Pensar y recordar… es la forma humana de echar raíces,
de hacernos un lugar en este mundo al que todos llegamos como extranjeros
Hannah Arendt

Para Bajtin, uno nunca se ve a sí mismo como algo delimitado, sino como un proceso, un continuo indefinido e inacabado imposible encerrar, mientras que la visión del otro siempre es como algo completo. Uno lo concluye, al verlo y definirlo, lo enmarca. Sirva esto para comprender —por ejemplo— cómo hasta que un niño antisemita le gritó por la calle “¡Judía!” a Hannah Arendt, nacida en Alemania en 1906, ella se supo judía, según la entrevista que le hiciera Günter Gauss en 1964.

Este atrevimiento definitorio y desde la crueldad sería hoy imposible, no por la erradicación de estos actos, sino porque Arendt —en aposición a lo dicho por Bajtin— parece una otra imposible enmarcar. Probablemente aún no tenemos líneas lo suficientemente amplias para bosquejar a una de las más grandes teóricas políticas de la historia, que además se distingue por su capacidad para entrar y salir de sí misma. Su pensamiento, como acción; y su realidad, como espacio personal, se construye en dicha alternancia. Parece que se mirara desde fuera, suspendida y en lo alto, mientras utiliza las pieles de los otros para entender. Pensó y escribió como una acción de comprensión, sin imaginar qué sucedería con las ideas y sus implicaciones; escribió en libertad y sin buscar influir, pues según su mirada, la influencia es una necesidad masculina que no estaba en ella.

Así, seguramente no imaginó la fuerza que hoy ha tomado su obra, agotada incluso en Amazon durante semanas. Y tampoco se habría visto como el centro del segundo Readin (inspirado en los “sit-in” del movimiento por los derechos civiles) que propusieran diferentes organizaciones internacionales de antropólogos, como respuesta al cambio de gobierno estadunidense. Sin embargo, así ha sido, y Los orígenes del totalitarismo (1951) el día de hoy circula y se desmenuza por todo el globo. Resultando además, por cercanía, escalofriante.

Habría que preguntarnos si la autora no ha perdido vigencia, o si más bien pudo dilucidar, como pocos, que lo que sucedía sería una condición continua. Su visión fue clara al cerrar su capítulo IX afirmando: “el peligro estriba en que una civilización global e interrelacionada universalmente pueda producir bárbaros en su propio medio, obligando a millones de personas a llegar a condiciones que, a pesar de todas las apariencias, son las condiciones de los salvajes”. Hoy sabemos que nos sucedió, que el peligro nos abrazó y consume. Su pensamiento, como ella, se desborda y traspasa cuando encontramos en su texto realidades tan absolutas y actuales como: “la inflación destruyó a toda clase de pequeños propietarios más allá de cualquier esperanza de recuperación”; “una vez que abandonaron su país quedaron sin abrigo (…) carecieron de derechos y se convirtieron en la escoria de la tierra”; “más y más grupos de personas para quienes de repente dejaron de aplicarse las normas del mundo”; “el odio (…) comenzó a desempeñar un papel decisivo en todos los asuntos”; entre otras. Esto llega desde la posguerra de Hannah con sus migraciones y la violencia inscrita como un ejercicio de poder en un contexto de aniquilación constante; y se plasma en nuestro tiempo como la circunstancia de las minorías, los refugiados y los migrantes, como el resultado de una política global y destructiva, y una crisis humanitaria que ha invadido no sólo a Estados Unidos sino al mundo. El odio y la incomprensión del otro como motor y camino, la desconsideración y la desigualdad como constante.

Arendt hace que nos miremos también desde lo alto, es más una activadora de preguntas que una generadora de respuestas. Al escribir se pone y quita lentes, invitándonos a que tomemos los ojos del otro prestados y que veamos también otros mundos. Todo, para pensar —como una acción— lo que hacemos y somos. Lo que pasa en nosotros y en el otro, desde nosotros y el otro. De forma consciente y responsable: para comprender. Sin aprisionar, ni delimitar.

Generosa, al hablar de Jaspers, dice que donde él aparece y habla, se hace la luz. Hoy, en tiempos de obscuridad —tomando el término que ella misma dibujara—; su voz, textos, pensamiento y humor, hacen también la luz.

*El texto surge por la invitación de Rodrigo Llanes y Antonio Salgado a sumarse a la reflexión en el marco de este segundo #AnthReadIn

Mérida, Yucatán
giovanajaspersen@gmail.com

Vía La Jornada Maya