sebastiao-salgado“Al que no le guste esperar no podrá ser fotógrafo”. Con esta sentencia, Salgado inicia sus memorias. El célebre artista brasileño rememora cómo tuvo que mimetizarse para lograr encantar a una tortuga gigante en la Isla Isabela en Galápagos:

“Entendí que, del mismo modo, la única manera de lograr fotografiar a esta tortuga era conocerla, ponerme a su altura. Así me convertí en tortuga: me agaché y empecé a andar a su misma altura, con las palmas de las manos y las rodillas sobre el suelo. En ese momento, la tortuga dejó de huir”.

Como ésta y otras anécdotas, Salgado ilustra en sus memorias que no hay fotógrafo capaz de conmover sin empatía; que la fotografía es su vida y una manera de relatar a través de imágenes.

“Al contrario que en el cine o en la televisión, la fotografía tiene el poder de producir imágenes que no son planos continuos sino cortes de planos. Son fracciones de segundo que relatan historias completas. En mis imágenes se relata la vida de cada persona reflejada a través de sus ojos, su expresión y lo que hace”, reflexiona en el capítulo 7 “La Fotografía: mi forma de vivir”.

Las memorias de Salgado, célebre por sus imágenes de las trágicas hambrunas en el África o por haber captado el genocidio en Ruanda y en el Congo, son el testamento claro, sin pretensiones, de un hombre que a lo largo de más de cuatro décadas vivió un auténtico éxodo creativo para reinventarse a sí mismo.

sebastiao-salgado-2Su voz es como sus imágenes: clara, contundente, profunda. Su conocimiento del lado oscuro del ser humano lo dejó exhausto.

“He visto tantos sufrimientos, tantos odios y violencias a lo largo de mis reportajes para Exodos, que acabé tocado. Pero no lamento haberlos realizado. ‘Cuando uno esta frente a la atrocidad ¿qué es una buena foto?- me preguntan a veces. En mi respuesta hay pocas palabras: la fotografía es mi lenguaje. El fotógrafo está ahí para cerrar el pico, sean cuales sean las circunstancias, está ahí para ver y para fotografiar”, advierte en el capítulo 16, “Frente a la Muerte”.

Salgado no sólo documentó tragedias de las dimensiones de la guerra civil en Ruanda o en Bosnia. Las vivió. Al igual que los distintos rostros de una sociedad de consumo que se sostiene con la explotación y empobrecimiento de millones de seres humanos.

El artista y periodista brasileño no pretende cambiar el mundo. Su objetivo es mostrarlo. Conmocionar para tomar la vida con sus blancos y negros, con sus múltiples grises. Con sus sombras y luces.

“No son las fotografías las que crean las catástrofes. Las fotos no son más que los síntomas de la disfunción de este mundo en el que participamos todos. Los fotógrafos están ahí para ver su espejo, igual que los periodistas. ¡Y que nadie me hable de voyerismo! Los mirones son los políticos que permitieron esas catástrofes y los militares que facilitaron la represión en Ruanda”.

Con estas palabras, Salgado también se defiende de las constantes críticas que acompañaron a sus imágenes, libros y exposiciones. En la medida que su fama alcanzó dimensiones globales, en esa medida Salgado fue cuestionado por “embellecer la tragedia humana” o sacar provecho de las miserias africanas, latinoamericanas o de la Europa poscomunista.

Su transformación creativa se produjo en plena madurez profesional. Retornó a su tierra tras documentar las movilizaciones de millones de migrantes en sus libros Exodos y Retratos de los niños del éxodo. Encontró en la complicidad de su esposa Lélia un objetivo claro: replantar árboles para rescatar la tierra de sus padres, desertificada como buena parte del territorio brasileño.

sebastiao-salgado-3Este rescate fue, en paralelo, un rescate de sí mismo como profesional, artista y ser humano. Se replanteó su propio trabajo. Y desarrolló en 2002 la idea de Génesis, una ambiciosa expedición fotográfica para retratar el otro rostro de la Tierra.

“Tras haber visto tantos horrores, ¡He visto tanta belleza!”, exclama Salgado. Génesis es una búsqueda a los orígenes minerales, vegetales, animales y humanos de nuestro planeta.

“El mundo moderno urbanizado, lleno de normas y leyes, es castrador. Solo en la naturaleza recuperamos un poco de libertad. Esto fue lo que quisimos mostrar en Génesis”.

Tras leer sus memorias, complemento excelente del documental de Wim Wenders, La Sal de la Tierra, uno descubre que tras este gran fotógrafo hay un filósofo sencillo, humano, como la belleza de la tierra.