Por Joaquín Hurtado

Foto: pijamasurf.com

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Gotinga. La ciudad está situada no muy lejos del Limes Germanicus, el límite más septentrional del imperio romano. Pienso en las líneas divisorias que separan al mundo en dos esferas: la civilizada con coliseos donde los gladiadores son devorados por las fieras, y la órbita de las tribus remisas.

Los griegos los llamaron βάρβαροι, bárbaros del yermo que hablaban de manera extraña.

Recuerdo mis lecciones de historia. Los apaches rubios representaban lo umbrío, lo ingobernable, lo más salvaje al norte del río Meno, muy cerca de aquí. El luminoso despotismo de los césares medraba contenido apenas al sur del Danubio. Lo crudo y lo cocido se celaban mutuamente a lo largo de costas, ríos, cordilleras y fuertes fronterizos. Roma codiciaba los recursos naturales y humanos ubicados más allá de estas lindes entre los años 83 al 260 de nuestra era.

De entonces a la fecha ha pasado bastante agua bajo el Rin.

Escribo estas líneas bajo el embate de una resaca chichimeca, producto de una noche cholombiana. Noche de cumbia y bumbum rebajado de sonideros mexicanos, gringos y alemanes. Joaco, Vince y Peter me exprimieron hasta el límite. Bailé y brinqué junto a decenas de germanos delirantes. La bacanal terminó a las cinco am, con los rayos de un sol picoso, solecito norteño.

El sol que me sigue desde Monterrey, sol de Alfonso Reyes, el bárbaro más griego de México.

Ver para creer. El antro donde se realizó el mitote cumbanchero de ayer es un sótano grafitiado hasta el queque, pertenece a la prestigiada universidad Georg- August fundada en 1734. Camino ebrio entre voluptuosos jardines y grandeza intelectual, paso entre laboratorios e institutos como el Max Planck, el papá de la teoría cuántica. Aquí mismo correteaba mozas Georg Christoph Lichtenberg, dictaba clases Habermas, peinaba pelucas Leibniz, filosofaba Husserl, Scheler y Edith Stein.

Aquí mero me puse a perorar de toda la sangre, sudor y ueueuepa contenidos en el ritmo sabroso de la Risca y puntos intermedios.

Comparo nuestra uni con esta antigua e ilustre institución. La teutona ha cedido un espacio para el party juvenil y paga para que no falte pisto, danza y cotorreo a los aplicados estudiantes. Allí solté un rollo sobre el fenómeno chúntaro en el norte de México con traducción simultánea de la brillante Hanna Karch, luego comimos frijoles charros y papas estilo Mi Abuelita.

Pasan hasta mi poltrona a saludar físicos de las altas energías, oceanógrafas españolas del dorsal submarino atlántico, microbiólogos de Guadalupe N.L., posgraduados en romanística y neurociencias.

Me llegan noticias de Peña Nieto y el impresentable Rodri Medina. Los barones de Femsa invitaron a los intragables a inaugurar su nueva cantinota, ups… quise decir estadiote. La perrada futbolera regia está de plácemes, pero qué pena, es tan retobona y casquivana como los antiguos germanos, por esa razón no fue invitada al ágape imperial. No fuera a soltarse la chifleta y el escarnio contra los egregios cancilleres. Qué triste se ve el coloso de La Pastora, ojete de aluminio, pantufla de Robotina, sombrerito mamón a la sombra de mi entrañable cerro de la Silla. Qué infames los bellos holandeses de Heineken y el griferío de Ámsterdam que desairaron de modo tan ruin a la pandilla chola, la de a pie, la indómita.

La bárbara, la que habita más allá de la selvas negras y del ritual sabatino de la carne asada.

Algo me duele al leer esa noticia. Recibo al por mayor felicitaciones de la racilla estudiosa y pedota de Gotinga por las chácharas que dije de la onda colombiana, retratada por Amanda Watkins. No dejo de sentirme a disgusto por las malas nuevas que me llegan de mi paisito de mierda. ¿Por qué los poderosos odiarán tanto a los jóvenes mexicas?

Nuestros niños y muchachitas son para ellos sólo talegos para rellenarlos de chupe y fritangas del Oxxo.

Insisto. Gotinga es un centro cultural de 125 mil almas. Hay tantas bibliotecas y librerías como expendios de alcohol. De la Roma vanidosa aquí sólo se divisa una lengua muerta y unas cuantas piedras insignes… y la embajada vaticana de la puta Babilonia con un pobre papa que ya nadie pela. Del populi latino atiborrado de pan y circo sólo resta eso mismo: frituras y futbol soccer.

Igual que en el desolado estadio regiomontano, apantallador y excluyente. Todo cambia para seguir igual.