felipe-calderon-y-margarita-zavalaPor Miguel Alejandro Rivera

Ahora basta levantar mano y decir “quiero ser presidente” para ser tomado como candidato a los comicios de 2018, los cuales, sin riesgo a equivocarnos, comenzaron el pasado 7 de junio, justo al terminar la jornada electoral.

Han sido varios los que hacen el guiño para buscar la presidencia de este país, y más allá de que todos y cada uno de ellos pueden ponerse bajo discusión antes de ser candidatos formales, es Margarita Zavala quien resalta, pues ella asegura que es la solución para Acción Nacional y para México en general.

A raíz de esto, Felipe Calderón lucha por estar en los reflectores, ya sea hablando de futbol o peleándose con Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en un intento desesperado por reaparecer y crear focos mediáticos a su alrededor… veremos si sus malos chistes y querellas en redes sociales le alcanzan para tres años.

No se entiende si es una broma, una estrategia, o un intento por “tropicalizar” al modelo Hillary Clinton; lo que es una realidad, es que esperemos navegue contra la corriente sangrienta que dejó su esposo al tener el puesto que según ella, buscará en tres años, porque estas cosas no debieran tomarse a la ligera.

A raíz de esto, Felipe Calderón lucha por estar en los reflectores, ya sea hablando de futbol o peleándose con Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en un intento desesperado por reaparecer y crear focos mediáticos a su alrededor… veremos si sus malos chistes y querellas en redes sociales le alcanzan para tres años.

Parece ser que en México nadie hace campañas adelantadas y que el Instituto Nacional Electoral (INE), simplemente existe para poner la infraestructura pero no las reglas del juego. El presidente del INE, Lorenzo Córdova, lució más las pasadas elecciones por ser racista y tapete del Partido Verde, que por ser un verdadero ciudadano preocupado por ejercer su puesto como se debe.

De seguir así, con destapados anticipados, parte del modelo que llevó a la presidencia a Peña Nieto, lejos de esfumarse, puede mutar en una estrategia tramposa que no beneficia a nuestro país: personajes que no hacen campaña tres meses rigurosos, sino políticos que durante años pueden preparar su imagen para presentarse como la mejor opción.

Sin embargo, esta jugada se presenta como una gran oportunidad o la bomba de tiempo que opositores pueden explotar a placer: por una parte, se tiene mucho tiempo para beneficiarse de la sobre exposición mediática y propagandística que pueda realizar el “candidato”, pero, por otra, invita a sus rivales y detractores a investigar los puntos flacos que tiene para destrozar su campaña lo antes posible. Nada peor que desnudar las estrategias.

Esta nueva manera de hacer política, la del show y el espectáculo, es totalmente paradigmática e invita a analizar todas las vertientes posibles. Peña Nieto, el más reciente caso de “éxito” de este sistema, logró posicionarse gracias a toda la maquinaria propagandística que tuvo a su favor durante su administración como gobernador del Estado de México, pero unas semanas le bastaron para desperdiciar los millones invertidos, cuando comenzaron las campañas en 2012. Desde que no pudo decir los tres libros que marcaron su vida, los traspiés siguieron como bola de nieve.

Luego entonces, no se trata solo de decir “yo quiero”, es fundamental que el producto a ofertar, sea de calidad y tenga las mejores características posibles para no caer durante los años de exposición al público. En fin, más allá de que cualquier personaje en las circunstancias correctas se declare presidenciable, la pregunta sería, ¿qué vamos a hacer nosotros como mexicanos?

Las decisiones que tomemos serán fundamentales: las pasadas elecciones hubo un vuelco ciudadano que golpeó a gran parte de la clase política y la sociedad mexicana demostró que ya no es tan sencillo engañarla con mensajes televisivos, paquetes escolares, o una imagen creada por los mejores publicistas. Quizás aquellos que desde hoy trabajan su 2018, piensan que entre más pronto comience la batalla, mejor, sin embargo, la sabiduría popular es contundente: “no por mucho madrugar, amanece más temprano”.