Roberto Franco / Jofe Briceño Fotografía (Dody Maleanta y Enrique Méndez en La Casa de Ágata, Tapanco Centro Cultural, A.C.)

Roberto Franco / Jofe Briceño Fotografía (Dody Maleanta y Enrique Méndez en La Casa de Ágata, Tapanco Centro Cultural, A.C.)

Por Gloria Serrano

Su nombre es Roberto: actor, cuerpo de hombre, conversación sin protocolos que sabe llegar al clímax, espíritu revolucionario y revolucionado, inteligencia que fluye cual hemorragia. Su nombre es Dody: el personaje, solo un cuerpo, la interacción constante que sutilmente provoca, irreverencia en ebullición que se derrama sin que nada la contenga, siempre intención desconcertante.

Son Roberto Franco y Dody Maleanta. Una alianza y un juego de extremos en el que lo ardiente de Helios y la sensualidad de Selene, son indisolubles. La transitoriedad del género con sus planicies, montes y abismos ineluctables; el trazo de la compleja geografía humana, despojada de etiquetas.

“Usted no sabe lo que es cargar con esta lepra. La gente guarda las distancias. La gente comprende y dice: “Es marica pero escribe bien”, “es marica pero buen amigo”. “Súper buena onda”. Yo no soy buena onda. Yo acepto al mundo sin pedirle esa buena onda”. Pedro Lemebel.

Tú sí lo sabes, Roberto. Tú eres de los que ha cargado con esta lepra, pero también eres de ese extraordinario clan de creadores subversivos y anti protocolares, cuyas palabras siempre son sutiles escándalos públicos, a la vez que grandes victorias personales y colectivas. Tú sí lo sabes, Roberto, aunque no eres chileno ni naciste en la década de los años 50, como Pedro. Naciste en Ticul (“allá quedó asentado”, en maya), uno de los municipios del estado mexicano de Yucatán, a 85 kilómetros de Mérida, la capital. Tienes 40 años y, aunque tu decir y tu actuar confundan a la gente, eres yucateco:

“Es hasta risible que la discriminación o señalización la haya tenido, más que por ser gay, por mi aspecto. Me ha tocado que me paren en los retenes o en las avenidas. De cajón me dicen que no soy de acá y les tengo que explicar que soy más yucateco que los papadzules, que nací en Ticul, que mi otra familia es de Hunucmá, que vivo en Cholul”.

Eres yucateco y también actor. Tu ingreso al Centro de Educación Artística (CEDART), en la Ciudad Blanca, fue la catapulta que te lanzó a una distancia que quizás jamás imaginaste. Pero no fue fácil, antes tuviste que recorrer la misma carretera de cuota que Pedro Lemebel en Chile o que el chicano Guillermo Gómez Peña en San Francisco o que Alondra León Leiner (José Luis Moreno) en Chiapas o Lukas Avendaño en Oaxaca. Disidentes sexuales, les dicen algunos. Lo cierto, es que son otro lenguaje posible convertido en arte: escritura, fotografía, performance, video o instalación. Lo cierto, es que vivir diferente es como escalar una larga pendiente y tú lo hiciste:

“Apenas me están cayendo muchos veintes que antes yo daba por hecho. Me refiero a todo este asunto de “soy gay pero tengo que ser masculino”. Pasé por muchas terapias, ahora les dicen acompañamientos. Me acuerdo mucho de dos psicólogos, uno decía que mi problema era caminar con la punta de los pies y no con la planta completa. Luego tuve otro, lo recuerdo muy bien porque era guapísimo, y en cierta ocasión les dijo a mis papás que su hijo tenía que socializar más con otros niños. También tuve una maestra en quinto grado que llamó a mis papás porque me gustaba mucho bordar. Y sí, realmente me gustaba y me salían muy bonitos los bordados. Pues les dijo que yo debía jugar más al futbol. Todas estas cosas van construyendo, al menos en mi caso, una serie de barreras y de moldes que cuando creces son muy difíciles de quitar si no te das cuenta que se trata de algo aprendido. Hoy todavía hay muchos asuntos referentes a esto que me hacen ruido pero que ahora veo con una apertura total”.

