Gunter-GrassPor Gloria Serrano

Hay gente así, que escribe cosas demoledoras como esta: “Os di sabiduría y poder, pero sólo habéis buscado la guerra y la miseria. Se os confió la Naturaleza, y vosotros la habéis despojado, contaminado, dejado irreconocible y destruido. A pesar de toda la abundancia que os entregué no habéis podido saciar el mundo. El hambre aumenta. Vuestra era suena desafinadamente. En suma: el hombre está acabado”. ¿Se reconocen?, ¿reconocemos la historia de la humanidad en esta sentencia? Discúlpenlos, hay gente así. Gente que tras haber recibido un Premio Príncipe de Asturias de las Letras y un Nobel de Literatura, ambos en 1999, trece años después se arriesga a recibir el calificativo de antisemita y ser declarado “persona non grata” en Israel para decir, sencillamente, “lo que hay que decir”, esas difíciles verdades que al resto nos cuesta tanto trabajo dejar escapar de la boca y por eso las reemplazamos con amargas simulaciones.

Pero más que lo dicho, el mérito de esta gente está en haberse cuestionado a sí misma antes de lanzar el gruñido en contra de la sociedad. Es gente que se auto interroga, que hurga en lo más subterráneo de su interior para encontrar respuestas a preguntas como: ¿Por qué guardo silencio demasiado tiempo?, ¿por qué me prohíbo nombrar?, ¿por qué solo ahora lo digo, envejecido y con mi última tinta? Y al hacerlo, la contestación llega: “porque hay que decir lo que mañana podría ser demasiado tarde”. En México deberíamos hacerle caso a gente así, y a una velocidad vertiginosa, romper ese silencio general sobre tantas desapariciones forzadas y tantas muertes, antes que sea -como dicen- demasiado tarde para volver a hacer periodismo en ciudades como Matamoros o para que niños como María, Yesenia y Carlitos puedan regresar al ejido de San Juan Tehuehuetla y no formen parte de los cientos de desplazados en Guerrero a causa de los ataques del crimen organizado.

Hay gente así, uno de ellos es el escritor alemán Günter Grass (1927-2015), comprometido con las artes, la cultura, la política, los derechos humanos, vamos, con la vida. La primera cita corresponde a su barroco y satírico libro “El Rodaballo”, escrito en 1977. “Lo que hay que decir”, es el epígrafe en español, de su poema “Süddeutsche Zeitung”, publicado en 2012.

Gente así, que con audacia devela la tragedia que subyace en la expresión “vale un Potosí”, que no se queda al margen de lo que sucede y nos enseña que para los indígenas onas, Pemaulk significa palabra. Que arde en preguntas y escribe para tratar de aquietar a esas “moscas tenaces que perturban el sueño”. Gente preocupada porque los seres humanos hemos dejado de tener tiempo para la belleza, porque Bolivia es un país invisible pero también ciego de sí, porque los periodistas mueren si publican y porque hay niños que no llegan vivos a los cinco años. Es gente a la que, sin remedio, se le estruja el corazón cada vez que sabe del dolor ajeno, porque lo hace suyo y así es como logra conectar con otros humanos. Gente que un 26 de junio, Día contra la tortura, recibe mensajes como este:

Es jodido mentir, y es jodido acostumbrarse a mentir.
Pero peor que mentir es enseñar a mentir.
Yo tengo tres hijos.

Amigos no solo de verano, sino de las cuatro estaciones. Son los “sacrílegos” que recogen el zapato perdido de Rosa Luxemburgo, asesinada en 1919, o los saberes olvidados de quienes nacieron en las fuentes del río Orinoco o las historias de personas como Elisa Sánchez y Marcela Gracia, que debieron amarse a escondidas para evitar hundirse en el limoso juicio social. Discúlpenlos, hay gente así. Gente cuya pasión razonadora, los hace sustituir el Padre Nuestro con un “Madre nuestra que estás en la tierra”. Gente que con sus dichos penetra como cincel y siempre se vuelve una especie de témpano atragantado para “los secuestradores de países”, “los estranguladores de salarios”, “los violadores de la tierra” o “los traficantes del miedo”.

Hay gente así, otro de ellos es el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015), el mismo que pensando en los pobres se preguntó: “¿será que su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?” Y que reflexionando sobre el narcotráfico escribió: “La guerra contra las drogas ha hecho de Colombia una gran base militar norteamericana y está convirtiendo a México en un enloquecido matadero”. Los mosaicos de vibrantes enunciados que aparecen en este texto, fueron extraídos de su libro “Los hijos de los días” (2012). Las moscas tenaces y la historia del Potosí, las pueden encontrar en “Las venas abiertas de América Latina” (1971).

El lunes 13 de abril, Galeano y Grass murieron, cogieron la cacerola con la lombarda para recalentarla en otro lugar. “Qué tristes son esos cambios, la gente desatornilla las placas con su nombre…”, dice el poema “Sillas plegables” del poeta y traductor de los cuentos de Hans Christian Handersen. Y es cierto, qué tristes son esos cambios, estas pérdidas… pero más triste sería que, quienes aún estamos vivos, seamos incapaces de afinar la sensibilidad para convertirnos en cajas de resonancia de la obra y el ejemplo de gente así, que enfoca la mirada en el sitio exacto. Pensadores todavía claros, manos que se transforman en letras, espíritus indomables que ligamos a la literatura y que, inevitablemente, nos seguirán ligando a la realidad.