gabriel-garcia-marquezSi te dijéramos Gabo que nos haces falta, tal vez sonreirías y pensarías que todavía estás con nosotros en tus libros, en tus historias que son parte de esta Latinoamérica tuya. Que en nuestro continente la gente no muere, se transforma en fantasmas siempre presentes o en parte esencial de la memoria.

Si te dijéramos, Gabo, que Raúl ahora es amigo de Obama, que en este mundo seguimos siendo incapaces de lograr acuerdos para evitar el desastre y que el hielo que tanto sorprendió al coronel Aureliano Buendía pronto podría ser sólo un recuerdo, que en un solo partido del Mundial Brasil recibió siete goles, pensarías que te estamos hablando de alguna novela que nunca llegaste a escribir.

Hace un año que te marchaste, al día siguiente la tierra tembló para decirte hasta pronto. Esta ciudad, al enterarse de tu muerte, la sacudió un escalofrío.

Si pudiéramos hablarte te diríamos que nuevamente llegó la primavera, y que este año llegó un poco menos completa. Que las mariposas están por regresar, pero no serán nunca las mismas, porque también te extrañan; entonces tú pensarías en aquel pastel adornado de mariposas que partiste un mes antes de tu muerte, para celebrar tus 86 años, rodeado de amigos y de tu amada Mercedes Barcha.

Pero no importa, porque seguramente, todo te lo ha contado Eduardo Galeano, que hace unos días fue a alcanzarte al lugar donde ahora te encuentras. Él, que la enterarse de tu muerte dijo que “hay dolores que se dicen callando. Se dicen callando, pero duelen igual. Cómo nos duele la muerte del ‘Gabo’ García Márquez”, ahora tiene una voz eterna para platicar contigo.

Muchos de nosotros, la gran mayoría, te conocimos solamente por tus libros, pero al marcharte nos dejaste el sentimiento de haber perdido a un amigo. Así te sentíamos al verte pasar por las calles de esta Ciudad de México que fue un segundo hogar para ti. Te marchaste pero nos dejaste un mundo fantástico poblado de maravillas, con el cual tocaste (y tocamos cuando en el nos sumergimos) lo inmortal.