Lo sé, Roberto. No necesito ser homosexual para saber cómo asfixia ese nudo en la garganta que impide decir frases como aquella que le soltaste a tus tías, las que son muy jodonas: “Sí, soy re puto y me la como doblada”. Tú lo sabes, Roberto. No necesitas ser mujer para comprender por qué una se queda afónica cuando hay que decir: “Papá, soy mujer y quiero ser periodista. Papá, soy mujer pero mi mente vuela más lejos de la cocina”.

Lo sabemos. Y aun sintiendo ese malestar callado, nos atrevimos a hacer ruido donde solo había silencio. Por eso hoy estás aquí, libre, como un gigante sin que sea un imperativo que Dody te preste sus puntiagudos tacones. Y por eso hoy estoy aquí, para realizar esta entrevista y preguntarte qué te dice una fecha como el 17 de mayo, Día Internacional contra la Homofobia y la Transfobia:

“Como muchas otras fechas que se conmemoran, me parece que se va perdiendo la intención o se olvida cómo es que surgió. El 17 de mayo fue el día que la Organización Mundial de la Salud (OMS) decidió que la homosexualidad no era una enfermedad. Celebrar el Día Contra la Homofobia y la Transfobia está muy padre, pero también habría que recordar que esto es una cosa muy reciente. Creo que la diversidad sexual es algo que nunca se va a acabar porque cada día se van descubriendo nuevas acepciones, ya ves que ahora hay intersexuales, pansexuales, tetrasexuales, omnisexuales y un montón de cosas. Esta es una cuestión intrínseca al ser humano y pienso que realmente tendría que llegar un momento en el que ya no sea relevante lo que hagas con tu cuerpo, que sea solo asunto tuyo sin necesidad de poner días para que la gente tome conciencia”.

“También el concepto de diversidad está un tanto desgastado, pareciera que la palabra diverso solo hace referencia a la comunidad LGBTTTI (lésbico, gay, bisexual, transgénero, travesti, transexual e intersexual), pero la diversidad es un asunto que siempre ha existido, aunque hay quienes dicen que los homosexuales nos hemos reproducido, como si se tratara de una plaga o de una moda. Por otra parte, también es importante resaltar el trabajo de muchas asociaciones en cuanto a hacer frente a los embates de una sociedad. Lo digo así, porque no todas las sociedades son iguales, en cada estado de la República Mexicana y en cada país se asume de manera distinta el asunto de la diversidad. Particularmente en Yucatán, creo que durante la última década es cuando ha habido cierta apertura pero “vigilada”; o sea, dejo que te asomes a la puerta pero te pido que no salgas demasiado, que te mantengas un poquito hacia adentro; es decir, que no es totalmente abierto y esto da margen a que se genere una especie de doble moral, un sí te acepto pero no te acepto; dejo que te cases pero antes tienes que sufrir metiendo un montón de amparos. No lo entiendo, si te puedes casar en el Distrito Federal y luego regresar a Yucatán, por qué no quitar las piedras del camino”.

“Creo que para hablar de diversidad habría que reeducar a la gente y comenzar por quitar esas etiquetas que joden mucho. Cuando dejemos de usarlas ya no vamos a hablar de diversidad sexual, sino de equidad. Fíjate que incluso dentro de la misma comunidad gay existen guetos. Hay quienes van a un antro y dicen: “no me voy a llevar con esa persona porque es una loca y por locas como esta, creen que todos los gays somos iguales”. Es terrible que existan todas estas ideas dentro de una comunidad que, por llamarse a sí misma comunidad, uno daría por entendido que no comulga con esos prejuicios y tabúes”.

