Hace un par de meses, Ricardo Salinas Pliego publicó en su columna “¿La riqueza es perversa?” en El Financiero, un texto con el que intentó persuadirnos de que la desigualdad no es, per se, un problema en México. Critica a quienes consideramos lo contrario, asegurando que propagamos ese “confuso ideario anti-empresarial” porque pretendemos conducir a México al socialismo y nos conmina a poner atención en lo que, a su juicio, es lo que “verdaderamente ofende”: la pobreza y la desigualdad de oportunidades.

Es absurdo, según la perspectiva del señor Salinas Pliego, manifestarse en contra de que alguien concentre riqueza, ya que “la desigualdad existe en toda sociedad humana donde el talento y otras cualidades se distribuyen o se adquieren de maneras exponencialmente distintas.” Y en eso tiene razón. La desigualdad, en democracias capitalistas que intentan garantizar oportunidades para todos, nace con la distinta distribución y aplicación del talento y el esfuerzo entre las personas. El error del señor Salinas Pliego radica en implicar que México es una de esas sociedades.

Con un ego gigantesco, el fundador y presidente de Grupo Salinas nos invita a hacer un ejercicio intelectual: “simplemente consideremos un músico como Yo-Yo Ma, un futbolista como Lionel Messi, un cineasta como Spielberg o un escritor como Mario Vargas Llosa. Todos ellos son extraordinarios en lo que hacen. Nunca hemos visto a los músicos manifestarse porque Yo-Yo Ma concentra demasiado talento, sería absurdo. Naturalmente, los ingresos de este violonchelista corresponden a su maestría”.

Así, el señor Salinas nos regala una premisa, la imagen que refleja su espejo es la de un hombre que ha conseguido el éxito debido a lo talentoso e innovador que es, y no aquella que corresponde a la realidad: la de un hombre que ha construido su fortuna a base de la más cínica rapacidad, la capacidad que tiene para transgredir la ley en la completa impunidad y el abuso de un espacio público concesionado por el Estado. Es por eso que yo no creo que Lionel Messi y el señor Salinas Pliego se parezcan tanto.

Por otro lado, el domingo pasado, fue revelado el proyecto de investigación “Panamá Papers”, realizado por el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés), en el cual participaron más de 1,110 medios del mundo. Dicho proyecto se fundamentó en la filtración de más de 11.5 millones de archivos de la empresa Mossack Fonseca, ubicada en Panamá. En los documentos se apunta que este despacho jurídico trabaja con empresas off shore, que ubican su domicilio fiscal en paraísos fiscales alrededor del planeta con el fin de evadir impuestos. El hallazgo periodístico consistió en registrar una lista de figuras públicas a lo largo y ancho del globo terráqueo que han hecho uso de estas empresas para ocultar sus fortunas y doblar la ley. Entre los nombres que aparecen en la lista, se encuentra el del señor Salinas Pliego.

Alguna vez, en otro texto suyo para El Financiero, intitulado “Maniqueísmo y pobreza”, el dueño de Tv Azteca refirió que no le parece que “ser rico sea malo en sí mismo —a menos, claro, que la riqueza en cuestión sea mal habida, en cuyo caso se debe aplicar la ley con todo rigor, ya que la violación de los derechos de propiedad o el hurto del patrimonio público también nos hunden en el atraso.” Debo confesar que en esto último sí estoy de acuerdo con el señor Salinas. Cuando alguien construye un patrimonio por encima de la ley, es el peso de esta misma la que ha de caer sobre sus hombros. Que conste que Ricardo Salinas Pliego dixit.

Addendum: Otro de los nombres que figura en la lista de personajes públicos que han ocultado sus fortunas en paraísos fiscales para evadir impuestos es el de Lionel Messi. Al final, el famoso futbolista y el señor Salinas Pliego sí se parecen en algo.