Fuente: El Universal

Fuente: El Universal

Por Gloria Serrano

“Estaría bien, Agatón, que la sabiduría fuera una cosa de tal naturaleza que, al ponernos en contacto unos con otros, fluyera del más lleno al más vacío de nosotros, como fluye el agua en las copas, a través de un hilo de lana, de la más llena a la más vacía”. Sócrates en El Banquete

Son los días previos al 24 de mayo de 2015, la fecha marcada para realizar las elecciones autonómicas y locales en España. Ahora, en una plaza madrileña repleta de ciudadanos que permanecen expectantes, se escucha la voz de la activista social y política española Ada Colau (Barcelona, 1974), quien contiende por la alcaldía de la capital catalana y se encuentra aquí para apoyar la campaña de la jurista Manuela Carmena (Madrid, 1944), quien compite por la alcaldía de su ciudad natal:

“Hay un Madrid rebelde, un Madrid hermoso, un Madrid cariñoso, el Madrid del no pasarán, el Madrid de la Plaza del Sol llena de gente gritando ¡no nos representan!, el Madrid de las mareas, el Madrid que para los desahucios, el Madrid del Patio Maravillas… ese Madrid, nuestro Madrid. Ese Madrid que hoy late y que puede hacer a Manuela Carmena la próxima alcaldesa”. Las palabras de esta mujer, insurrecta y serena, son seguidas por una legión de aplausos. Aquí la gente ovaciona sin haber recibido un sándwich y un refresco. Los reunidos también sonríen y lo hacen sin que sea necesario que presencien un espectáculo de circo. Escribe el periodista Xavier Vidal-Folch en El País, que “su secreto radica en que todavía es persona y aún no del todo personaje”.

Las fechas llegan y los plazos se cumplen. El llamado 24M, fue el momento en que los españoles confirmaron un secreto por meses vociferado, el PSOE y el PP (los históricos partidos) a fuerza de desalojos, pierden paulatinamente a sus votantes que apuestan por el cambio y comienzan a voltear la mirada hacia refrescantes y atractivas opciones como Podemos y Ciudadanos-Partido de la Ciudadanía. Para el asesor de comunicación y consultor político, Antoni Gutiérrez-Rubí, los éxitos electorales de Ada Colau y Manuela Carmena merecen una reflexión más profunda, particularmente en lo que se refiere al contenido de ambas campañas que se basaron en un innovador juego de opuestos. Así, ante la publicidad electoral tradicional, los partidos nacientes propusieron auténticas reuniones vecinales y frente al discurso mediático, rígido y acartonado, ofrecieron una creativa articulación de redes híbridas de comunicación a través de la cual el electorado dejó de ser una masa acrítica para convertirse en una multitud inteligente con capacidad de gestión; es decir, que de ser público se transformó en protagonista.

El financiamiento de las campañas es otra de las novedosas rupturas con los modelos anteriores de “hacer política”. De acuerdo con Gutiérrez-Rubí, el “dime cómo te financias y te diré cómo gobernarás”, resultó el medio de contraste ideal para que los votantes optaran por depositar un voto de confianza en las urnas de los modernos Ulises que construyeron su barca con recursos económicos provenientes, entre otras fuentes, del crowdfunding. Quizás para algunos lectores estas estrategias puedan parecer un fugaz producto del criticado populismo con el que Podemos -se dice- ataca la democracia española a la vez que encara la crisis económica, o de la evolución del Movimiento Los Indignados (15M), surgido en 2011. Sin embargo, hay mucho más de fondo en lo que está ocurriendo en España. Tampoco estamos hablando únicamente de un voto de castigo a los escándalos de corrupción del gobierno en turno, el de Mariano Rajoy.