En este asunto de la diversidad todavía hay mucho por avanzar, comenzando por darnos cuenta que todos somos seres humanos, sin importar que nos guste besar un pedazo de madera o dormir con un peluche. Imagínate, el otro día estaba viendo un programa en el que una muñeca inflable era la pareja de un señor y bueno, si eso lo hace feliz…”.

Tú no te defines. Nombrarte homosexual o decirte gay, te queda justo, no te calza bien. Esa mudanza hacia la libertad que emprendiste tiempo atrás, ahora te permite decir, simplemente, soy yo. Eres Roberto, así, sin etiquetas y la mejor de tus interpretaciones eres tú mismo:

“Hace mucho que no digo la palabra homosexual, no me defino como homosexual porque me suena a un término clínico, a una enfermedad, así como ¡ay pobrecito, denle una aspirina para su homosexualidad, le duele su homosexualidad! Me gusta mi cuerpo sexualmente hablando, me gusta ser físicamente hombre pero también descubro que me gusta mucho explotar mi parte de mujer. Yo siento que tengo una energía súper femenina, que soy como una mujer. Y eso me agrada porque me da mucho margen para hacer cosas.

Ahora mismo me parece que estoy quitándome muchas etiquetas, ya no digo soy travesti. Soy yo. Últimamente he estado haciendo unos experimentos, como salir en tacones o ponerme pestañas postizas para ir a la tienda, quiero ver qué sucede con la gente, qué ocurre. Y bueno, cuando dejas de joder a los demás diciéndoles lo que deben de hacer, también dejas de joderte a ti mismo y todo fluye mejor”.

Pero esta es solo una mirada de tus efusivos ojos, Roberto. Hace falta la otra, la de Dody Maleanta. ¿Quién es Dody?, ¿qué hay detrás del maquillaje que cubre su rostro y de las brillantes lentejuelas que arropan su cuerpo?, ¿cómo surge esta espectacular metamorfosis, este barroco personaje, esta figura híbrida que es mucho más que actuación y este vehemente dualismo que no deja títere sin cabeza ni cama sin acostón?

“Dody es como cualquier persona. De lunes a viernes es respetable y trabaja, pero el fin de semana se va a una cantina y se agarra a todos los hombres, los invita y se los lleva a su casa. Después vuelve a ser una persona correcta. Pero también es alguien que ya no tiene ningún respeto por las barreras de género, por cosas como que los hombres deben usar pantalón. La primera vez que presenté el show, Dody fue bastante tímida, pero con el paso de las funciones se fue convirtiendo en una cínica. Ahora creo que ya está saliendo esa parte que quería reflejar”.

“Cuando dejo esto de las etiquetas surge Dody Maleanta y La Tucha Cabaré. Todo comienza desde el lado humano. Sé que no soy un cabrón. Bueno, sí soy un cabrón pero no un maldito cabrón. Tengo un montón de cosas malas. Soy histérico, soy obsesivo, soy muy ácido, soy corrosivo. Tengo la virtud de hacer sentir mal a una persona con tres palabras, pero también está lo que provoca esos sentimientos. La gente me cansa, me harta, me desespera mucho cuando no respeta cosas de sentido común, de convivencia. Todo esto me genera una serie de sentimientos que necesito sacar y por eso me puse a crear este personaje que al principio era una especie de alter ego mío, de lo que no me atrevía a hacer.

Pero al pensar que era un alter ego, era como si tuviera que interpretar un personaje, que también es válido, pero yo quería partir de mí mismo, ser yo proyectado en otra persona y Dody es otra persona. Así que comencé a trabajar con un profesor en la Universidad de Búfalo, que es mi súper amigo y me dijo: “¿por qué no haces algo más como jugando con el género?” Y comenzó a enviarme un montón de información. Entonces Dody empezó a perfilarse en este rollo de que no es hombre ni es mujer, que además hace todo lo que muchas personas mueren por hacer, pero no lo hacen porque no es correcto o porque no es socialmente bien visto. Y así es como se hace este espectáculo. Fíjate que yo pensaba que este rollo del travestismo había quedado caduco hace ya unos años pero no, ahora hay como una nueva generación”.

