Por René Ramírez

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Se acerca el fin de año, la clausura de una tempestad e incertidumbre social y política. Como parte de esto, muchos analistas así como académicos o ciudadanos preocupados, se dedican a calcular los daños de un año lleno de terribles sucesos, omisiones e ineptitudes de una administración y clase política, mismo ejercicio al que me voy a sumar. Sin embargo, no todo es calamidad, también fuimos testigos de pequeños eventos esperanzadores, muestras de la mayor relevancia en la organización y el nuevo papel del ciudadanos en la cosa pública. Oasis de empoderamiento ciudadano en un mar autoritario.

En este texto quiero señalar al gran perdedor del 2015, un personaje que perdió terreno en el imaginario colectivo: la democracia.

Con el acontecer político de este año que está finalizando, dentro de los mexicanos crece y se reproduce una inconformidad con la democracia, las instituciones, los partidos políticos y la clase política en general, ya que de acuerdo con datos del Latinobarómetro de este mismo año, solo el 37% de los mexicanos está conforme con la democracia, la más baja de la región.

En el mismo estudio, sólo el 17% está conforme con los resultados de la democracia, de igual manera el más bajo de la región. En México vivimos elecciones intermedias, pero sólo el 26% consultado por Latinobarómetro opinó que fueron limpias. Esto nos da un sentido de la poca legitimidad con la que los representantes llegan a sus curules en sus respectivas cámaras. Traduciéndose a que 3 de cada 4 mexicanos piensa que las elecciones no son limpias. Sumado a que solo el 17% se siente representado por sus legisladores.

Representantes que no representan, curules ocupados pero que en realidad están vacíos, y partidos que no saben escuchar.

Lo anterior nos indica una situación que de no corregirse, podría convertirse en una problemática mayor, erosionando todos los avances en nuestro país. Ante los escenario actual, con los bajos índices de conformidad con nuestra democracia, existen vacíos que podrían llenarse con prácticas autoritarias y un nulo Estado de derecho. Al irnos a cuestiones específicas de la desconfianza ciudadana a los poderes o las fuerzas policiacas, la situación se complica y llega incluso a niveles alarmantes.

No existe duda alguna que la democracia fue la gran perdedora del 2015, sin embargo, tuvimos ocasiones en la que la sociedad civil bien organizada tuvo pequeñas victorias. Ejemplo de ello es el Corredor Chapultepec, donde los capitalinos ante esta grave especulación inmobiliaria decidieron alzar la voz y usar los mecanismos de la consulta pública para detenerlo. Las victorias electorales de los candidatos independientes quienes tendrán el tiempo suficiente para demostrar su capacidad o falta de ella. Este debe ser referente obligado para todos aquellos que queremos ponerle un alto al mal ejercicio del poder.

Debemos entender que la democracia no es panacea, pero es la mejor forma de gobierno, misma que exige el involucramiento de todos los miembros de la sociedad para un beneficio colectivo. Una contraposición ideológica con el fin de avanzar. Omití como perdedores al sistema de partidos, ya que aunque ellos son los perdedores dentro de los índices ciudadanos, siguen sin perder sus cotos y privilegios. Conservan y siguen ganando con la forma en como extraen rentas de los ciudadanos.

Se cumplió el primer aniversario de un hecho que sacudió al país, la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la salida del aire de Carmen Aristegui en algo que fue una orden de la presidencia por ser un espacio incomodo, una mansión presidencial construida con conflicto de interés e indiferencia, extrema desigualdad y pobreza, actos visibles de corrupción, impunidad e injusticia. Ante todo esto, los mexicanos tenemos todo el derecho de estar enojados, pero no con la democracia sino con un sistema político que lucha por mantener sus privilegios e intereses particulares sobre los de la ciudadanía. Este año venidero debe ser el año donde nuestros políticos ineptos sea los perdedores. La vara de medición será mayor, debemos de pasar de la protesta a la propuesta como diría Marta Lamas. El 2016 será el año de los buenos ciudadanos.