En realidad, esta sensacional convergencia de complicidades que ahora vemos reflejada en el proceso electoral, comenzó a gestarse en 2007 cuando un grupo de académicos y activistas concibieron una manera distinta de construir la vida en comunidad a la que llamaron PROCOMÚN, que engloba aquello que es de todos y de nadie al mismo tiempo: los derechos intrínsecos al ser humano, los modestos parques donde juegan nuestros niños, la enorme biodiversidad que nos rodea, el constante conocimiento que producimos, los estupendos museos que en familia visitamos, las vibrantes calles por las que a diario transitamos y ese entramado de comunicación, descentralizado e interconectado, que llamamos Internet, solo por mencionar algunos de los recursos que heredamos o creamos conjuntamente, y que constituyen nuestra más grande riqueza colectiva, física y virtual.

Antonio Lafuente García (Granada), doctor en Ciencias Físicas e investigador del Centro de Ciencias Humanas y Sociales Madrid del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), es uno de los principales promotores de este magnífico esfuerzo por reinventar o reimaginar la vida en comunidad más allá del ámbito de lo público. Actualmente coordina el Laboratorio del Procomún, iniciativa auspiciada por el MediaLab-Prado de Madrid, un inmenso contenedor de ideas y el lugar de encuentro para los tozudos que se han empeñado en explorar, de manera abierta y colaborativa, nuevas formas de revertir la sistemática destrucción del procomún que ha devenido en una evidente descomposición social. Una batalla desde diversos frentes en los que las redes sociales y las concentraciones masivas en plazas y calles, juegan un papel primordial para lograr una comunicación si bien más intensa y extensa, aun no democratizada.

“Esta es una Plaza”, el proyecto de autogestión vecinal del solar urbano de la calle Doctor Fourquet 24, en Madrid, es un claro ejemplo de cómo funciona en la vida cotidiana la noción del procomún que, en palabras de Antonio Lafuente, es además “algo vivo (cambiante, actualizable, horizontal, etiquetable, “versionista”, colectivo, modesto, abierto, carnal, inclusivo). Todo eso por lo que luchamos, en lo que creemos y, sin grandilocuencias, quisiéramos legar como un (pequeño) tesoro a los nuestros”. Es decir, ese cúmulo de inspiración que nutre el espíritu y posibilita el desarrollo social y cultural de la humanidad.

Son los días previos a las elecciones intermedias en México, a ese temido 7 de junio en el que 17 entidades definirán quiénes habrán de ocupar más de dos mil cargos de elección popular. Ahora, en nuestro país, existe una agitada discusión entre quienes piensan abstenerse, los que se inclinan por votar nulo y aquellos que elegirán al menos peor de los candidatos. Aquí, mientras esto sucede, algunos ciudadanos exigen la libertad de Nestora Salgado, otros la impartición de justicia en la desaparición de los 43 jóvenes normalistas de Ayotzinapa y, otros más, recuerdan que la muerte de 49 niños en el incendio de la Guardería ABC, en 2009 en Hermosillo, es hoy un caso modélico de la impunidad que nos impide avanzar. En España los banqueros le temen a Manuela Carmena y en México, son los electores quienes temen a los candidatos que, dicho sea de paso, no sienten remordimiento alguno ni se inmutan ante este brutal contexto en el que las ausencias resultan más contundentes que las presencias. En Argentina marchan miles para gritar “Ni una menos” y en México, igual compartimos un meme que celebramos el más reciente gol del Chicharito o nos adjudicamos el título de mexicanos comprometidos, en automático, con solo retuitear a la politóloga Denise Dresser o al periodista Epigmenio Ibarra. Con este insensato propalar de lamentos, hay que decirlo, no hemos hecho más que generar el efecto contrario al deseado.

Sin afirmar que España o cualquier otro país sea el altisonante paradigma a copiar, bien haríamos si preferimos no ser más ese remolino sórdido y solitario que gira sobre sí mismo; evitar asumirnos como víctimas del sistema y poner los ojos –sin desdén- en lo que están haciendo otras personas en otros países, puede ser un gran comienzo. Las fechas llegan y los plazos se cumplen. El próximo domingo se llevarán a cabo los comicios de una sociedad fragmentada y sumamente dolida; sin embargo, la responsabilidad ineludible e importantísima de modelar, de prodigarnos por fin una auténtica cultura política, fundada en una participación activa y la recuperación de la dignidad, esa nunca termina.

#ABCNuncaMas