sol cehPor Gloria Serrano

Hay que decirlo claro y simple: sin medios de comunicación libres no puede haber democracia. Sin poesía no puede haber cultura. Sin cultura, la sociedad se desvanece y con ella nuestro futuro. Por eso resulta fundamental que no subestimemos los esfuerzos del comunicador o del poeta por relatarnos el mundo en que vivimos sin disfraces ni comillas. Por eso es importante seguir contando con la tozudez radiofónica de Carmen Aristegui y su equipo de colaboradores; por eso es imprescindible que los ciudadanos ejerzamos nuestro derecho a la libertad de expresión y, por eso, es más que imperiosa la presencia de las vanguardias artísticas que inconformes se rebelan ante la censura crónica, que denuncian sin matices las injusticias, que se plantan combativas para revertir la violencia en aquellos barrios especialmente violentos que nadie visita y que resisten, vaya que resisten, ante quienes pretenden imponer sus dogmas. Quizás, también por todo esto, el cronista Alberto Salcedo Ramos afirma que la poesía es esencia, no ornamento.

Las mujeres tampoco lo somos. Si una palabra queda para expresar o para contener en ella la dimensión individual y social de la mujer en los tiempos que corren, esta sería sin duda libertad. Pero por desgracia, se trata de una libertad que a menudo causa encono porque desnuda, confronta y desordena un mundo –aún no habituado a los liderazgos femeninos- que evade apuntar la mirada al a veces terrible y cruel espejo de la realidad. Pero a pesar de ello ahí está, no lo duden, la voz firme de Carmen Aristegui para informar con puntualidad lo que otros medios han decidido ocultar tras irrelevantes y torpes encabezados como “Robert Downey Jr. hace comerciales para celulares” o “Prepara exóticos y originales helados”. Y aquí está también la voz irreverente de la escritora maya Sol Ceh Moo, para hablar de lo que en ocasiones preferimos ocultar en el cajón de la desmemoria, el de los temas prohibidos, los que incomodan a una sociedad incapaz de repensarse y aprender alguna mínima lección de los errores pasados.

En efecto, Sol podría hablar de una matriz cultural milenaria, la del pueblo maya asentado en la península de Yucatán, como suelen hacerlo otros escritores, evocando idílicos campos de henequén o paisajes de ensueño repletos de colibríes y pájaros carpinteros; sin embargo, en su lugar, esta pluma temeraria originaria de Calotmul ha preferido utilizar la narrativa como un arma de instrucción masiva que dignifique a la mujer indígena. Sí, sus libros son una amplia ventana al universo femenino nutrido con relatos contados por sus abuelos, a la cosmovisión maya inserta en una sociedad occidentalizada, a los miedos, afanes y preguntas que tiene toda mujer sin importar su contexto y, en particular, a los motivos de una autora contemporánea que escribe en lengua maya y castellana. Como otras mujeres, Sol aprendió a fuerza de golpes a cantar las verdades a la cara, a no disimular ante nadie ni en circunstancia alguna su sentir, a ser mujer sin mayores aditivos.

En octubre de 2014 tuve oportunidad de entrevistarla, días previos a que recibiera el Premio Nezahualcóyotl de Literatura en Lenguas Mexicanas en la categoría de narrativa escrita por su libro “Chen tumeen x ch’uúpen” (Sólo por ser mujer), obra escrita en lengua maya y traducida al español, que denuncia la violencia de género. Estos son algunos extractos de aquella conversación:

A los 17 años y después de un proceso de reivindicación, de sentirme y reconocerme como maya y de escribir en el idioma, ya no me siento oprimida. En diversas entrevistas he dicho que Sol Ceh Moo ya no es una persona maya como la que todo el mundo esperaría ver, vestida siempre con el traje regional o de mestiza, porque no puedo fingir una apariencia. Realmente la apariencia no es lo que te presenta ante los demás, sino lo que llevas en ti y lo que haces, lo que preservas.

Hablemos de tu trabajo, ¿qué significado le das a la palabra?

La palabra para mi significa libertad, ausencia de opresión, oportunidad. En específico, la libertad de pensamiento y de expresión. Antes no podía decir muchas cosas porque para nosotros era como un delito; con mi padre vivimos opresión emocional y psicológica. Yo tuve una infancia bastante difícil porque viví confundida, mi padre decía que debíamos dejar de ser indios. Sus palabras textuales son: “tienen que dejar de hablar maya, tienen que dejar de ser indios. Nosotros hablamos maya porque no fuimos educados”.
Sol encontró en la comunicación escrita un territorio amigo. Escribir es su paraíso personal y a la vez, una forma de agarrar el toro de la vida por los cuernos. Ahora es una noveladora de historias, no siempre sencillas de relatar. Su novela de edición bilingüe, “u puksi’ik’al ko’olel” (Teya, un corazón de mujer), es la primera del género político-policial creada por una autora de origen indígena en América Latina. En ella se narra la historia de Hemeterio Rivera, un joven abogado comunista comprometido con las luchas sociales en la década de los años setenta:

Tomar temáticas diferentes o fuertes es también una manera de demostrar que el idioma completo es una herramienta como cualquier otra. Acaso si hablas inglés ¿tendrías que escribir únicamente de historia inglesa? Yo no quiero competir con los escritores yucatecos o con aquellos de la región de las lenguas mayenses, sino escribir de todas las vivencias que se dan en los dos ámbitos, el indígena y el occidental. Aprendí novela, ensayo, crónica, relato histórico, no puedo retroceder y dejar de escribir algo porque soy mujer o porque rompo los paradigmas. Cuando tengo una temática de relevancia que afecta a la sociedad yucateca, mexicana o del mundo, utilizo mi creación para hacer un grito de auxilio, para exigir.

