Por Antonio Salgado Borge | @asalgadoborge

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Sebastián: ¿Racistas? Desde luego que los meridanos no somos racistas. No señor. Guardamos un respeto enorme a nuestro pasado maya, hayan sido éstos o no nuestros ancestros. La sola palabra maya nos llena de orgullo y nos hace parar el cuello de nuestra camisa. Los mayas…¡grandes matemáticos! ¡Pueblo sabio y noble! Es una desgracia que el mundo, occidentalizado y desinformado, no los reconozca como debería. Afortunadamente nosotros sabemos mejor que eso. ¿Cómo no van a ofendernos los diagnósticos –acusaciones- que la doctora Eugenia Iturriaga compartió a Diario de Yucatán la semana pasada? Afortunadamente no faltó quién saliera a decirles sus verdades a esa neoyucateca. ¿Puedes creerlo? Menos de 20 años viviendo en nuestro estado y ya jura conocernos.

Gustavo: ¿No te parece, Sebastián, que hay mucho de cierto en su diagnóstico? Antes de leer el reportaje, yo tampoco era consciente de las formas en que puede encarnarse el racismo. Además, hay toda una historia, estadísticas y evidencias que respaldan sus postulados.

Sebastián: No te fíes tanto de esos investigadores, Gustavo. Siempre nos intentan marear con sus elaborados numeritos y con su enredada jerga académica. Y desconfía aún más si son foráneos. Evidentemente, no entienden cómo los verdaderos yucatecos asimilamos nuestro pasado. Es cierto que la conquista fue sangrienta y que los españoles se apropiaron del cuerpo, de la mente y hasta de las “almas” del pueblo maya; que la guerra de castas aplastó a los que se oponía a la opresión y que durante el porfiriato los mayas eran poco más que esclavos sometidos por los pocos privilegiados hacendados. Pero eso fue hace muchísimo tiempo, y ya sabes cómo es de tramposa la historia. Lo bueno es que ya todos aprendimos de nuestros errores y que ahora vivimos en paz e integrados.

Gustavo: Yo no estaría tan seguro de eso ¿Qué me dices de la polémica que hasta hoy sigue generando la estatua de los hermanos de Montejo, que César Bojórquez mandó colocar al final de nuestra principal avenida?

Sebastián: Bueno, nunca faltan los que quieren revivir viejos odios criticando. Los Montejo son parte de nuestra historia; fueron los “padres” de nuestra ciudad, además de haber sido dos grandes visionarios e ilustres emprendedores. ¡Merecen ser reconocidos! No pongas esa cara. Ya sé que el sufrimiento que trajeron a los mayas de entonces es indescriptible y que hoy serían considerados genocidas o, como mínimo, criminales de guerra. Pero no seamos negativos, veamos mejor todo lo bueno que nos trajeron esos grandes civilizadores. En todo caso, que se haya elegido a la avenida más icónica del estado para erigirles un monumento, y que que el gobierno municipal ceda un espacio público para colocarlo, no significa nada.

Gustavo: Ya veo. Y dime, ¿no te parece extraño que en 2016 los mayas sigan siendo los más afectados por la pobreza y que tengan los trabajos menor remunerados? No hace falta hacer estudios de ADN para darse cuenta de que los albañiles, afanadores, nanas, empleados domésticos, “viene-vienes” y hasta los mendigos tienen rasgos más indígenas que la mayoría de los exitosos empresarios, médicos o arquitectos. Ciertamente nos hemos acostumbrado a ver ese orden de cosas como normal, pero que las cosas sean como son no significa que estas son como deberían ser.

Sebastián: No puedes responsabilizar del estado actual de cosas ni a la conquista ni a la historia. Mira el presente. La pobreza material de los mayas yucatecos se debe mayormente a la pereza. El gobierno del estado se la vive regalando cosas a los pobres y solo los hace más flojos.

Gustavo: ¿Y crees que eso es culpa de los mayas? ¿No te parece que lo que describes podría ser en sí mismo una forma de discriminación gubernamental? Es decir, reducir a los mayas a ganado político en vez de diseñar políticas públicas –sociales, económicas, educativas…- que permitan su integración plena como iguales en nuestra sociedad?

Sebastián: Insisto en que todo es cuestión de actitud. Te lo probaré con un ejemplo: ofrecí a los obreros de mi empresa que ganan salario mínimo la posibilidad de trabajar también los domingos; sin embargo, no aceptaron. Mi papá hizo lo mismo en su despacho, y obtuvo idénticos resultados. Todos prefirieron quedase a descansar con su familia. Explícame cómo pretenden salir adelante. Cuando yo eché a andar mi compañía trabajaba los 7 días de la semana. Es así que pude pasar de una tienda a las 5 que tengo actualmente. Pero qué le vamos a hacer, son flojos y punto.

Gustavo: ¿Has probado aumentarles el sueldo?

Sebastián: ¿Subirles el sueldo? ¿Estás loco? Si te estoy diciendo que un día más de paga no les motiva. Además, te aseguro que lo que ofrecemos en la empresa es superior a lo que se paga en el resto del mercado, y que a todos se les trata como personas.

Gustavo: Entiendo. Pero, dime por qué crees que, por ejemplo, a diferencia del resto de tu familia tu nana tiene rasgos indígenas y tiene un apellido maya?

Sebastián: Pues eso se debe exclusivamente al lugar en que le tocó nacer. En su pueblo todos son maya. Pero te aseguro que para mí eso es irrelevante. Ella me cuidó de niño y ahora me ayuda a cuidar a mis hijos. Nosotros la queremos mucho y la tratamos como un integrante más de la familia.

Gustavo: Pues no me pareció verla en las fotos de tu último viaje familiar que subiste a Facebook. Tampoco me parece que tenga exactamente los mismos derechos y obligaciones que el resto de los habitantes de tu casa. ¿Por qué crees que sus hijos no son amigos de los tuyos? En todo caso, aprobarías un hipotético matrimonio entre su hijo mayor y tu hija?

Sebastián: Muy gracioso. Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno. Tú eres un médico exitoso; estudiamos en la misma escuela y vivimos en el mismo círculo social. Estás exactamente en mis mismas circunstancias. No es nuestra culpa que nos haya tocado vivir en una sociedad tan desigual. ¡Eso no nos hace racistas!

Gustavo: Yo no digo que seamos culpables del pasado, aunque ciertamente sí que seríamos responsables de que en el futuro se repliquen las condiciones del presente. No me malinterpretes; nos conocemos desde hace muchos años y sabemos que jamás hemos ofendido o maltratado a alguien por el hecho de ser maya, pero hay que admitirlo: al aceptar acríticamente las injustas condiciones en las que vivimos, al normalizar que los mayas sean los perdedores del orden capitalista –que implica una suerte de colonialismo moderno- y al negar que en 2016 ser maya implica tener menos poder de autodeterminación y de acción libre, nos hemos convertido en una suerte de “racistas de clóset”.

Sebastián: ¿Racistas de clóset? Vaya tontería. Sí eso te consideras, es tu problema; pero no me incluyas. A mí la sola palabra maya me llena de orgullo y me hace parar el cuello de mi camisa. Los mayas…¡grandes matemáticos! ¡Pueblo sabio y noble! Es una desgracia que el mundo, occidentalizado y desinformado, no los reconozca como debería.