Hace cinco años, desde enero de 2011 hasta finales de 2013, surgió en todo el mundo una gran expectativa por el surgimiento de revueltas sociales en países árabes que fueron aglutinadas como la Primavera Árabe.

Algunos propagandistas las llegaron a llamar las “revoluciones de Facebook” o las wikirevoluciones porque las denuncias de los abusos policíacos y las movilizaciones fueron convocadas a través de la famosa red social creada por Mark Zuckerberg, especialmente en Túnez, Egipto y Siria.

La sorpresa mundial vio cómo se derrumbaron como fichas de dominó los regímenes de Ben Alí, en Túnez, de Hosni Mubarak, en Egipto, de Mohammar Khadafi, en Libia, pusieron en crisis a la monarquía marroquí de Mohamed VI y provocaron una sangrienta guerra civil en Siria, gobernada por Bachar el Assad.

De aquella Primavera Árabe sólo una transición fue exitosa: la de Túnez. Nada ha sido fácil en el más occidental de los países árabes del norte de Africa. Se realizaron tres elecciones y se redactó una Constitución más democrática. Las redes sociales cedieron el paso a un grupo de activistas civiles que conformaron el Cuarteto Nacional de Diálogo de Túnez, que en 2015 recibieron el Premio Nóbel de la Paz.

En Egipto, la Primavera derrocó una dictadura de tres décadas encabezada por Hosni Mubarak para cederle el poder de manera democrática a los Hermanos Musulmanes, un grupo fundamentalista que fue derrocado por un golpe militar encabezado por Abdel Fatah al Sissi, en 2013. Una de las primeras medidas represivas de la dictadura egipcia fue restringir el uso de las redes sociales.

En Libia, el espejismo de derrocar a Khadafi a través de una intervención militar encabezada por la OTAN desembocó en una cruenta guerra civil entre milicias rivales. Dos gobiernos y dos parlamentos se disputan el poder en una de las naciones más ricas en petróleo y más pobres y rurales del norte de Africa.

El mayor desastre ha ocurrido en Siria. Inconmovible e inamovible la dictadura de Bashar al Assad persiguió a todos los jóvenes rebeldes que se expresaron en redes sociales. La represión desembocó en una cruenta guerra civil que ha dejado 250 mil muertos, 1 millón de heridos, 4.6 millones de refugiados que se han ido hacia Turquía y hacia las costas de Grecia, creando una de las crisis humanitarias más graves de los últimos años.

Pronto Siria se convirtió en el epicentro de otra guerra: la protagonizada por el grupo terrorista denominado Estado Islámico (ISIS, por sus iniciales en inglés) que se han apoderado de partes del territorio sirio y de Irak y han lanzado una ofensiva fundamentalista de dimensiones impredecibles. Las fallidas intervenciones de Estados Unidos, Irán y Rusia en Siria han exacerbado la violencia interna.

En los otros países como Bahrein, Yemen, Jordania, Marruecos o Argelia, la Primavera Árabe no hizo verano. Por el contrario. Se reforzó el carácter represivo de los gobiernos, especialmente el de Mohamed VI en Marruecos, o se realizaron cambios cosméticos como el del rey Abdalá II en Jordania, nación que se ha convertido en otro centro de refugio para 1 millón de sirios que huyen de la barbarie en su país.

Desde el norte de Africa la ola de movimientos cruzó el estrecho de Gibraltar y llegó a la península ibérica. Los integrantes de los distintos colectivos que protestaron en España, a partir del 15 de mayo del 2011, no fueron solamente Indignados sino también promotores de una democracia distinta en otros países de la Unión Europea que viven severas crisis económicas como Italia, Grecia, Portugal. Naciones donde se registraron movimientos de protesta similares.

En España, el poder de movilización de las redes sociales generaron un movimiento político novedoso, Podemos, que se ha transformado en la tercera fuerza en su país y puede llegar a gobenar la nación ibérica en coalición con Izquierda Unida, con la cual han creado la plataforma Unidos Podemos.

ISIS, el Terrorismo en Redes Sociales

El 9 de junio de 2014 no se terminaba de digerir el fracaso de las revueltas árabes cuando irrumpió en las redes sociales un movimiento terrorista con miles de millones de dólares para financiar un ejército de jóvenes que forman parte del nuevo califato de Siria e Irak, encabezado por Abu Bakr al Bagdadi, y autodenominado Estado Islámico (ISIS).

