Lorenzo Córdova Vianello, presidente del INE.

Lorenzo Córdova Vianello, presidente del INE.

Por Hakobo Morá

“¿Se puede ser, al mismo tiempo, un artista y un canalla?”: A. Breton, citado por O. Paz –“Sí, se puede”–.

“Los marcianos llegaron ya”

¿Sabías que a las pipis y gañas reza el dicho que “quien roba a un ladrón, tiene cien años de perdón”?

O, ¿no te parece aún más inverosímil hayas sido tú quien sustrajo la última de las credibilidades electorales con las que aún contaba el Instituto Nacional Electoral (INE) frente a la opinión pública: el respeto del voto del ciudadano común, aquel “interlocutor” de los próximos comicios?

Es decir, ¿sí asimilas que quien “sustrajo” –en verde intervención telefónica, en verde espionaje que se filtra al interior del INE, en verde “Quien Resulte Responsable”– tus credencialistas máscaras de licenciado a doctor y no las de la otrora vida diaria indígena, de género, de discapacitado, de diversidad sexual, te revela en negativo así tal cual eres (en coautoría te desdoblas) ante la opinión pública?

Que, ¿denuncias a “Quien Resulte Responsable” porque éste es quien se atrevió a evidenciarte en tu práctica ética “privada”; y, sin embargo, tan cierto que el espionaje se colude, a la vez, con el acto de discriminación tuya (“Consejero Presidente del INE”), donde “el crimen” nos muestra el verdadero rostro xenófobo y racista (entre cuates) del funcionario público?

Entonces, ¿aceptas que “el crimen” organizado te desenmascaró y, a la vez que, públicamente, te muestra contraviniendo a la ley sin que presentes ni el más mínimo resquicio de ética al no aceptar y no entregarte, por voluntad propia, por el delito de discriminación?

O, ¿continuarás inútilmente sostenido a tu arbitrariedad de regaño penal por “Quien Resulte Responsable” para evadirte de que aquel verde azuzó poderosa e indirectamente a la opinión pública a mirarte contradictorio e incongruente entre pensamiento y acción al frente del INE y, a obligarte a bajar del nicho de la impunidad institucional?

O, ¿persistirás en el intento de hacernos creer que tu charla amistosa ni era para alarmarse ni para sobredimensionarla a delito porque ésta sólo era integrada por dos compañeros del trabajo? (O, ¿la discriminación, costumbre continuada a usanza de todos, se exime en México porque da lo mismo si se da en el ámbito público, privado o independiente?)

Porque, si tú sumas el improbable valor legal del modus operandi del verde espionaje, más el factor coraje del “balconeado”, más el vacío simbólico de confianza hacia la institución pública que tú precedes, te arrojará, concéntricamente como una “matrioska”, el anquilosamiento de la institucionalidad en México.

¿Te das cuenta que la vía por la cual fuiste sorprendido, in infraganti, en tu modo y temáticas de conversación y, que te ha dejado al descubierto, ni siquiera suponía sofisticación malévola alguna? (“Por la boca muere el pez”, asegún, ¿no?)

(¿Qué no el pluralismo congresista (PRI, PAN, PVEM, PRD, PT) votó a favor del “espionaje telefónico” en la reforma a la Ley Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión que, “Quien Resulte Responsable” estrenó en detrimento moral tuyo?)

Y, te has de preguntar –ya ahorita, ¿verdad?–, ¿qué hubiera ocurrido si el contenido de tu charla “privada” hubiese sido la “comunidad LGBTTTI”, las “sexo servidoras”, los “obesos”, la “discriminación positiva” (en perspectiva de número de género), los “inmigrantes sudamericanos”, el “caso Tlatlaya”, la “corrupción electoral”…?

¿Cómo es que logras articular aquella argumentación (que no persuade) de que lo tuyo ha sido un simple “exceso del lenguaje” y no un acto discriminatorio, con la obsesiva insistencia de no ser un burócrata racista de intachable “actuación” ética (dramatización tuya de doble –vuelta– moral) de cara a una sociedad que, subestimaste, y que tiene en la mano “los pelos de la burra” de tus actos que te desmienten a todas luces?

¿Te entristece de antemano tengas que confeccionarte otra piel de cordero la cual vestías y paseabas de manera libre y pública?

O, ¿en parte te sientes ya aliviado de que hayas zanjado televisivamente la discusión o como tú dices: “[…] eso ya, de eso ya hablamos…, yo…, y…, sobre eso no vuelvo…, […]”, junto al comunicado que el CONAPRED emitió al estar “impedido para abrir un procedimiento de queja” en tu contra?

¿Reconoces, como un marciano mexicano, el baile en el cual ELLOS enfrentan la discriminación múltiple (económica y sexual y educativa…) ante aquellas otras dificultades clasistas de Estado –batalla por partida doble: aún por vencer– para integrar y protagonizar la representación política del “también es su país”?

¿Reconoces que es “La Calle” (organizaciones y colectivos sociales) quien ha regulado y dado aviso a las autoridades competentes sobre los actos de discriminación institucional y de servidores públicos?

¿El “Quien Resulte Responsable” (partidismo de choque, lo sospechas) te llevó a ver que no a mirar a aquellos de “La Calle”, cuando te mantenías cómodo y guarecido entre eufemismos, negociaciones y pactos a puerta cerrada –de ¡orden público!– que resolvías con el puro vacilón de denles “una ramita de tenme acá”?

