la actualidad puede darse el lujo de leer? ¡Maldita costumbre burguesa!), pero sí de ver un video de unos cuantos minutos o la fotografía de un cuerpo acribillado.

Pero para todo esto debemos tener en cuenta que Facebook pasó de ser una simple red social a una megaplataforma, una grandiosa, genial, herramienta de difusión donde los usuarios no solo esperan encontrar selfies o fotos de la abuelita “Juana” sentada en la terraza dando sus últimos suspiros, sino que entran en busca de noticias, productos, eventos, pornografía, trata de blancas, drogas, grupo terroristas. El Facebook ha obtenido tantas funciones que deberían cambiarle el nombre. Yo podría proponer algunos.

Por otro lado, los administradores de la red social, entre ellos el semidiós Mark Zuckerberg, han asumido la importancia de su red para la difusión de noticias. Han reparado que a través de la red se informa un porcentaje mayoritario de la población mundial. Han reparado, también, en que gran parte de esas noticias son amarillistas o abiertamente faltas, y que es necesario llevar un control para sacarlas apenas toquen el ágora virtual. Así pues, convocaron una junta a la que asistieron decenas de compañías, tanto de medios digitales como televisivos, con el fin de reducir la información pirata en las redes. A la junta, en la que probablemente tomaron excelente café y hubo canapés, fueron directivos de Vice, ABC y NBC, BuzFeed, entre otros.

La directiva de Facebook declaró:

«Como dijimos cuando anunciamos el Proyecto de Periodismo Facebook, estamos comprometidos a trabajar más estrechamente con la industria de medios en el desarrollo de productos para el periodismo. La semana pasada, nuestros equipos de productos y asociaciones celebraron varias mesas redondas en Nueva York y Londres con más de 100 editores, donde aprendieron mucho de ellos. Estamos muy contentos de continuar esta profunda colaboración».

(Cuánta alegría conlleva acabar con el amarillismo. Voy a llorar.)

Por su puesto, igual hablaron sobre cómo saldrán beneficiados económicamente con las futuras innovaciones. Por ejemplo, pretenden agregar a las transmisiones en vivo de Facebook videos publicitarios, denominados de Mid-Roll. Estos videos, o pausas publicitarias, se restringirán para editores o estrellas del espectáculo que tengan al menos 2,000 seguidores, al igual que en transmisiones en vivo que posean desde 300 espectadores. Los videos le pertenecerán a un grupo reducido de socios. En síntesis, habrá más comerciales. Qué maravilla.

Los videos fueron un tema principal en la reunión y son un tema importante a nivel mundial. Como mencioné, en la actualidad son un recurso informativo que satisface a ese porcentaje de consumidores que no están dispuestos a leer, los cuales suelen decir de sí mismos:

“Es que la neta yo soy más visual”.

Pues bien, no se preocupen. Me topé con la noticia de que McClatchy, una de las compañías publicitarias más importantes en Estados Unidos, la cual tiene su base principal en Sacramento, California, piensa instalar uno de sus mejores proyectos al oeste de Estados Unidos: Video Lab West, sitio en el que han comprendido la importancia de la “narrativa” a través de videos, y donde desarrollan importantes proyectos como videos de realidad virtual, realidad aumentada, 3-D y 360. Según ellos, a la larga, estas implementaciones “salvarán al periodismo”. ¿Cómo? No lo sé.

Igual es importante destacar que la compañía entregará becas para artistas digitales interesados en este rubro, para lo cual ha establecido convenios con importantes industrias como Google y YouTube, mismas que darán clases a los becados.

Aquí adjunto algunas declaraciones de Meghan Sims, director de productos de video de McClatchy y futuro director del proyecto Lab West:

«Esta industria ha visto el poder de construir una comunidad. Realmente estamos buscando una base para que estos creadores vengan y aprendan más sobre esta nueva ola importante de producción de video».

“No veo un mundo adelante sin video, es parte de todo lo que hacemos. Ahí radican las nuevas interacciones de los usuarios de redes con los portales informativos”.

Entonces, ya tienen a la mano algunos pasos que han dado los medios digitales por encima de los medios impresos para el manejo de la información.

—¿Qué va ser de mí?, ¿qué va a ser de mí?—continuó repitiendo mi amigo periodista, adoptado paulatinamente una posición fetal.

Yo pagué la cuenta, salí corriendo.

Fuentes: Poynter, Digiday.