Este miércoles resultaron heridas cuatro personas en el Colegio Americano del Noreste, en Monterrey, Nuevo León, luego de que un alumno disparara en un salón de clases. Según informó el vocero de Seguridad del estado, Aldo Fasci, un joven de 15 años disparó en contra de una maestra y tres de sus compañeros y luego se disparó a sí mismo. El atacante falleció horas después como resultado de la herida que se provocó.

El funcionario informó que tres de los lesionados presentan herida de bala en la cabeza, los cuales se encuentran en estado grave, y otro en el brazo. Agregó que el agresor, identificado solamente por el nombre de Federico, “tenía problemas psicológicos (…) sufría de depresión, estaba siendo tratado”.

Magda Coss Nogueda, fundadora de 24-0 México, organización que busca disminuir las muertes violentas en México, nos dice en entrevista para Homozapping que este suceso es muy relevante pues se trata del primero de este tipo en nuestro país.

En este sentido, destacó que en México no hay una política de salud pública para la salud mental, “que se esté diciendo que se debió a que tenía depresión es estigmatizar la salud mental. Finalmente no es solamente eso, una de las principales causas es: ¿por qué tuvo acceso este chico a un arma? y ¿por qué la pudo llevar a la escuela? Creo que ahí está el principal problema”.

En nuestro país, señaló la activista en contra de las armas, no se están impulsando entre los jóvenes factores de protección ni una política adecuada para enfrentar temas de salud pública, cuando “se juntan factores de riesgo y das acceso a armas […] no hay algo que prevenga la violencia”. Al respecto, puntualizó, “el tema es que no se están detectando estos factores de riesgo, no se está haciendo una política adecuada de prevención de violencia, no se está detectando cuáles son esos factores de riesgo, estos factores de riesgo pueden ser justamente el acoso escolar y que no hay detección de salud mental”.

Sobre las voces que apuntan a las redes sociales como fuente de estos comportamientos, acotó que las redes no son las responsables, sino que “se requiere una campaña educativa sobre los riesgos que implica tener un arma en casa y cómo se incrementa la tasa de suicidios adolescentes cuando hay un arma en casa”.

Sucesos como el de Monterrey son una constante en los centros educativos en los Estados Unidos. Uno de los casos más célebres fue la Masacre de Columbine. El 20 de abril de 1999, en Colorado, dos estudiantes dispararon en contra de sus compañeros, dejando un total de 15 personas muertas y 24 heridos. Los dos agresores, Eric Harris y Dylan Klebold, se suicidaron después del ataque. El primero de ellos padecía una sociopatía y el otro una depresión profunda.

Este tipo de casos se han venido registrando desde hace tiempo, el primero de ellos en el que estuvo involucrado un alumno se remonta a diciembre de 1974, cuando el joven Anthony Barbaro, de 17 años de edad, abrió fuego con un rifle con mira telescópica desde el tercer piso de su escuela, ubicada en Olean, Nueva York, matando a 3 personas e hiriendo a 11 más.

El caso de Columbine, si bien es de los más famosos, no ha sido el más letal. En diciembre de 2014 sucedió un ataque en la escuela primaria Sandy Hook de Newton, Connecticut, el cual se encuentra entre los peores en los Estados Unidos. El saldo fue de 20 niños muertos, 4 maestras, la psicóloga de la institución y la directora, además de 2 personas heridas. El autor del ataque fue Adam Peter, de 20 años de edad, quien padecía Síndrome de Asperger; el joven después de matar a su madre en su casa se dirigió al centro educativo donde realizó el ataque, después se suicidó.

En abril de 2007, un estudiante surcoreano asesinó a tiros a 32 personas en el campus de Virginia Tech, en Blacksburg, el cual ha sido el peor caso de su tipo en la historia de Estados Unidos.

En este sentido, Coss Nogueda señala que existen varias circunstancias que pueden llevar a este tipo de eventos. “En los casos en Estados Unidos hay ya claramente un perfil de los jóvenes que han realizado matanzas en universidades, en centros escolares, la gran mayoría son hombres, son hombres blancos y de clase media, y algunos tienen antecedentes de salud mental”. Al respecto considera que “el tema es que también hay un perfil en el que muchas veces son víctimas de bullying, son víctimas de acoso de algún tipo o también la parte del género juega un papel importante”.

En nuestro país, agregó, “lo que se está replicando es la falta de una política de atención hacia la salud mental. La falta de una comunidad que de contención y que no acose, factores de bullying y de acoso que pueden ser por muchas cosas: por clase social, por orientación sexual, de ese tipo tenemos en México. Tenemos muchas circunstancias similares y tenemos también mucha situación de privilegio de un tipo de masculinidad que tiene que ser fuerte, que tiene, por ejemplo, que no pedir ayuda ante una depresión, o a lo mejor no mostrar debilidad ante una depresión o ante la soledad”.

La enseñanza en este sentido, advierte, es que debemos aprovechar estos perfiles bien delineados en este tipo de eventos para analizarlos desde una óptica de género y de factores de riesgo.

En México este tipo de casos tienen una menor incidencia, o se encuentran poco documentados. Un referente inmediato es el caso de la Escuela Winston Churchill de la Ciudad de México. Donde en 2014 un padre de familia ingresó armado al colegio privado Winston Churchill School, ubicado en la colonia Guadalupe Inn, y disparó con un arma de .9 milímetros a la directora de preescolar, Carla Jiménez Baños, causándole la muerte.

Los casos similares documentados, apuntan a un débil control de armas y a hechos fortuito que llevan a un disparo accidental de algún alumno en contra de otro.

En apariencia, las leyes de México son las más estricas del mundo en el tema, sin embargo, en la práctica la historia es muy distinta. Si bien la posesión de armas está reglamentada por la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos, el número de armas legales representa apenas una cuarta parte de las que podrían existir en todo el territorio.

Las cifras oficiales hablan de aproximadamente unos 4 millones de armas legales, una cifra que fluctúa cada año, sin embargo, algunas estimaciones apuntan a que existen entre 15 y 20 millone de armas ilegales. Al respecto, Magda Coss, autora del libro Tráfico de Armas en México (Edit Grijalbo, 2012), nos dice que e posible que estemos en una cifra cercana a los 20 millones, pues estimaciones como la de Small Arms Survey se realizan con base en las transferencias legales de armas y éstas se han incrementado a partir de la administración de Calderón, cuando se sextuplicó el presupuesto de armas convencionales, una cifra que más o menos se ha mantenido con Peña Nieto, a pesar de que hay menos información al respecto en medios se ha mantenido el presupuesto.

Según cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en México el 60% de los homicidios dolosos son con arma de fuego.