He subido con Betsy, mi peluquera, en San Miguel Tecamachalco. Ya me tocaba.

Siempre hablamos, con mayor libertad cuando está sola, mientras me corta el cabello y como estábamos en la víspera del día de San Valentín, la charla giró en torno del amor.

¿Cómo se transcelebra San Valentín en esta época de conservadurismo y discriminación, de odio y clasismo? Ella me dijo que tenía una cita a las doce, en el metro Normal. Le pregunté que si era al medio día. Con la cabeza, me lo confirmó.

No irá a trabajar. Su patrona todavía no lo sabe. Ignoro cómo y cuándo se lo va a decir… aunque el hecho de dejar el trabajo por una cita es significativo: prefiere salir por los pájaros en vuelo y permite escapar al que tiene en las manos.

El chico en cuestión es un hombre que quiere todo con ella. Algo serio. Le ha contado que tiene un departamento en Querétaro y le ha preguntado a Betsy si se iría con él. Todo ha sucedido por Face, que es el escenario donde sucede todo, en contraste con la monotonía de la vida cotidiana.

Inmediatamente le pregunté a Betsy si me iba a dejar… ¿Quién me cortaría el cabello? Aunque, sin transición, añadí que yo sí me iría a Querétaro.

Ella también. Betsy asegura que no le tiene miedo a nada. ¡Esas son las trans! ¡Arrojadas! ¡Mujeres enamoradas! ¡Mujeres que se la juegan!

-Claro, uno no puede irse con un desconocido porque le puede pegar, agrega Betsy.

Entre mí pensé que pueden pasar cosas mucho más graves. Como la trata: allí están los elementos. Ella ilusionada y totalmente aislada en una ciudad que ella no conoce.

También me dijo que este fin de semana, otro chico la había dejado plantada. Que el chico le habló muy tarde cuando ella ya se encontraba de regreso. Estaba ya en Plaza Toreo. Iba camino a Satélite…. Ahora está viviendo en Cuautitlán. A dos horas de su actual trabajo. Está viviendo con la familia. Lo cual no evita que Betsy pierda cuatro horas al día: dos para llegar a Tecamachalco y dos horas, en la noche, para regresar a casa. Se cambió porque aquí nadie la visitaba. Todo mundo decía que era muy lejos. Cuautitlán, también está muy lejos, pero allí vive con la familia. Aquí vivía sola.

La charla siguió por la deriva de las generalizaciones: los hombres son todos iguales; que la dejan plantada; que son informales; que no tienen palabra…

Hay que decir que ella es de fantasía fácil. Riega copiosamente combustible a la imaginación. Se ilusiona. Al final, sucede lo de siempre. Le rompen el corazón.

¿Cómo no verse reflejado en este relato tan sencillo? Me quedé callado y le respondí:
-Primero me hablas de ilusiones; luego terminas con el corazón roto. Pareciera como si tu corazón fuera una ilusión y no es así. Tu corazón es tu corazón y punto: late, es fuerte, se emociona y no puede romperse como las ilusiones…. Estas sí están hechas para romperse. Las ilusiones hacen de una persona un iluso. Quien se deja llevar por las ilusiones es un iluso, en el peor sentido de la palabra, aquel que raya con tonto y falto de razón, infantil, ingenuo, bobo, crédulo.

¿Que son las ilusiones sino la manera más rápida para resolver nuestros anhelos, los más profundos y los más urgentes? Y sobre todo nuestras carencias con las cuales no podemos….

Ser iluso, es esto. ¿Ok? Echarse a volar en el cielo de la fantasía, para precipitarse inmediatamente en el duro suelo de la realidad.

Pero es también un acto de rebeldía. Una manera de corregirle la página a la realidad. De rehusarse a admitirla y pensar que todo puede cambiar con la aparición de ese otro tan colmado de atractivo, tan colmado de atributos, que nos protegerá de nuestras carencias al mismo tiempo que de nuestras angustias. Forman el par perfecto: uno con vacíos; el otro colmado (en la fantasía).

De todas formas, le dije que había que saber distinguir entre las ilusiones y el corazón. Uno es de gran corazón y lo entrega. ¿Qué mal hay en ello? Ninguno. Excepto que ese corazón está destinado a tener un gran número de vendajes, suturas, fisuras, curitas.

Las ilusiones están hechas para desilusionarnos, para rompernos y para transitar en la vida como desilusionado, triste y a la deriva, de las propias ilusiones, es decir, a la deriva de la espera. De no querer admitir que no hay nada que esperar y que lo único que hay al final de cada episodio es soledad, mayor tristeza, pesimismo.

Es mejor volver la cara al trabajo que hay que sacar. Que la realidad concreta, pura y dura es ganarse el pan y realizar ese trabajo. No hay más nada que la satisfacción que aporta el trabajo. Es decir, nuestras obras, nuestros hechos.

El otro está ocupado con lo mismo. Con su carrera, con resolver los escollos que le pone la vida cotidiana. Por bogar trabajosamente entre los trámites y diligencias de la vida de todos los días.

Añadió que el problema es que hay otras trans que permiten a los hombres decir cualquier cosa. Finalmente, a ellas no les importa nada porque se andan acostando con este y con aquel. Entonces, si las dejan plantadas no importa.

Curiosa formulación de que las trans echan a perder a los hombres y los educan en ser informales. Entonces tampoco hay solidaridad en el mundo trans….

Así le pasó con otro con el que acaba de terminar, al que le dio una segunda oportunidad y volvió a salir con su domingo ocho. Ya decidió ya no volverle a dar otra oportunidad. Ya fue mucho. Fueron dos oportunidades y no va a haber una tercera ni una cuarta ni una quinta. Porque ya se acabó.

El chico que la dejó plantada el domingo, le habló nuevamente a las once de la noche para explorar si la podía ir a verla. Claro, no es lejos, pues el chico en cuestión vive en Ecatepec. Betsy le dijo que ya no; ya no lo va a volver a ver. Si quiere otra vez, entonces tendrá que ir a Cuautitlán (?). Porque ella ya no vuelve a hacer nada.

En la media hora que permanecí en la estética que se llama Doigts de fée, Betsy me habló de tres hombres. Dos de los cuales la han dejado plantada. Me habló entonces de dos veces en el pasado más reciente en que le han roto el corazón. Dos veces en el lapso de una semana. Se trata de muchas ilusiones y de otras tantas desilusiones.

¿Cómo hacer? ¿Qué hacer?

Le dije que el nombre de la estética, ella se lo había puesto. Asintió con la cabeza.

-Pues claro, eso no puede ocurrírsele a cualquiera sino a ti.

Me dijo que su patrona ni siquiera tenía idea de cómo llamar a la estética.

Le dije que sí: “Dedos de hada…” ella pensaba que quería decir dedos mágicos. “Hada” va por allí.

Imagino que la gente de los alrededores ni siquiera entiende qué es Doigts de fée, Dedos de hada.

Betsy no solo tiene dedos de hada, o dedos mágicos; sueña como un hada. Vive duramente con un gran caudal de fantasía, esperando al galán serio y formal que quiera emprender una relación perdurable, enriquecedora.

Me parece que quizá en alguna parte de nosotros, mora la misma fantasía.

Vía Elegebeteando