Fueron unos cuantos segundos. Suficientes para escuchar en medio de aplausos unos intensos abucheos y gritos de “¡fuera, fuera!”, cuando la cantante Ana Gabriel cometió el error de revelar que en su concierto del viernes 20 de mayo entre los asistentes estaba la primera dama, Angélica Rivera.

La cantante quiso ser aduladora y resultó contraproducente. “Es nuestra Gaviota”, afirmó. Y en el momento que las luces enfocaron el asiento de la ex actriz de Televisa, los aplausos fueron apagados por intensos abucheos. La sonrisa congelada de Rivera no destilaba amor precisamente.

Había transcurrido más de una hora del espectáculo cuando Ana Gabriel hizo una pausa.

“Quiero agradecer tu presencia esta noche, ya sabes que te amo, te admiro porque eres nuestra Gaviota”, afirmó la cantante. El resto de sus palabras se apagaron en medio de los gritos de “¡Fuera, Fuera!”.

El portal de noticias de El Universal quiso presentarlo de otra manera: “Auditorio Nacional, noche entre abucheos y aplausos por la presencia de Angélica Rivera”.

En el mismo periódico quisieron matizar lo que ya era un escándalo apenas contenido por el video que circulaba en Youtube: “Angélica Rivera asistió a un recital de la cantante Ana Gabriel, quien la saludó desde el escenario”.

¿Qué esperaba la primera dama? Desde el escándalo de la Casa Blanca y más desde las giras por Europa y su papel protagónico en los actos de la visita del Papa Francisco, Rivera no había estado en un acto masivo, fuera del control de la logística de Los Pinos.

El abucheo confirmó que desde que Peña Nieto la responsabilizó por la sospechosa adquisición de una mansión en Las Lomas, a través del contratista consentido del ex gobernador mexiquense, La Gaviota dejó de ser una reserva de rating a favor para arrastrar el desprestigio del gobierno de su marido.

Poco o nada ha hecho Rivera para modificar esta irritación social en su contra. Desde La Casa Blanca ha posado en 8 portadas para las revistas Hola! y Caras. Ha participado en giras internacionales donde ella se convierte en el centro de polémica por sus vestidos caros, sus desplantes narcisistas y su absoluta falta de empatía social.