En una vuelta de tuerca y, también mediante el discurso eufemístico, ¿podrías asumir la herencia institucional o burocratismo mexicano que palía el discurso de los grupos vulnerables bajo lo que tú refrendaste –sin que te desdigas– por aquella “[…] específica responsabilidad de tipo penal, administrativo y político a la que los funcionarios públicos están sujetos […]”?

O, ¿habría pasado que el victimario –o sea, tú–, echara mano de la ley interponiendo penalmente, absurdamente –si la ley lo contemplara– una denuncia contra la conceptualización “pueblos indígenas originarios”, situación que hoy te impide mofarte a tus anchas de éste tautológico paradigma de las Ciencias Sociales?

O, ¿ya sabías que ningún arbitraje se atrevería a tocarte el pelo ni con el pétalo de una rosa a pesar de haber trasgredido la ley?

¿Campeará –tú has de estar enterado–, de hoy en adelante, la arbitrariedad y la airada actitud de “El Ofendido”, de “El Balconeado”, para que éste proceda con fuerza así penalmente así con inmediatez bajo la geometría de “la ley le pasará de largo por “El Arco de Triunfo” del victimario”?

El INE Ricachá

Entonces, ¿era tu “outside”, es decir, la fachada con la cual hoy procedes penalmente y que te ha servido para despejar escenarios para un público cautivo en TV, al que rindes una “disculpa” –ya liberado de ti mismo– por aquella confianza del “¿puedes hablar?”, donde tus “no mames” y “está de pánico” imperecederos recaen en acto de discriminación a la altura del célebre “prole” que, con “talento” de lector, desbancas a través del “Yo jefe ‘Gran Nación Chichimeca’”: el otomí Hipólito Arriaga Pote?

O, ¿cuándo sí y cuándo no sería oportuno buscarte una sanción a la medida del delito de discriminación pasiva, bajo el peso de aquel audio como prueba irrefutable, de la aceptación (en conferencia de prensa; en comunicado de prensa a través del INE; en entrevista con Aristegui en CNN) de aquellos “términos desafortunados” tan tuyos ya fuera del “inside”, ése papelazo de quien eres otro “entre cuates” y que muestra tu pensamiento deliberativo: de que no te decides, de que no te conduces, en la vida “privada”, por los principios de civilidad y legalidad?

Porque, la “disculpa”, es decir, ¿tu “disculpa” equivaldría sobradamente a resarcir la magnitud de “yo como un virrey te discriminé, Hipólito Arriaga Pote: malinchistamente, y no en población y raíces culturales indígenas; pero, casi ancestralmente” aquel 23 de abril?

(¿Existirá una gramaticalidad en la cruel oralidad de la que tú hiciste uso personal en relación al individuo social aquél, sin nombre, para quién no has dirigido tu “disculpa”? O, ¿por qué no, “Consejero Presidente”, intervino en el diálogo algún traductor o intérprete en lenguas indígenas?)

Hoy apelas a una amnistía burocrática; pero ¿sólo porque te encuentras sitiado dentro de un contexto de guerra sucia por un partido verde de rabia, éste, a punto de perder su registro electoral? (O, ¿sólo nos dio el verde aquél, con ésta, una probadita en presión de otras llamaditas mucho más sustanciosas por venir en caso de…?)

O, ¿era ésta la razón suficiente por la que el INE actúa con carácter de un vocero, que da la cara a los medios públicos como un vocero, que haga de conocimiento público llanos detalles circunstanciales como una monocorde vocería mexicana?

O, ¿nos tiene reservado el INE su posición como institución?… O, ¿lo hizo ya el INE porque éste también eres tú?
(Sí: un secuestro, a ojos vistas, del INE: farsa ni complicada ni elaborada, sino irresponsabilidad en un hueco institucional o convicción por una institución hecha de mentiras).

Entonces, si estuviese el enfoque en sentido contrario, ¿se procedería, por discriminación, en contra de la institución? Es decir, ¿“mimetismo y servilismo”, como tú: árbitro y garante, juez y parte de la legalidad y justicia, haciendo un llamamiento de los “poderes (públicos y privados)”?

Al interior del INE, ¿existe jurisdicción o comisión alguna que, de manera autónoma, sancione la conducta (a título personal) del, ni más ni menos, “Consejero Presidente” del INE?

En serio, ¿te hayas dentro del desamparo institucional por aquellos candados, blindajes y trampas, los cuales, claramente, el Estado de derecho inhabilita a tu favor?

O, al mismo tiempo, ¿te preocupas por ti y aquella “cita electoral” del ciudadano, su única participación civil, sí, decisiva en el rumbo de México?

(Despreocúpate: jamás votaría por el PVEM, un partido a favor de los proyectos de muerte, de la pena de muerte. El próximo 7 de junio nos haremos parte de la jornada electoral para combatir la violencia de baja intensidad (tan tuya), el rampante e insufrible malinchismo “academicista” (tan tuyo); y, ni un ofendido sentimiento nacionalista y ni un sentimiento de inferioridad nos detendrían a más de 83 millones de ciudadanos críticos-críticos).