Surgieron del fracaso de la intervención de Estados Unidos en Irak en el 2003 y se potenciaron con la radicalización de los movimientos islámicos en Siria, Libia, Yemen y Egipto, países en donde mantiene células de simpatizantes..

Su ofensiva inicial fue a través de postear fotos, comunicados y videos de extrema crueldad a través de Twitter, de Youtube, Instagram y de Facebook. Lanzaron la Campaña de los Mil Millones de dólares, para crear una corriente de apoyo en la misma juventud que un lustro antes creyó en derrocar dictaduras para formar democracias al estilo occidental.

En un solo día, el 9 de junio de 2014, lanzaron más de 40 mil tuits y lanzaron su desafío terrorista.

Desde su aparición ISIS ha hecho gala de su poder y habilidad para generar el terror y la guerra psicológica a través de las redes sociales. Han subido videos en los que se ven asesinatos y degollaciones de los “infieles” y presumen sus atentados más sangrientos, como los ocurridos en París, el 13 de noviembre de 2015, cuando mataron a 140 ciudadanos y dejaron cientos de heridos en ataques simultáneos en la capital francesa.

El intento de frenar el avance de ISIS en las redes sociales ha tenido poco éxito. En 2016, Twitter ha suspendido 125 mil cuentas vinculadas a ISIS, el grupo de hacktivistas Anonymous también se lanzó en una contraofensiva contra el grupo terrorista y eliminó 20 mil cuentas.

Especializados en el terror, ISIS amenazó en febrero de 2016 con atentar la vida de Mark Zuckerberg, el creador de Facebook y de Jack Dorsey, el ejecutivo de Twitter. En un video de 25 minutos, ISIS lanzó el siguiente mensaje:

“Si ustedes cierran una cuenta, vamos a controlar otras diez y pronto sus nombres serán borrados después de que borremos sus sitios. Con la ayuda de Alá sabrán que lo que decimos es cierto”.

Paradójicamente, ISIS ha capitalizado aquello que convirtió a las revueltas de la Primavera Árabe en un éxito de movilización a través de las redes sociales: el carácter instantáneo, simultáneo y horizontal de las cuentas de millones de jóvenes; la creación de cuentas anónimas difíciles de rastrear.

ISIS le ha agregado un carácter global y orwelliano a su escalada a través de las redes sociales, creando un efecto más siniestro que aquel que tuvo Al Qaeda en su momento.

¿La Manifestación o la Organización?

Tanto los árabes como los españoles advierten que son “protagonistas de un despertar pacífico” a nivel global y que tienen dos puntos esenciales en común: su desconfianza en los grandes medios de comunicación y el uso intensivo de las redes sociales como fórmulas alternativas de información y movilización.

Dieciséis protagonistas de estos movimientos llegaron a México, en plena efervescencia por la ola de protestas en contra del retorno del PRI a la presidencia de la República, a finales del 2012.

En entrevista colectiva con Proceso coincidieron en advertir que la represión policiaca y la provocación vivida el 1 de diciembre en la Ciudad de México fueron similares a las que se han registrado en estos países.

“Hay que documentar cómo el poder político y económico utiliza a sus esbirros para reprimir a los movimientos y que entren en pánico”, sintetizó Manuela Sánchez, española, dirigente del colectivo Estado de Malestar e integrante de la plataforma Democracia Real, Ya, que convocó a las manifestaciones del 15 de mayo de 2011 (15-M) en España.

En una extensa sesión antes de iniciar la Cumbre Mundial de Indignados, organizada por Enrique Márquez en el marco de la Unión Internacional de Juventudes Socialistas, los dirigentes de estos movimientos también compartieron un mensaje a los integrantes del #YoSoy132: “esto apenas comienza. Entrarán en la misma discusión que nosotros: ¿Qué es más importante: la organización o la manifestación?”.

“El problema fundamental para muchos de los colectivos es cómo articular una respuesta dentro del sistema o fuera del sistema que criticamos”, sintetizó Manuela Sánchez.

“Tenemos que pasar del escenario de la no política al de la política. En muchos países árabes los únicos preparados para ocupar el poder tras la caída de las dictaduras fueron los partidos islamistas porque eran los únicos organizados y tienen mucho dinero”, admite Yassim Swehat, bloguero de origen sirio, quien formó parte del Grupo de la República para Estudios de la Revolución Siria.