En tus textos reside parte de nuestra memoria colectiva, pero igual tocas esas heridas invisibles que tanto hombres como mujeres en ocasiones vamos cargando al hombro, ¿cómo eliges la temática?

La violación, el incesto, el alcoholismo, o el bullying, como ahora lo llaman, están presentes en mis textos. La novela que se lleva el premio [Nezahualcóyotl] trata de una mujer discriminada en el aspecto jurídico. […] Me gustan las temáticas fuertes y, por supuesto, que conlleven a la solución de problemas. Así es como me inspiro, son situaciones que de pronto me vienen a la mente, que me enojan o me agradan y que me llevan a crear. Elijo temas que me motiven, lo que busco es que lo escrito en un libro que lleva mi nombre sea de un impacto social importante y absolutamente de lectura universal. Yo creo que los lectores pueden encontrar similitudes e identificarse con sus propias realidades. La gente sabe que esto sucede en todo el mundo, no solamente con los pueblos originarios aunque nuestras tradiciones, usos y costumbres sean diferentes.
Tras haber incursionado en la prosa a través de novelas y cuentos, Sol se arriesga nuevamente para ofrecernos lo más íntimo de su poesía que ha quedado plasmada en las páginas del libro Mis letras en las paredes de la vagina, antología maya-español (Incunabula, 2014), obra recién presentada en diversos recintos culturales de la República Mexicana, entre ellos la Feria Internacional de la Lectura Yucatán 2015. Cuando comencé su lectura, me remitió de inmediato a las letras apretadas y desprovistas de la poeta uruguaya Idea Vilariño: “Un pájaro me canta / y yo le canto / me gorgojea al oído / y le gorgojeo / me hiere y yo le sangro / me destroza / lo quiebro / me deshace” (Amor). Y también al recurso de hacer listas que emplea la japonesa Sei Shōnagon en El libro de almohada: “Cosas sórdidas: El revés de un bordado. El interior de la oreja de un gato. Crías de ratón, todavía sin pelo, que salen retorciéndose de su guarida. Las junturas de un abrigo de piel que no han sido todavía cocidas. La suciedad en un lugar que da la sensación de no estar demasiado limpio.”

De igual forma, Sol emplea una narrativa de frases cortas, rápidas y claras para compartir su percepción poética de la existencia y aquellas experiencias, propias y ajenas, que como mariposas aletean por su cabeza. Ninguna palabra sobra, pero cada frase puede leerse separada del resto sin extravío de su significado:

Manos de acero
Acarician paz
El maíz blanco se tiñe de rojo
Poco a poco se maquilla de carmín
Con la fuerza de tu pensamiento
Destrozas nuestros pasos
[VII Manos de acero]

Desnudez total, una sencilla honestidad que cautiva, la nobleza de un corazón que se expande y se contrae y, sobre todo, mucha entraña para reflejar con plena conciencia lo que implica ver el mundo a través de la mirada de quien puede decir “Yo estuve ahí”, es algo de lo que se puede leer entre los flexibles y fluidos versos, pero nunca frívolos ni ordinarios, de una mujer subversiva como Sol, que ha sabido convertir el dolor en oportunidad y la oportunidad en convicción para, en más de una ocasión, transgredir los límites impuestos y narrar las historias escondidas en humildes micromundos que luego detonan en problemáticas globales, como es el abuso de menores:

Pasé de los ocho
Cumplí nueve años
Duele, duele mucho
Se ha roto el cristal de la inocencia
Día de la madre
Temor, dolor
Dolor más fuerte cada día
Cambio de piel
La que tenía
Ha sido rasgada
Por las fuerzas del pensamiento malvado
Dieciséis pesos
Un regalo para mamá
El disfrute de los colmillos del animal
Se posa sobre el terciopelo
Transparente de la niñez
La rompe, la mazguye
Hace llorar el alma
[X Nueve años]

La segunda parte del libro es un sutil juguetear por los senderos del amor, el deseo y el goce plenos, en el que Sol desborda toda su imaginación para convertir en palabras las obsesiones, alegrías y tristezas de una mujer con necesidades tan humanas como las de cualquiera, acompañadas todas, de evocaciones a la madre tierra: Cantos de aguas, piedras preciosas, otoños verdes, caracoles oscuros, orquídeas y fresnos despeinados, acompañan el sensible regocijo de reconocerse como una mujer con una enorme capacidad de amar y emocionarse con el amor. La parte que completa este poemario es un elogio a lo femenino, a las ninfas, diosas y niñas, “sirenas nocturnas”, las cincuenta Nereidas, hijas de Nereo y Doris que nos habitan. Mujeres infinitas, analíticas y críticas pero amorosas; mentes que van de prisa, corazones de barro que resisten aunque a veces se quiebren, intensidad y equilibrio que seducen al género masculino. Poesía. Eso es Mis versos en las paredes de la vagina. En comunión con las palabras de la poetisa salvadoreña Claudia Lars, “samaritano ungüento para nuestros dolores”. Poesía para clarificar nuestra mente y contrarrestar, más no evadir, el sinsentido que reflejan las notas de los diarios. Poesía que nos revela la diferencia entre lo que realmente importa y todo lo demás. Poesía que tiene calidad de vida como el sol, la estrella y también la escritora, que iluminan estos cálidos y turbulentos días de primavera.