Foto: instagram.com/sauloruizphoto / El País.

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Por Hugo Rangel Vargas

La sombra del líder de las autodefensas José Manuel Mireles, que el próximo 27 de junio cumplirá un año de estar tras las rejas; se yergue como una bofetada a la injusta y eufemística legalidad que sirve de marco retórico a la clase política gobernante cuyos integrantes evocan el estado de derecho cada vez que hay que hacer trizas a algún opositor o ciudadano que resulte incómodo y que resulta laxamente aplicado en favor de aquellos con quienes estos tienen alguna filia o compromiso.

La inconveniencia que representaba para muchos un Mireles en libertad salta a la vista. Un hombre capaz de evidenciar las debilidades del estado mexicano que había abandonado a su suerte a los habitantes de franjas enteras de Michoacán y cuya voz tenia eco en una serie de foros crecientemente atentos a sus demandas y señalamientos, era sin duda un atentado contra la zona de confort en la que se habían colocado las autoridades encargadas de impartir justicia, en muchos casos coludidas con los mismos criminales.

Días antes de su detención, el líder de las autodefensas había hecho público su interés de integrar el llamado Frente Nacional de Autodefensas, mismo que a decir de él, tenía posibilidades de prosperar en una decena de entidades federativas en donde el gobierno había abandonado su tarea fundamental de brindar seguridad a los ciudadanos.

La contradictoria prisión de Mireles es un ataque a la historia de la lucha de los michoacanos por ganar su libertad. Si las autoridades fueron indolentes por décadas frente al azote de los grupos de criminales y las condiciones de pobreza en las que estos prosperaron, hoy vuelven a los michoacanos su rostro más mordaz con la detención de un icono de la vocación libertaria y de justicia de la gran mayoría de los michoacanos.

Las sinrazones de Mireles en la cárcel se vuelven más insultantes cuando salen en libertad reconocidos personajes de la vida pública que fueron exhibidos en sus claros nexos con los grupos delincuenciales a los que Mireles Valverde y los 384 autodefensas detenidos injustamente combatieron; o cuando comienza a asomarse al menos la mínima posibilidad de que otros tantos de ellos obtengan la exoneración por parte de las autoridades.

Libertad a Mireles es una consigna que reanima la congruencia de los michoacanos con su historia de justicia y dignidad. Y es que mientras alcaldes y funcionarios que fueron requeridos por vínculos delincuenciales, abuso de autoridad y enriquecimiento ilícito gocen de impunidad, resultaría un disparate que ciudadanos que reclamaron para sí el legítimo derecho de la autodefensa estén presos, cuando su único delito fue el tener la dignidad y el valor de levantar la voz en un mar de injusticias.

Libertad a Mireles es un clamor de humanidad para un michoacano que se debate entre la vida y la muerte, en una lucha que quizá el mismo decidió enfrentar en aquellos días del 2013 cuando se convirtió en la figura emblemática de los grupos de autodefensas; pero que hoy adquiere un tono más dramático atizado por la injusticia de su propia prisión y la de los otros autodefensas, prisión que es el símbolo de otras tantas infamias que se siguen cocinando en la cotidianidad de la tierra caliente de Mireles, Hipólito y el Padre Goyo.

Libertad a Mireles será la bandera que convocará el próximo sábado a muchos hombres y mujeres de bien a congregarse en diferentes latitudes para exigir el fin de esa insolencia, que llegaran a las plazas de Morelia, Riverside y otras tantas sin el falso llamado de político alguno que quiera hacer uso de esta bandera que vuelve a ser punto de confluencia. Mientras tanto el piso sobre el que se asienta el estado mexicano sigue siendo carcomido por la polilla de las contradicciones y las vejaciones, que como la prisión de Mireles, cancelan la más mínima posibilidad del arribo de la anhelada justicia social.