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“Fui elegido director general de Excélsior el 31 de agosto de 1968. El país se endurecía; también el diario. Permanecí al lado de mi antecesor, don Manuel Becerra Acosta, hasta el día de su muerte. Fui su auxiliar. Afirmó en mí el orgullo por la profesión. Hizo del periodismo una convicción y una pasión”.

Con estas palabras, en la página 23 de la nueva edición de Los Presidentes, don Julio Scherer García abre las compuertas de una aventura única compartida con los lectores: desentrañar la psicología, las mañas, la intemperancia y la intolerancia de los presidentes de México con quienes convivió el fundador también de la revista Proceso en más de cinco décadas de oficio.

La primera edición de Los Presidentes fue publicada en 1986, en vísperas de la principal ruptura en el seno de la entonces “familia revolucionaria” del PRI. Scherer García relató su propia versión del golpe a Excélsior una década atrás, en 1976, en el ocaso del gobierno de Luis Echeverría, un presidente en el que creyó y confío el más sagaz e informado de los reporteros políticos de su generación.

En esa primera edición hizo el retrato más descarnado de la megalomanía de José López Portillo y las consecuencias de esos delirios de grandeza para la economía y para el país. El reino de la corrupción que desde entonces no ha llegado a ser una República.

A casi treinta años de distancia de esa primera edición, don Julio alcanzó a revisar el texto original y a autorizar los agregados que contienen la presente edición sobre los otros presidentes que no se incluyeron en la versión original, pero que también fueron descritos y analizados por Scherer García: principalmente, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quizá al que menos trató personalmente, pero no se salvó de su ojo crítico. Este agregado se agrupó en un capítulo denominado “El juego de las sucesiones”.

En marzo de 2013, Scherer escribió sobre Peña Nieto, en vísperas de la expropiación petrolera:

“Marzo aún no termina y Peña Nieto pisa ya terrenos peligrosos, más allá de las victorias de largo alcance mediático que significaron la captura del Chapo Guzmán y el encierro de Elba Esther Gordillo, la economía no sale de su marasmo y la seguridad no ofrece datos alentadores en su lucha contra el crimen organizado.

“A estas alturas el régimen no ha emprendido la construcción de obra alguna que valiera la pena mencionar. En la época oscura de Carlos Salinas exigía a sus colaboradores mes a mes información precisa acerca de los avances alcanzados en el nacimiento de una carretera o en el levantamiento de una presa; hoy nada de eso ocurre. La República vive paralizada en uno de los capítulos fundamentales de su gestión; no hay obra ni trabajo”.

Preciso en sus sentencias, intenso en las pinceladas de esos hombres que cayeron todos en la tentación de sentirse semidioses sexenales, el periodismo de Scherer García frente a los presidentes no es un ejercicio de alabanzas o de abyección sino una constante advertencia ante los riegos de un poder omnímodo que inevitablemente deja consecuencias tremendas para la sociedad.

En vísperas de que este 7 de enero de 2016 se cumpla el primer año del fallecimiento de don Julio Scherer la lectura o relectura de este trabajo periodístico que borra las fronteras con la literatura y el ensayo, nos vuelve recordar una de las lecciones más importantes del fundador de la revista Proceso: entre la sumisión al poder político y la libertad de expresión, apostarle a lo segundo es cumplir la función pública del periodista.