Elecciones_Jalisco_2-2Por Antonio Salgado Borge

Las elecciones de 2015 evidenciaron que México sigue siendo un país con un sistema político marcadamente predemocrático. A nuestros partidos políticos esto les debe tener con poco cuidado: ellos buscan el triunfo y las posiciones de poder a las que éste les abre la puerta.

Este año se cumplen 50 años de la publicación del influyente libro “La democracia en México” del académico Pablo González Casanova. Además de la gran cantidad de cifras que en su texto nos presentó –lo que constituyó un gran mérito en su tiempo-, este académico empleó, con el fin de analizar el estado de la democracia en nuestro país en 1965, diversas categorías que, por desgracia, resultan aún vigentes y relevantes.

González Casanova dedicó varias páginas de su libro a analizar un fenómeno que denominó “marginalismo político”, consistente en las enormes limitaciones que buena parte de la población mexicana tenía para el ejercicio de sus derechos políticos. Para este autor, hace 50 años el único contacto que muchos mexicanos tenían con la democracia se producía exclusivamente al acudir a las urnas movidos en grupo por el partido entonces hegemónico: el PRI. “Para entender la estructura política de México es necesario comprender que muchos habitantes son marginales a la política, no tienen política, son objetos políticos, parte de la política de los que sí la tienen. No son sujetos políticos ni en la información, ni en la conciencia, ni en la organización, ni en la acción” (González, Ediciones Era, 2013 p.108). El tiempo parece haberse congelado.

Yucatán fue este año la entidad de la república con mayor participación electoral. Es preciso recordar que las cifras de 2012 también fueron impresionantes. Si bien este estado tiene un elevado índice democrático, me parece que, debido al marginalismo social, cultural y político de las zonas donde se registró la mayor afluencia a las urnas, no hay forma de atribuir estos elevados porcentajes principalmente a una cultura política sobresaliente. Es mucho más probable que sea la organización partidista, a través de acarreos y compra de votos indiscriminada, el factor que más pese en esta tendencia.

Existen al menos tres indicadores que evidencian este fenómeno. El primero son las bodegas con material del PRI descubiertas por el periodista de Diario de Yucatán Hernán Casares Cámara, cuya agresión permanece, hasta el día de hoy, impune. El segundo es la presencia de personas con listas de asistencia en la mano, uniformadas con una camiseta blanca cuya leyenda con logos tricolores que les identificaban plenamente, en prácticamente todas las casillas. Este tipo de estrategia, profundamente antidemocrática- fue empleada también, sin consecuencia alguna en 2012. Dado que este año tampoco habrán sanciones, es muy probable que la táctica resurja en 2018. Finalmente, podemos incluir en esta lista a los programas asistencialistas del gobierno del estado. Tinacos, computadoras, pinturas y demás dádivas enmarcaron el contexto previo a las elecciones.

Dado que cuenta con décadas operando una estructura territorial, y dado que cuenta con recursos materiales y humanos superiores, es evidente que el PRI es el partido que domina este tipo de prácticas. Lo anterior no significa, empero, que el PAN, el PRD y otros partidos puedan presumir la existencia de una frontera “nosotros-ellos” como la que ha pretendido vender a los electores. En estados gobernados por Acción Nacional o el PRD estos partidos son acusados regularmente de las mismas trampas electorales que perfeccionara el Revolucionario Institucional. El discurso “el PRI acarrea, nosotros no” simplemente no se sostiene.

Otro de los más importantes componentes del marginalismo político identificados por González Casanova en 1965 es la falta de disponibilidad de información que entonces padecía buena parte de los mexicanos. A pesar de la apariencia de pluralidad –muchos medios disponibles-, este problema persiste en nuestros días. Los mexicanos en condiciones económicas más vulnerables difícilmente tienen acceso a internet o a medios impresos no alineados como Proceso o Reforma, por lo que prácticamente se encuentran atrapados en un limbo de desinformación. La televisión abierta y los pasquines emulan la experiencia informativa, pero en realidad sólo sirven para alienar y manipular.

Otro elemento desinformativo que estuvo presente en las elecciones de este año fueron las encuestas difundidas con el fin de orientar el electorado en uno o en otro sentido. Dudo mucho que este tipo de estrategias hayan sido eficaces. Desde el gran fraude de las encuestadoras en 2012 estos instrumentos han perdido–con la honrosísima excepción de las elaboradas por Grupo Reforma- credibilidad y, por tanto, impacto. Esto no significa que debamos suprimir las encuestas, sólo que habría que valorar y considerar a las que vengan respaldadas por fuentes confiables, las cuales se ganarían, a través de los años, cierta confianza.

En muchos lugares persiste la idea de que basta con que no gane el PRI para que tengamos democracia. Si bien es muy probable que los estados donde este partido es prácticamente hegemónico la derrota del PRI sea un requisito para comprobar o fomentar la democracia electoral, de ninguna forma ésta es suficiente en sí misma. González Casanova identificó claramente un pacto político nacional que presenta las características de una sociedad plural y de un Estado predemocrático: “en cuanto al México marginal el pacto exige que no se le toque, que no se le organice ni por los amigos, ni por los enemigos del gobierno, que se le deje como está, sin organizaciones, sin derechos públicos efectivos, en actitud silenciosa y suplicante, atenido a lo que se decida en los círculos dirigentes del país”.

Terminar con este pacto, aún vigente, es una tarea titánica. Las elecciones de este año revelaron que los yucatecos estamos muy lejos de lograrlo. Afortunadamente la coyuntura política nacional, la emergencia de una nueva generación de votantes y los avances en la tecnología podrían oxigenar nuestra arena política rumbo a 2018. Ya habrá tiempo para analizar todos estos factores. Y los que surjan en el camino.