No tengo empacho en decirlo. Esta vez, les escribo desde la razón, pero también desde el estómago. El Frente Nacional por la Familia (conformado por un grupo de instituciones conservadoras de la sociedad civil) ha convocado a una marcha nacional el próximo 10 de septiembre en contra del matrimonio igualitario. Esto, en reacción a los últimos logros conseguidos por el colectivo LGBT—entre los que está la iniciativa presidencial de elevarlo a rango constitucional junto con la adopción homoparental—, y que son resultado de las luchas que durante décadas, activistas por la diversidad sexual se han empecinado en batir, con el afán de que sus derechos individuales más elementales les sean reconocidos.

Con slogans falaces y discriminatorios como “Defendamos la familia” y “No te metas con mis hijos”, llaman a la ciudadanía de este país a marchar en contra de la diversidad, la igualdad, la tolerancia. Pues bien, desentrañemos entonces, quién se mete con quién:

Para esgrimir el argumento de que minorías sexuales son un atentado a la familia y a la infancia, hace falta ignorar la realidad de nuestro país. Hace falta cerrar los ojos para eludir que, según la organización civil Letra S, cada año en México, se cometen 46 crímenes por homofobia a un ritmo de tres asesinatos mensuales. Hace falta asumir un ánimo impasible —y cínico— para no inmutarse por el hecho de que México esté posicionado como el 2° país en el que se cometen más crímenes contra la comunidad lésbico-gay, de acuerdo al informe que un grupo de organizaciones de la sociedad civil hubo de enviar al Congreso en el 2014. Hacen falta oídos sordos para omitir los necios epítetos que continúan resonando a lo largo y ancho de las paredes de este todavía homofóbico país. Marica. Puto. Maricón. Y un largo etcétera.

Va un consejo. Ubica el supuesto en el que estás incluido, y por mera honestidad intelectual, analiza los argumentos y actúa con congruencia:

Si estás leyendo esto y eres de las personas que están considerando salir a marchar el 10 de septiembre en contra del matrimonio igualitario, acuérdate de que haciéndolo, estás validando los asesinatos, la discriminación y la intolerancia. Acuérdate de que vas a estar defendiendo la causa incorrecta. Acuérdate de que probablemente estás exigiendo que se le niegue el derecho de amar libremente a quien así decida hacerlo, a tu hijo o a tu hermana o a tu sobrino o a tu nieta. Acuérdate de que el mundo es mucho más amplio de lo que tu estrecha mirada puede percibir. Acuérdate de que hay belleza en la otredad, en la diversidad, en la diferencia. Y que a aquello hay que apreciarlo en lugar de suprimirlo. Acuérdate de que, si eres heterosexual, vives en el privilegio. En el privilegio de no tener que interponer un juicio de amparo para contraer matrimonio con la persona de la cual estás enamorado. En el privilegio de salir a la calle sin el temor de que se burlen de ti por la manera en la que caminas o vistes o luces. En el privilegio de no haber tenido que sentarte a la mesa frente a tus papás para confesarles que te gustan las personas del sexo opuesto. En el privilegio de no ser víctima perenne de la sinrazón y la cerrazón y la censura. En el privilegio de no tener que escuchar que la gente te diga que, por ser como eres, estás enfermo, confundido, desviado; o que no mereces poder casarte con quien quieras ni tener hijos porque no eres apto para criarlos.

Por favor, cuando te despiertes el sábado 10 de septiembre, acuérdate de todo lo anterior, y considera no salir a marchar.

Por otro lado, si eres de los que ya estaban conscientes de lo que he escrito y no saldrás a marchar, también tengo un mensaje y consejo para ti. El hecho de que no estés en contra del matrimonio igualitario, no implica que estés a favor de él. No basta con que no salgas a marchar en contra de la iniciativa. En este momento y en este país se necesita mucho más que tan solo no apoyar al transgresor. Hace falta encararlo. Bien hacía Antonio Gramsci en decir que “vivir significa tomar partido”. Yo también lo creo. Te invito a que no permanezcas neutral. Hay muchas maneras de hacerlo. Hoy, puedes decidirte a, si es que hay alguien en tu familia que sea homosexual, darle un abrazo y decirle que le amas tal y como es, y que cuenta contigo para lo que sea. Puedes también, enfrentar al bully de tu clase y decirle que no tiene derecho a molestar a otra persona por el hecho de que sea gay. Puedes, aun siendo heterosexual, tomar esta agenda como tuya y militar con la bandera del arcoiris en la mano. Te exhorto a que salgas del clóset. Escribo esto metafóricamente: sal del clóset y grita tan fuerte como puedas que estás a favor del matrimonio igualitario, que estás en pro de los derechos para todos, que estás del lado del amor. Insisto, grítalo fuerte; un niño puede estar escuchando y este país te lo agradecerá la siguiente década.