Escucharte implica recordar que la discriminación es un tema envejecido, más no agotado. Y que la construcción de las identidades genéricas es un asunto intemporal, más no reconocido. Desde aquella década de los años setenta, cuando Robin Williams y Nathan Lane escandalizaban al público con “La Jaula de las Locas” (The birdcage, 1978), pasando por cintas como La Ley del deseo de Almodóvar (1987), hasta llegar a “La otra familia” (2011), la pregunta que se hiciera Lemebel sigue sin encontrar su amén: ¿van a dejarnos bordar pájaros en las banderas de la patria libre?

roberto2“Lo interesante de las películas de Almodóvar es que los personajes tienen tantas aristas, tantos planos. Hay una historia atrás, un discurso, un por qué. Eso es lo que las hace interesantes en contraste con el cine gay, donde todos los protagonistas son ricos, viven en una casa padrísima, tienen un perro, son guapos, no tienen problemas de dinero, nunca se ve que trabajen… ni van al baño, nada, son perfectos. Van al antro y ligan, se la pasan viajando. Y como los mexicanos vemos predominantemente este cine, pues queremos ser como los gays de las películas gringas y nos endeudamos en Zara. Pero la realidad es otra.

La realidad es que hasta el muchacho que te limpia el parabrisas puede ser gay. Me encantaría ver una película de gente homosexual que viva en situación de pobreza y donde se vea cómo es su lucha. Hay una película que se llama Happy together (Wong Kar-Wai, 1997) que es increíble, me enamoré de esa película porque tiene todo un tema; dos chinos que viven en Argentina y que además uno le pone los cuernos al otro y hay esa cuestión de te quiero pero lárgate. Esa es una película viva, de personas, real, humana”.

También tu trabajo, similar al del segador que recorre los campos, es un quehacer tan vivo, tan real y tan humano, como el derecho a “ser” en la diversidad. No, tú no apelas a la defensa de posturas raras, transgresoras o anormales; por el contrario, tú discurso y el de Dody, ilustran aspectos culturales que otros pretenden mantener invisibles o en la marginalidad. Ahí radica el auténtico valor de cada “like” que recibe tu página en Facebook, que es también un “me gusta” a la flexibilidad, y por ende a la sujeción al cambio, con la que interpretas el concepto de sexualidad.

“Las historias que cuento en el espectáculo no son inventadas, sino que son parte de la historia de mi vida. Por ejemplo, hay una anécdota de cuando era pequeño en la que platico cómo me enrollaba con sábanas y me hacía vestidos, o cuando mis tías me subían a una consola a bailar música disco y me aplaudían. También le hago un homenaje al personaje de Roberto Cobo, “La Manuela”, en Lugar sin límites (Ripstein, 1977) y hago la escena de la Leyenda del beso. Entonces a la gente le llega por eso, porque independientemente de que seas hombre o mujer, todos nos pusimos una sábana como vestido o hicimos una peluca con una toalla. Hay capítulos de tu vida en los que te decían “Eh, eh, eh” y bailabas. Yo juego con esos recuerdos que son universales. Mario Bolio, un pianista increíble, y a veces el acordeonista Gonzalo Cárdenas, me acompañan en la representación”.

“Cuando comencé a subir fotos de Dody a Facebook, me empezaron a llegar solicitudes de amistad de muchos hombres, de personas que ni siquiera conocía y que no teníamos amigos en común. Luego platicando con Papo, mi maquillista, que es divino, le decía: “Oye chava, si yo fuera una chica transgénero, con chichis, con nalgas, súper cintura y cabello largo, pues lo entendería, pero no me rasuro las piernas, tengo barba; o sea, ¿qué les gusta? Y Papo me dijo, muy sabiamente: “Ay chava, es que para todos hay” [risas]”.

