Los Ángeles, California.- Desde temprano los vagones del metro iban repletos. Cualquiera que se dirigiera a Pershing Square, en el centro de la ciudad, para asistir a la Marcha de Mujeres, podía intuir que éste iba a ser un evento multitudinario, pero no que reuniría, según cifras del comité organizador, a más de 750 mil personas.

De acuerdo con información del Departamento de Recreación y Parques de la ciudad, disponible en su página de internet, a la marcha del sábado 21 llegaría solamente un millar. A las movilizaciones del 20 de enero, día de la toma de protesta de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, se estimó que arribarían cerca de 21 mil personas al downtown angelino. Nada más alejado de la realidad: tan sólo unos cuantos cientos -que huyeron o se resguardaron de la tupidísima lluvia- se dirigieron a la calle de Spring, frente a City Hall, en donde la organización Unidos contra el Odio colocó un templete al que subieron diversos oradores para mostrar su completo rechazo al nuevo mandatario.

Pero el 21 de enero de 2017 fue completamente distinto: mujeres jóvenes con gorros rosas que representaban una vagina, niños, niñas, esposos, novios, novias, mujeres, miles de mujeres -en cuyas manos portaban cartulinas de todos colores en las que podían leerse “El negro es hermoso”, “Las mujeres son perfectas”, “Pequeño muñeco de Putin”, “Esperemos que la marcha controle penes”, “Los sueños no se construyen en el odio” y “El machismo mata”, entre otras frases- caminaron, se hicieron dueñas de las calles y desbordaron todos los pronósticos.

El Departamento de Policía de Los Ángeles desde temprano en varios tuits ya advertía a los automovilistas que se abstuvieran de transitar por el centro de la ciudad. A su vez, Emiliana Guereca, una de las organizadoras del evento, en entrevista telefónica declaró muy entusiasmada hace algunos días que 80 mil personas habían confirmado su asistencia a la marcha a través de sus páginas en Facebook y Evenbrite. Calculó que podían llegar muchas más, pero no pudo corroborar esta estimación en cifras.

Ayer 21, alrededor de la una de la tarde, un oficial de policía que se encontraba resguardando la entrada de City Hall dijo que los informes reportaban entre 150 mil y 200 mil personas. Él mismo se mostró muy satisfecho con esos números. “Bastante bueno. Eso era lo que todos queríamos”. No obstante, dijo que el programa establecido en el permiso otorgado por Recreación y Parques ya no se había cumplido: los asistentes debían llegar primero a Pershing Square, escuchar a los primeros oradores, caminar rumbo a City Hall y regresar a Pershing Square para seguir escuchando a más oradores, como la actriz Jane Fonda, Eric Garcetti, el alcalde de la ciudad, o legisladores y funcionarios locales.

-¿Entonces cuál es el programa? –preguntó Alberto, un descendiente de mexicanos que vive en el Este de Los Ángeles.

-No lo sé –contestó el policía.

Miles de personas se desplazaban por las calles aledañas al centro de la ciudad, sobre todo por Broadway, que se convirtió en un auténtico corredor masivo en defensa de la diversidad étnica y sexual. Vendedores de comida compartieron el espacio con numerosas asociaciones civiles que luchan contra la trata de mujeres o contra la posesión de armas de fuego, partidos políticos locales, cineastas independientes que ofrecían propaganda e invitaban a afiliarse a su causa. Mientras muchos de los asistentes se enfilaban rumbo a Broadway y la Calle Sexta -desde donde los oradores mostraban sus posturas en favor de los derechos humanos-, otros tantos colocaban sus cartulinas en un mural de madera o meditaban, cruzadas las piernas y en plena calle, ajenos al ruido ocasionado por los helicópteros que sobrevolaron desde temprano el primer cuadro de la ciudad.

Evelyn Castañón, integrante del comité organizador de la Marcha de Mujeres en Los Ángeles, comentó que había saldo blanco, sin heridos ni disturbios, pero dijo no saber el número aproximado de asistentes. No fue sino hasta después, que en el templete se anunció que al evento habían acudido cerca de 750 mil personas.

Entre los discursos más significativos estuvo el de la presidenta de la Coalición por los Derechos Humanos de los Inmigrantes en Los Ángeles (CHIRLA, por sus siglas en inglés), Angélica Salas, quien aseguró sentirse orgullosa de ser una inmigrante mexicana. “Estoy aquí porque Trump quiere realizar deportaciones masivas (…) Estamos aquí porque este país nos necesita. Desde ahora los inmigrantes ya no estarán solos por más tiempo. Los inmigrantes aquí son bienvenidos”.

Esta postura en contra de la deportación masiva no sólo ha sido adoptada por las asociaciones en defensa de los derechos humanos de los inmigrantes, sino también por las autoridades locales, quienes han asegurado que no harán las funciones de policía migratoria, incluso si el gobierno federal los faculta para eso.