Las complicadas relaciones entre Turquía y Rusia, que han ayudado a moldear la guerra siria y las crisis relacionadas con ese enfrentamiento, sintieron una nueva conmoción el lunes después de que un policía turco matara al embajador de Rusia.

El asesinato de Andrei Karlov en Ankara alarmó al mundo y plantea preguntas sobre las consecuencias mayores de ese acto.

En las redes sociales, muchos establecieron paralelismos con el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Austria, que desencadenó la Primera Guerra Mundial… comparación que, afortunadamente, es rechazada por muchos analistas.

Ningún grupo se ha hecho responsable del ataque, perpetrado en una galería de arte en la capital turca, donde Karlov estaba ofreciendo un discurso. El atacante, que fue asesinado en el lugar por las fuerzas de seguridad, gritó “Dios es grande” en árabe y más tarde dijo en turco: “No olviden a Alepo. No olviden a Siria”.

Puede que eso ofrezca algunos indicios de su motivación: la fuerza aérea rusa fue parte clave del exitoso ataque del gobierno sirio a los lugares retenidos por los rebeldes en Alepo, acciones que incluyeron ataques generalizados a la población civil.

Lo que sigue es una explicación de lo que significa este episodio para Turquía, Rusia, Siria y Estados Unidos.

¿Este asesinato podría provocar un conflicto entre Turquía y Rusia?

Eso parece muy poco probable. Hasta ahora ambos países trabajan para controlar la situación. Parecen estar alineando sus explicaciones de lo que sucedió y señalan a enemigos mutuos pero no se culpan entre sí.

El motivo es Siria. En los últimos meses, Turquía y Rusia se han esforzado por alinear sus estrategias, que alguna vez estuvieron en conflicto.

Aaron Stein, experto en Turquía en el Atlantic Council, lo dijo sin rodeos: “Turquía necesita que Rusia fomente sus intereses bélicos. Rusia necesita que Turquía gane pues eso definirá la victoria en Siria. Todos tienen un incentivo para manejar esto como adultos”.

Una crisis en torno a un embajador asesinado podría poner en peligro los intereses de los dos países en Siria —o, peor aun, resucitar las tensiones del año pasado— por lo que ambos están trabajando para limar asperezas.

¿Por qué se produjo la tensión entre Turquía y Rusia?

Los dos países estaban, y hasta cierto punto aún están, en extremos opuestos de la guerra siria. Turquía se opone al presidente sirio Bashar al Asad y ha respaldado a los grupos rebeldes. Rusia apoya a Asad y entró al conflicto en su nombre en otoño de 2015.

Poco después de que Rusia intervino, sus aviones comenzaron a bombardear a grupos rebeldes respaldados por Turquía y volaron a lo largo —Turquía dice que lo hicieron a través— de la frontera turca. En noviembre de 2015 Turquía derribó un jet ruso, lo cual originó una importante crisis y el temor de una guerra. Eso también pudo haber hecho que Estados Unidos participara pues existe un tratado en el que se compromete a defender a Turquía, un aliado de la OTAN.

Bajo esas circunstancias, el asesinato de un embajador podría provocar un gran conflicto. Pero a lo largo del año pasado, la relación de esos países ha cambiado significativamente.

¿Cómo pasaron de ser enemigos a aliados?

Después de años de buscar la caída de Asad, Turquía recurrió este año a una estrategia más modesta: prevenir que los grupos kurdos en Siria acumularan demasiados territorios a lo largo de la frontera. Ese cambio lo alineó con Rusia.

Turquía teme que el control kurdo de la frontera refuerce el separatismo en Turquía, donde el gobierno está luchando contra esos grupos, algunos de los cuales han realizado ataques terroristas.

La entrada de Rusia a la guerra también cambió los cálculos de Turquía, lo cual hizo que la campaña contra Asad fuera más costosa y tuviera menos probabilidades de triunfar.

Al principio, Rusia tuvo problemas para ganar terreno contra los rebeldes sirios, algunos de los cuales recibieron el respaldo de Turquía. Moscú parece haber concluido que es mejor tener a Turquía como aliado.

Los dos países parecieron establecer un acuerdo no oficial: Turquía dejaría de apoyar a algunos rebeldes que amenazaban los intereses de Rusia en Siria, y Rusia dejaría de apoyar a grupos kurdos en Siria. Rusia también permitió que las tropas turcas y los ejércitos aliados invadieran el territorio de la frontera que antes había estado controlado por kurdos y el Estado Islámico.

Stein llama al acuerdo “Alepo a cambio de Al Bab”: Rusia y Asad tomarían Alepo, mientras que los ejércitos aliados de Turquía tomarían la estratégica ciudad de Al Bab.

Puesto que las ciudades son casi adyacentes, las campañas turca y rusa se benefician entre sí. Al mismo tiempo, con sus fuerzas a tan solo kilómetros de distancia, un gran colapso en torno al asesinato de Karlov simplemente sería demasiado peligroso para tolerarlo.

¿El asesinato cambiará algo?

Hasta ahora no hay indicios de que Turquía o Rusia vayan a alterar sus políticas en Siria. Si acaso, el ataque podría afianzar su alianza.

Stein predijo que el presidente turco Recep Tayyip Erdogan buscará desviar la atención hacia la política que su gobierno mantiene en Siria adjudicándole el ataque al clérigo turco Fethullah Gulen, a quien también culpan del reciente intento de golpe de Estado en Turquía.

Gulen ha negado los cargos y Washington se ha rehusado a extraditarlo argumentando que no hay evidencia suficiente. Eso ha hecho que la relación entre Estados Unidos y Turquía sea tensa, aunque eso favorece a Erdogan pues le ayuda a reunir apoyo en casa, donde Estados Unidos no es popular.

“El perdedor más grande en esta situación será Washington”, dijo Stein. “Esto es completamente ilógico, pero es Washington”.

Vía The New York Times.