Conversar contigo, Roberto, es ocasión, oportunidad, motivo de reflexión sobre lo que todos sabemos y pocas veces manifestamos. Tus palabras invaden, irrumpen el espacio de lo público pero también el de lo privado. Eres una invitación a pensar nuestro mundo sin rigores taxonómicos, a revelar socialmente nuestros cuerpos, a cuestionar los fósiles modelos que determinan la inclusión -o no- del hombre y de la mujer en una colectividad. Dody Maleanta es metáfora e hipérbole; tú, Roberto Franco, literalidad y constante reelaboración. Juntos son un auténtico coloquio, gozoso, lúdico y filosófico, que incita irremediablemente a recuperar el orgullo. Pero no el orgullo gay, sino el que nace del respeto por algo que se llama, que le dicen así: dignidad humana.

*Roberto Franco. Actor. Bachiller en Artes y Humanidades, CEDART, Centro de Educación Artística “Ermilo Abreu Gómez”, Mérida, Yucatán, México. Egresado de la Licenciatura en Teatro por la Universidad Veracruzana, Xalapa, Veracruz, México. En teatro ha colaborado desde el 2003 con diversas compañías como “Teatro del Sueño” dirigido por Francisco Solís, “Teatro hacia el margen” dirigido por José Ramón Enríquez, “Teatro Estudio T” dirigido por Abraham Oceransky.

Con un entrenamiento constante en Danza Africana, Danza de la India, Danza Butoh, ha generado trabajos unipersonales como El Tocador del Divino Marqués espectáculo con el que ha participado en Festivales de la Ciudad de México y Chiapas, así como en Foros sobre Género y Performance, Hanamici, Del Rubor Helado y La Frida; siendo esta última pieza, el unipersonal con más representaciones realizadas.

Desde el 2007 hasta la actualidad colabora con La Rendija dirigido por Raquel Araujo, compañía con la que ha participado en Festivales y Muestras Regionales, Nacionales e Internacionales de Teatro y Performance, así como temporadas en Foros Importantes de la Ciudad de México, como El Galeón del Centro Cutural del Bosque, del INBA (Instituto Nacional de Bellas Artes) en 2012 con Hanjo la mujer del abanico y en 2013 con Sueño de una noche de verano. Temporada en el Foro Sor Juana Inés de la Cruz del Centro Cultural Universitario, de la UNAM (Universidad Nacional Auto noma de México), con Bacantes para terminar con el juicio de Dios.

Becario en 2 emisiones del PECDA (Programa de Estímulo a la Creación y al Desarrollo Artístico) Participo con La Rendija en la MADferia, Madrid, Enero 2014, con Bacantes Para terminar con el juicio de Dios. En Marzo y Abril del 2014 participan en Sinergia Escena, encuentro de Artes Escénicas entre México y España, con Hanjo, La mujer del abanico, teniendo funciones en DT Espacio Escénico, Madrid, Espacio Cinético TakTá, Navalmoral de la Mata, y Teatre Sans, Palma de Mallorca. Ha sido profesor de la Cátedra de Entrenamiento Físico en la Licenciatura en Teatro de la Escuela Superior de Artes de Yucatán y de Actuación en el Diplomado de Danza Clásica de la misma Institución, así como de la asignatura de Historia del Teatro Español del S. XX en la Universidad Modelo, Mérida, Yucatán.

Colaboro de junio a septiembre del 2014 con Rescénico, joven compañía creada en Madrid con un proyecto entre México y España, así como representando su unipersonal La Frida en distintas salas y ciudades de España. Recientemente La Tucha Cabaré ha tenido dos temporadas: de octubre a diciembre del 2014 y febrero 2015, y cerro los festejos por el Día Internacional del Teatro 2015, evento organizado por la Secretaría de Cultura del Estado de Yucatán.

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