Luego de su defenestración del PRI, ya que había dejado endeudado a Coahuila con 36 mil millones de pesos y Enrique Peña Nieto lo vio como un obstáculo para ganar en la campaña electoral, Humberto Moreira se fue a “estudiar” a Barcelona. Vivía allá como ricote, aunque tenía, aparentemente, una beca del SNTE; sindicato tan generoso que vuelve millonarios a sus dirigentes y a sus cuates.

También en España tuvo problemas con la ley por lavado de dinero proveniente de Los Zetas. No se le comprobaron, según la justicia, varios de sus delitos, pero salió de chirona espantado y eufórico. No ha vuelto a pisar la mal llamada madre patria y anda por acá sin oficio ni beneficio.

De repente, se acordó que Sergio Aguayo había escrito un texto el 20 de enero en el periódico Reforma, y lo demandó supuestamente porque lastimaba su honor y su reputación (sic que se cree la madre Teresa).

Aunque, seguramente, le informaron que el columnista e investigador de El Colegio de México está realizando un estudio acerca de una matanza descomunal en Allende, Coahuila, donde Los Zetas arrasaron un poblado de 300 personas. Ello gracias a una colaboración entre la mencionada institución y la Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas.

La demanda es por 10 millones de pesos, cantidad que no puede erogar ningún periodista ni investigador. Algo que seguramente si está al alcance de Humberto el bailador. Y no contento con ello, ha puesto una segunda querella contra el maestro Aguayo.

Realmente Humberto Moreira ha perdido el juicio y ante su falta de visibilidad política, producto de sus extravagancias y torpezas, quiere resurgir a como de lugar. Ignora que el gremio periodístico se solidariza con Sergio Aguayo y algunos, como lo hizo Julio Hernández (La Jornada, 14 de julio), pediremos que nos juzguen por decir que Moreira es un hampón de cabo a rabo.

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