Se dice que uno de los mayores problemas a los que se enfrenta actualmente la televisión a nivel global – siendo más visible dicha problemática en Estados Unidos– es cómo medir las audiencias a partir de la incidencia, cada vez mayor, de las plataformas digitales. Dicho de otra manera: conocer el número de personas que realmente ve un contenido cualquiera. El rating televisivo tradicional tampoco ha sido una medida simple, pero con el tiempo las herramientas estadísticas avanzaron lo suficiente como para generar un estándar internacional.

Así, los números se han tornado confiables. Una ejemplo de esto ocurre en Argentina, con el lanzamiento de un sistema de medición paralelo al tradicional manejado por IBOPE, llevado adelante por el Estado, el cual terminó arrojando muy pocas diferencias. No obstante, estamos hablando de un medio establecido desde hace setenta años y que cuenta con herramientas consolidadas.

El problema radica en que el entretenimiento audiovisual contemporáneo se ha transformado en un campo mucho más difuso y lábil. Con la TV tradicional, solo debías preguntar por teléfono qué canal se estaba viendo y calcular una cantidad X de espectadores ante la pantalla (por lo general, para el prime time, cuatro personas, lo que fue alguna vez la “familia tipo”).

Hoy en día, esta medida sería risible: una “familia tipo” puede estar viendo cuatro cosas diferentes al mismo tiempo en diferentes pantallas y a través de diferentes sistemas.

Lo anterior se discutió hace algunas semanas en uno de los paneles de la Hollywood Radio and Television Society, que tocó el tema de medición de audiencia y contó con la presencia de Nielsen y de la consultora especialista en mediciones del mercado online ComScore. La pregunta del millón (o de los miles de millones) fue si era posible alcanzar un estándar en las mediciones tomando en cuenta el fenómeno multiplataforma. Por el momento, la respuesta parece ser negativa, pero hay avances.

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