Cada mes son detenidas arbitrariamente de tres a cinco personas de la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual, Travestí, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTTI) por parte de policías municipales en Toluca. Esa es la cruda realidad de homofobia e impunidad que arrojan los datos de la Defensoría Municipal de Derechos Humanos y organizaciones civiles.

Los “crímenes” por los que los persignados uniformados detienen a gays, lesbianas, bisexuales y trans son: agarrarse de la mano, darse un beso en la calle, estar sentados juntos en una banca de un parque o recargar la cabeza en el hombro de la pareja. Así de absurdos son los “delitos” y así de grandes son los prejuicios de los cuerpos de seguridad pública a lo largo y ancho de México.

La justificación en la mayoría de los casos para detener lo es por “faltas a la moral”. Por romper las “buenas costumbres” de la sociedad recatada y moralina. En este país que una pareja de hombres o mujeres se besen es motivo suficiente para extorsionarlos. Ser trans puede ser razón única para acusarla de delincuente. Ahí donde impera la homofobia, crece la telaraña de la injusticia.

La falta de denuncias públicas sobre el tema no significa que no existan atropellos por parte de policías en calles, parques y plazas públicas. El miedo calla a las víctimas. La falta de instrumentos, protocolos y dependencias que defiendan los derechos humanos de la población LGBTTTI origina sentimientos de desprotección y abandono institucional de los afectados, lo que lleva a no denunciar la mayoría de los casos.

Gays, lesbianas, bisexuales y trans son blanco fácil de la voracidad policiaca. Sus métodos son fáciles. Se acercan a la víctima, les dicen que está “prohibido” lo que hacen. Los amedrentan con detenerlos y en el mejor de los casos, les piden “una mordida” para no llevarlos a corralones humanos. Cobran y se van. Sin embargo, en otras ocasiones, se los llevan, los humillan en el camino, abusan sexualmente de ellos, los inculpan por otro delito y hasta los encarcelan.

Tan sólo en Metepec, hace tres años, Ricardo y Alan fueron detenidos por elementos municipales en Avenida Tecnológico a la altura del Parque Bicentenario por besarse e ir agarrados de la mano. Los uniformados de la patrulla S-327 los acusaron de “estarse tocando sus partes íntima en la vía pública”. Durante el trayecto a las oficinas de la Procuraduría General de Justicia del ayuntamiento, les advirtieron con descaro que “si querían denunciarlos, lo hicieran” porque al fin y al cabo no iba a pasar nada.

Al llegar fueron encerrados y humillados por su orientación sexual. Para salir libres tuvieron que pagar mil pesos de multa. Ricardo y Alan denunciaron el caso por discriminación ante la Comisión de Derechos Humanos del Estado de México (CODHEM) y la Contraloría Municipal. No pasó nada. El dictamen de la investigación fue improcedente por falta de elementos. Con un carpetazo protegieron a los delincuentes vestidos de azul y condenaron a dos hombres por besarse.

Otro caso ocurrió hace seis meses en el Parque Urawa de Toluca, cuando Alejandro y Carlos estaban sentados en una banca, uno con la cabeza recargada en el hombro del otro, el vigilante del lugar los acusó de lo mismo: faltas a la moral. Los amenazó con llamar a sus padres y encerrarlos. Claro, todos los cargos se le olvidaron cuando le dieron 200 pesos.

También en la “Capital con Valor” una jauría de guardianes del orden público acorraló a Patricia y Karina en la Alameda Central. La misma excusa: “faltas a la moral”. Amedrentaron con llevarse su coche al corralón y llevarlas al Ministerio Público por estarse besando.

El periodista Juan Pablo Proal no se equivoca al señalar que la mayoría de maltratos contra las mujeres trans o trabajadoras sexuales provienen de los policías quienes les impiden usar baños públicos, les cobran derecho de piso o buscan obtener favores sexuales a cambio de protección.

¡Qué lejos estamos de Escocia! Recientemente su gobierno capacitó a elementos de seguridad sobre derechos humanos y diversidad sexual, a fin de evitar crímenes de odio, extorsión policiaca y casos de discriminación. Allá el Estado protege. Acá los ayuntamientos como Toluca y Metepec solapan la Homo, Lesbo, Bi y Transfobia. Aquí no vemos diferencia entre criminales y policías.

Vía Alfa Diario